La paradoja del silencio profesional ante la opinión pública.
Existe un fenómeno sociológico curioso que se repite con frecuencia tanto en la prensa como en las redes sociales. Ocurre cuando se publica una opinión sobre las costuras del oficio: la precariedad de las grandes producciones, la pérdida de memoria del sector o cualquier otra cuestión que invite a reflexionar sobre la profesión.
No se trata de una cuestión de popularidad, ni de esperar un mayor número de «me gusta» o comentarios. Lo llamativo es otra cosa: quiénes participan públicamente y quiénes no.
Las publicaciones de carácter promocional —un estreno, un ensayo, una fotografía de escena, un premio o un nuevo proyecto— suelen recibir con facilidad muestras de apoyo público por parte del propio sector. Sin embargo, cuando el contenido deja de ser promocional y propone una reflexión sobre el oficio, la interacción cambia.
Quienes suelen reaccionar públicamente son espectadores, aficionados, personas interesadas en la cultura o contados profesionales. Buena parte de quienes viven actualmente de esta actividad permanece en silencio.
Ese silencio admite distintas interpretaciones. La primera tiene que ver con la prudencia. En un ecosistema pequeño y profundamente interconectado, donde las relaciones personales y laborales se cruzan constantemente, un comentario o un simple «me gusta» pueden interpretarse como una toma de posición. En ese contexto, la discreción puede convertirse en una forma de autoprotección.
Porque, evidentemente, esas cosas ya no ocurren. Nadie ha esperado una llamada después de un casting comiéndose primero las uñas y luego los muñones de los codos; a nadie le han dejado un sueldo pendiente, nadie ha trabajado sin los derechos laborales que le correspondían y, por supuesto, nadie ha temido nunca ser considerado conflictivo por el simple hecho de defender su trabajo y reclamar el respeto que merece.
Deben de ser, simplemente, viejas historias de camerino.

Y, sin embargo, quizá esa explicación no baste. También cabe preguntarse si la reflexión sobre el propio oficio ha ido perdiendo espacio en la conversación pública del sector.
En una época dominada por la inmediatez, la imagen y la promoción constante, el análisis parece despertar mucho menos interés que aquello que simplemente celebra, anuncia o promociona.
Naturalmente, ninguna realidad es absoluta. Habrá profesionales que lean estas opiniones sin intervenir o que prefieran expresar sus puntos de vista en privado. Pero la escasa participación pública ante este tipo de publicaciones constituye, por sí misma, un hecho digno de reflexión.
Sea cual sea la explicación, el resultado invita a pensar. Quizá toda profesión necesite un lugar donde pensarse a sí misma. Si ese espacio empieza a quedar vacío, el silencio deja de ser una simple ausencia de comentarios para convertirse en un síntoma.
Y cuando las reflexiones sobre un oficio encuentran más eco entre quienes lo contemplan desde la platea que entre quienes lo ejercen desde el escenario, la paradoja deja de ser una anécdota de las redes para convertirse en un espejo de la profesión.
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