Cuando el plagio cobra entrada

Hace cerca de dos años, la coreógrafa estadounidense Courtney Ortiz denunció públicamente que una de sus coreografías, publicada previamente en Instagram, se impartía en un estudio de Madrid sin su autorización, sin atribución de autoría y en clases de pago. En su denuncia aclaraba que no cuestionaba que otros bailarines aprendieran su trabajo o seSigue leyendo «Cuando el plagio cobra entrada»

Permisos, prisas e intensidades

Pues estoy pensando que quizá el problema, o la ventaja, es que no solo no necesito permiso. Cuando se trata de mis convicciones, o de mi trabajo, no lo pido. Puedo sonar imperativa, pero en realidad soy apasionada. Puedo parecer acelerada. Tal vez sea porque siento la necesidad de expresar lo que nace desde dentroSigue leyendo «Permisos, prisas e intensidades»

Las tribus

Lo aprendí a los catorce años. El día que dije que quería ser bailarina, mis propias compañeras de barra se rieron de mí. La profesora de ballet también. En el colegio Montseny, de Barcelona, algunos niños fueron más directos. «Puta.» La misma lección. ¿Eran centros educativos… o fábricas de renuncias? Aún no lo sabía, peroSigue leyendo «Las tribus»

Castiga que algo queda

Hoy os traigo una reflexión que quizá resonará en muchas personas: la innecesaria tiranía del castigo aplicado sin orden ni medida. Y no hablo de la familia y sus normas ni de la escuela, ese lugar que a veces deseduca más por mala voluntad que por ignorancia. Me refiero a empresarios, coreógrafos, maestros de baile,Sigue leyendo «Castiga que algo queda»

Cuando una melodía vuelve a abrir una carpeta

En 1991 dibujé con unos crayons Plastidecor el vestuario para una coreografía sobre Moonlight Serenade de Glenn Miller, en la versión de Tuxedo Junction, una interpretación cuya elegancia siempre me ha fascinado. Aquel figurín nació sobre una cartulina, mucho antes de las herramientas digitales. Solo había papel, color, experiencia sobre el escenario y una ideaSigue leyendo «Cuando una melodía vuelve a abrir una carpeta»