El artista lapa

Hace unos años recibí un correo de una coreógrafa de investigación, de aquellas que no habían trabajado nunca en escena. Me proponía colaborar en una creación que tenía en mente. Literalmente, sugería que podíamos ‘ir de la mano’.

En aquel momento mi artrosis era tan limitante que rechacé la propuesta. No podía comprometerme con nadie. Agradecí el interés, cuestioné el cómo y seguí con mi cadera y mis asuntos.

Tiempo después vi que había realizado un espectáculo ella sola.

Y, debo decir que fue entonces cuando comprendí que mi cadera había tomado una decisión vital bastante razonable.

El espectáculo era un cliché de todo aquello que yo jamás habría hecho.

A algunos les salva la campana.

Un sueño premonitorio.

El ángel de la Guarda.

A mí me salvó la artrosis.

Años después, revisando esa colección de correos que una conserva como historias inacabadas, encontré el suyo. Lo releí y pensé que quizá no había sido suficientemente receptiva. Le escribí. Me disculpé por haber sido un tanto lacónica al no considerar entonces aquella colaboración y la felicité sinceramente por haber conseguido realizar su espectáculo.

Su respuesta fue que no recordaba haber contactado conmigo.

Y ahí comprendí otra cosa.

Pasar de proponerle a alguien «ir de la mano» a no recordar siquiera haberle escrito requiere una amnesia selectiva de considerable intensidad.

Porque «ir de la mano» no es un «hola, ¿qué tal?». Es una propuesta.

Miren, esto es perfectamente normal.

Un director tiene un coreógrafo de cabecera y cuatro más en lista de espera. Una actriz tiene sus filias y sus fobias. Un coreógrafo cuenta con colegas, cantantes, intérpretes y técnicos con quienes sabe que trabaja bien.

Así funciona también la escena: por afinidades, confianza, conocimiento mutuo y asociaciones beneficiosas para ambas partes.

No hay nada extraño en buscar a alguien que aporta aquello que uno no tiene. O basta con que le inspire. Son los contactos de siempre.

Yo misma, si hay algo a lo que no llego, pienso inmediatamente en llamar a algún compañero al que admiro. O en ese director con quien me gustaría trabajar. Pocos, la verdad. Pues directores y coreógrafos a veces chocan demasiado en la visión completa.

Y, sí, alguna vez he preparado incluso el material. Un vídeo, de aquellos en VHS, para que se hagan una idea de mi antigüedad.

Ahí se quedó.

No sirvió para nada.

Los otros veinticinco tampoco.

Archivo histórico de propuestas que no cambiaron el curso de la humanidad:

VHS nº 1: nada.

VHS nº 2: tampoco.

VHS nº 3 al 26: idéntico entusiasmo.

Conclusión: seguí trabajando y con más grandes producciones sin presentar ninguno más.

Este negocio iba bien así. De boca a oído. De café antes de la primera función de tarde. De invitación a un estreno. De encontrarte con alguien y decir: «Tengo una idea». O: «Ven a la productora y te pido un casting».

Gracias, R.R.

Hasta que los agentes teatrales tomaron el mando, también su apetitosa comisión, y el discurso de este oficio se convirtió en la frivolidad tan ridícula del «sold out» y el «stay tuned».

Porque hay *sold outs* que se han llenado con invitaciones. Nada aterroriza más que una platea medio vacía.

Y el «stay tuned» entra ya directamente en la categoría de pretensión de número uno.

Hay, por cierto, un vídeo parodia de Attore Dinamico en YouTube, absolutamente delicioso, sobre esta misma idea. Viene a preguntar, más o menos: ¿qué haces anunciándote como personaje público? ¿Y a qué vienen esas ínfulas de «stay tuned»?

Me parto.

Aquí debería ir un emoji de risa hasta las lágrimas, pero esto es una publicación seria.

El inconveniente empieza cuando la asociación sólo beneficia a una de las partes. Cuando la aparente afinidad desaparece en cuanto desaparece la utilidad.

Ahí es donde empieza a aflorar la lapa.

Si no consigue adherirse, sigue buscando otra ingenua.

Créanme, ha habido tándems extraordinariamente nutritivos para la escena. Gelabert-Azzopardi, por ejemplo.

Pero no.

Iba a ser que ‘Figueras & B.’ no estaba destinado a figurar en cartel.

Figueras & B. S.L.: sociedad disuelta antes de constituirse por causa mayor: artrosis de cadera y sospecha de interés compuesto.

Lo dicho: la artista-lapa, contenta con su producción mediocre, y yo, encantada.

Quizá no era tanto la creación lo que le interesaba. Yo había montado y producido espectáculos y tenía experiencia y contactos. Seguramente, eso era lo que realmente buscaba.

Es que lo más jugoso de la profesión, no se sabe.

¡Qué malas somos!

Hey, gente, stay tuned!


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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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