Pequeños momentos con grandes personas

Aquí estoy con una de mis personas favoritas. Me la llevaría a una isla, al contrato de mi vida o a la discoteca más loca. Sin pensarlo.

Era 2005. Estábamos en la sala de ensayo de Coordination Entertainment WOW resorts MNG Holding, en Kundu Koyu, en la costa de Antalya.

Ani era la alegría de cualquier final de ensayo. Cuando, rendidos, nos íbamos a dormir, ella y yo entrábamos en el bufet del WoW Kiris Resort y empezaba a contarme su versión del ensayo como si hubiera pasado la tarde en un parque de atracciones.

«¡Carol! ¡Carol!… Pero… ¿Y eso? ¿Y aquello? ¡Y entonces me emocioné! ¡Y entonces qué risa! ¡Y entonces tuve ganas de llorar!»

Se entrecortaba al hablar, se apasionaba y de sus ojos parecían saltar chispas de ilusión. Revivía cada momento del ensayo con una intensidad contagiosa, como si todo hubiera ocurrido cinco minutos antes.

Yo me reía y me emocionaba con ella porque el aplauso del público puede decirte que lo has hecho bien. Pero la emoción de un compañero te dice que ese momento también fue suyo. Muchas veces, el feedback del público te orienta sobre tu trabajo, pero el de un compañero te regala algo mucho más importante: pertenencia, comunión y un vínculo que permanece para siempre.

Yo era responsable de vuestro bienestar en el trabajo. Pero fuisteis vosotros quienes decidisteis cuidar del mío, regalándome compañía, cariño… y risas.

Con los años hemos pasado del «tenemos que quedar» al «te encuentro a faltar». A mensajes cortos de «¿Cómo estás?». Y llega un bebé. Y llega una cirugía. Y llega, ya sabéis, el siguiente capítulo de nuestras vidas.

¿Y qué tiene de especial esta foto, que todavía hoy me alegra el corazón y me transporta en el tiempo?

Que cuando un bailarín que se hace fotos con todos los trajes y con todo el equipo te pide una foto contigo, a solas, sabes que ese lazo invisible no se va a desanudar jamás.

Una foto que no tenía. Y que hoy cobra el valor de lo irrepetible.

Os encuentro a faltar porque ahora somos felices… pero no como cuando estábamos juntos, especialmente Ani, Catalin, Milena y ‘Bokao’.

Os quiero.

Encontremos esa isla donde fugarnos para volver a vivir en aquel parque de atracciones llamado «nuestro show».

Y esta foto… si los pixels hablaran… búlgaros, rumanos, ucranianos, rusos… y una española cohesionando aquella locura, en inglés, en territorio turco, gracias a la confianza del mejor jefe que he conocido: Erkan R. Güner, con él llegué en enero de 2004 y con él me marché…

Puede que lo cuente algún día. No es nostalgia. Es la circunstancia irrepetible.

Enero de 2006.

Faltan los otros compañeros de la sección de bailarines de un total de 25 repartidos en los 4 resorts de 5*: Kremlin Palace, Topkapi Palace, World Palace y Kiris Resort.


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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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