Me encuentro en Facebook —eso es muy viejuno, dice un conocido de 24 años— una plataforma, Antiburocràcia Catalunya, y como yo me dedico, en mis ratos libres, a farmear reclamaciones en lugar de aura, ya me llama la atención y la voy siguiendo, por el interés de ver si se plantea algún caso institucional diseñado por Kafka, como me pasa a mí.
Pero hete aquí que me aparece la madre de todos los posts en referencia a Bozzo, el director de Dagoll Dagom. Qué interesante.
Bozzo critica la excusa de hacer los grandes montajes en castellano «porque así nos entendemos todos».
Recuerda que Dagoll Dagom lleva décadas demostrando que los musicales en catalán pueden llenar salas. Sí, pueden llenar salas, pero quizá otros artistas quieran exportar sus producciones al resto de España y ampliar su público.
La frase, sin embargo, va más allá del teatro: es la misma frase que se repite en tiendas, consultas o ventanillas.
Yo, con un nivel de osadía máxima, porque normalmente no interactúo en comentarios, respondo porque el teatro me toca de cerca. Reconozco que la frase existe, advierto que el español es una lengua cooficial y defiendo que, en sanidad, para mí lo prioritario es recibir una solución y no abandonar una consulta por la lengua en la que soy atendida y jugarme la vida en urgencias.
Y, como respuesta de medio fuego a mi comentario, me aparece el tal A. R., que textualmente responde: «¿Como Ciudadanos, no? Ya os habéis retratado».
Yo, ante esta deriva de la opinión, solo tengo que decir que no, absolutamente no. Yo hablo como artista libre.
«¿Ciudadanos?» No, gracias. Yo no participo en funerales de desconocidos.
Las artes de adivinar intenciones, señor, no funcionan conmigo.
No tengo carnés ni afiliaciones. Y no me politice: es una opinión, no un manifiesto político.
Es muy arriesgado hacer retratos sin cámara. Casi futurista.
EN Blau, de El Nacional.cat, lo titula así: «Bozzo clava una bofetada a los que como Àngel Llàcer hacen musicales de gran formato en castellano: “Me levanto y me voy”».
Y recuerdo que Bozzo también ha cuestionado a Nina por declarar que se sentía acogida en Madrid, burlándose de ella al traducirla como «Muñeca». Qué gran gag: Josep Lluís aquí y en la China.
Mientras tanto, otras compañías catalanas, como La Cubana, eligen libremente la lengua de sus producciones según el territorio.
Y los artistas y compañías que vienen de gira a Barcelona tampoco reciben esta exigencia. ¿Es que las óperas del Liceu se hacen en catalán?
De momento, solo se le ha exigido al Papa.
Y les digo que *La Cage aux Folles* y *Priscilla* pierden mucho si se las saca de su idioma original. Una rima en inglés no coincide literalmente en otro idioma: hay que adaptarla, y en ese proceso inevitablemente se pierde algo del original. Y, además, aquí maman todos de la teta de los derechos: los que escriben las nuevas letras también cobran.
Mi libro, escrito y publicado en español, se presentó en 3Cat, en «Tot es mou», y yo allí hablé en catalán. Además, escribo en cuatro medios digitales en catalán.
Entonces, en X, Joel Joan escribe: «Están culpando a la lengua de sus fracasos como empresarios. De primero de primaria. Iros a la puta mierda».

Solo quisiera recordarles a todos ellos que, durante los años 90, con la implantación de otros modelos de programación cultural en los ayuntamientos, las fiestas mayores fueron dejando atrás las variedades, las vedettes, los cómicos y las orquestas que habían sido el circuito profesional de muchos artistas catalanes.
El rock catalán y los espectáculos vinculados a los actores de TV3 fueron ocupando aquel espacio. Y muchos artistas que vivíamos de aquel circuito dejamos de trabajar en él.
«Inmersión», señores. Una política institucional de normalización y promoción del catalán. La Ley 7/1983 establecía expresamente que la Generalitat debía fomentar el teatro, los espectáculos y otras manifestaciones culturales públicas en catalán.
Hay que apuntar también un hecho: el montaje original del musical *Mar i Cel* de Dagoll Dagom pudo hacerse en 1988 gracias a una financiación que Joan Lluís Bozzo explica así en *El Periódico*: «Convencimos a Jordi Pujol a través de Miquel Roca. Pujol pensó que los socialistas le estaban ganando la batalla en el terreno de la cultura y quiso apostar pagándonos la mitad de *Mar i Cel*».
De ahí, explica el propio Bozzo, la etiqueta de «compañía convergente» que muchos colgaron a la espalda de Dagoll Dagom.
En cambio, El Molino y el Arnau se dejaron agonizar, porque el teatro canalla del pueblo que no está para dramas ni sofisticaciones no contaba.
Así se entiende mejor la catalanidad.
Y no solo eso: durante aquellos mismos años 90 yo bailaba en inglés, en la Corporació catalana, y nadie me sacó a pasear la estelada.
Visto que es muy difícil bailar en idiomas, entiendo que, si no se hace en catalán, no corresponda ninguna subvención.
Ahora les traduzco todo esto en primera persona:
Artistas: el gremio menos corporativo y más cainita.
Y sé de lo que hablo.
Porque cuando un artista produce y compite por la platea, se acabó el coleguismo y el buen rollo.
Me niego a aceptar que la catalanidad de cartilla pase por la aprobación de estos personajes que obtienen réditos políticos de este tipo de declaraciones.
Cada cual valora su inversión económica y su audiencia. Es perfectamente legítimo.
Aplaudo que Bozzo elija el catalán para sus obras. Es su elección y merece todo mi respeto.
Lo que no acepto es que esa elección se convierta en una vara de medir para los demás artistas y, menos aún, en una razón para despreciarlos.
No estamos para sermones ni para certificados de catalanidad cultural expedidos por un tótem de la industria ni por un actor empeñado en hacer que vayamos al teatro en la lengua que él quiere.
Elecciones, no imposiciones. El teatro es universal y quien se juega el dinero decide cómo.
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