Adiós en vida, Bruce

Me cae bien Bruce Willis. No pude conocerlo en la etapa de Luz de luna; en ese horario de emisión yo estaba trabajando. Cuando llegó a la pantalla con Die Hard (La jungla de cristal), encontré al actor que encarna al antihéroe capaz de todo, que cualquier persona lleva dentro. Aunque fue en Sin City, con la enorme plasticidad visual del dibujante y guionista Frank Miller, cuando ya me quedé con su forma de trabajar.

Y, a la vez, la creación de Miller, que me parece digna de mención, rompe para siempre con el poco elaborado cliché de que los cómics son cosas de adolescentes o de gente que no sabe leer solo letra. De acuerdo que leer estimula la imaginación, pero el cómic redefine la imaginería visual. Como hicieron los monjes de las abadías, con la abnegación de querer ilustrar lo divino. El lector debía creer. Eran los cómics de la cristiandad. Y es una expresión fascinante; cuanto más oscura, casi que mejor.

El hecho de que Bruce padezca demencia frontotemporal y de que su mujer, Emma Heming, lo haya hecho visible hasta el punto de compartir su amor y sus cuidados con la ex de Bruce, la actriz Demi Moore, añade una cierta fe restablecida en las relaciones sentimentales terminadas, por encima de las diferencias. Y son las palabras de Emma, «Estamos de luto por alguien que todavía está vivo», las que han resonado fuertemente en miles y millones de personas que cada día se enfrentan a unos cuidados que no tienen marcha atrás y condicionan la vida de todos.

Esa entereza, a menudo del cuidador anónimo y no recompensado emocionalmente, es digna de una consideración que el mundo no tiene tiempo de rendir. Excepto, claro, de esos micromundos familiares donde todo está sucediendo como una proyección del futuro más negro, mucho más que la tinta de ese Sin City que considero, junto a 300, mis films de cabecera inspiracionales, junto a Sucker Punch.

Y no, no se trata de estética. Se trata de arte y de cómo este mismo transforma.

Tanto me acuerdo que, al subirme en un ascensor de altura, no puedo evitar recordar el edificio Nakatomi Plaza y, cuando presiono el piso, siempre digo: allá vamos, Hans Gruber. Sobre todo cuando estoy enfadada. Más de uno se me ha quedado mirando; ha reconocido de qué iba mi película.

De hecho, no soporto la violencia gráfica, y tanto Sin City como 300, con toda su crudeza, supusieron un antes y un después en mi aproximación a la oscuridad. Hay, en ello, toda una paleta de colores de los infiernos de los seres humanos.

Bruce, cómo lo siento. Cómo se encuentra a faltar aquel humor tuyo mezclado de constancia y supervivencia. Aquella facilidad para trasladar al espectador al lugar de la escena o del crimen o, en sí mismo, al plató que ha tenido el lujo de contar contigo.

Y en este sentimiento se manifiesta la compasión medida, justa, ante el sufrimiento de las personas que están, aunque parezca que no. Sus familiares. Sus amigos.

Porque con Bruce podemos revisitar su cine, y quedará siempre aquel tipo con quien querrías tomar una copa y, en cambio, aunque sea otro cliché, nos retrotrae a la película de nuestra vida: los vídeos Super 8, los Betamax… los VHS… los DVD donde todavía guardamos acciones, miradas y sonrisas de nuestros seres queridos.

De hecho, tengo una grabación donde mis padres y mi hermano se levantan de un espectáculo y miran a cámara, una de aquellas Handycam de los 90, donde estoy yo, filmando a mis alumnas en el Parc de Nadal, y los tres me dicen adiós con la mano.

No hay guionista que supere eso.

Aún puedo mirarlo. Aún puedo sentirlo.

Y no digo que las declaraciones de Emma sirvan. Creo que golpean: la realidad de quien pasa exactamente por lo mismo, ser testigo al perder a alguien que ya no es quien era.

Mi más sincero apoyo a todos aquellos que se encuentran en la situación de no poder acabar ni poder despedirse, sabiendo lo que está por venir.

Gracias, Bruce, por una vida de aventuras y de emociones a través de tus personajes.

Que te sea leve.

Te estás llevando en vida, el homenaje que los muertos no conocen, y eso es poesía.


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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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