Excepcionalmente, Salou

Este es un blog de artista, de mujer, de coreógrafa, de directora artística y de profesional.

Por eso no quería traer este asunto aquí.

Pero, excepcionalmente, voy a hacerlo.

Lo encuadro en MUY PERSONAL, porque lo es.

Quiero a Salou y quiero a muchas de las personas que forman parte de ella. Salou pertenece a mi historia personal y profesional.

Pero una ciudad no es su Ayuntamiento.

Y mi relación con el ente municipal, ha sido otra. Me ha tratado mal.

Esta es la historia.

1: AYUNTAMIENTO DE SALOU; SE NOS ACABÓ EL AMOR.

Capítulo 1.

Este articulo fue publicado el 15 de mayo de 2024 en Carrer del Mar Blog, del periodista Jordi Blasi. A quien doy las gracias encarecidamente.

ORDENANZAS INVENTADAS DEL PADRÓN MUNICIPAL

El caso que relato, y que en el momento más álgido de mi enfado estuvo en la cola de contenidos de un programa de TV3, también lo he enviado a la prensa, aunque, lógicamente, los medios no van a perder un cliente por mí.

Todo está documentado, con copia de las comunicaciones con el Ayuntamiento y la Generalitat. No tengo intenciones espurias y se me conoce por mi transparencia. Por tanto, soy responsable de lo que digo, no de lo que usted interpreta.

Sirva mi caso para otras personas que desconocen sus derechos y que, como yo, han sido y serán toreadas con una ordenanza incorrecta. Remarco expresamente que todo lo que digo en este texto tiene como base la información que me ha facilitado la Generalitat, gobierno superior, y la normativa estatal que regula la gestión del Padrón Municipal y que no establece distinciones entre autonomías ni ciudadanos.

Me mudé a la vivienda de la que soy copropietaria con mi hermano pequeño a finales de enero. Me habían intervenido quirúrgicamente y andaba con muletas. Al iniciar los trámites por vía telemática, se me requirió que mi hermano firmara un documento autorizando mi empadronamiento. Esta exigencia me pareció injusta y absurda y, como no la entendía, se lo hice saber al Padrón cuando me lo pidió por correo electrónico. No recibí respuesta.

Ya era el mes de marzo y, teniendo que presentar ese papelito firmado, hice una consulta paralela a la Generalitat, preguntando por los términos legales y jurídicos de por qué, siendo una mujer de sesenta y dos años, necesitaba la autorización de mi hermano para empadronarme en mi propia casa, donde ya residía. Y esta es la respuesta.

Adjunto en este post en comentarios:

FOTO DOCUMENTO PERSONAL 1 Generalitat de Catalunya.

FOTO DOCUMENTO PERSONAL 2 Generalitat de Catalunya.

En las ventanillas 8 y 9 de la OAC, ante mi insistencia y disconformidad por este absurdo, respondieron que “pedían este requisito porque podía darse el caso de que el otro residente y yo estuviéramos enfadados y que era para evitar problemas”.

Esto se traduce en una invención no demasiado legal, para quitarse las pulgas de encima en el supuesto de existir disputas entre los residentes enemistados del domicilio. No es mi caso —suerte la mía de tener un buen hermano ejemplar—, pero si estuviéramos enfrentados tenía pleno derecho a empadronarme sin su autorización.

Lo único que habría necesitado era una inspección policial. El Ayuntamiento no me facilitó esta información y el Padrón me hizo pasar, tanto sí como no, por esta ordenanza.

Presenté una reclamación de seis páginas en la OAC, dirigida al Padrón, Igualdad y Alcaldía. Formulé tres preguntas, que tampoco han sido contestadas:

**A**

¿Bajo qué criterio legal me obligaron a presentar un documento que la Generalitat y el Estado no establecen como necesario?

**B**

¿Tendré que realizar otras consultas paralelas a las instituciones gubernamentales superiores en futuras gestiones de carácter municipal para garantizar mis derechos como ciudadana catalana y española?

**C**

Si mi hermano no hubiera firmado la autorización, ¿el Ayuntamiento de Salou habría denegado el empadronamiento?

No obstante, me enviaron una carta estándar con aquel estilo blando de palabras que quieren parecer correctas pero que igualmente resultan incompetentes.

La Dirección General para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos del Departamento de Igualdad y Feminismos de la Generalitat me advertía de que, si no se resolvía a mi favor, podía dirigirme al Síndic de Greuges. Y todavía me lo estoy pensando, para que no se repita.

Estoy empadronada, sí, ¡y tanto!, después de necesitar la firma de un hombre de la familia, como si fuera una delincuente o una mujer sin independencia o con las facultades mentales disminuidas. Me indigna. Especialmente cuando no soy una desconocida.

He residido muchos años en Salou y he pagado los impuestos; he dirigido la Escola Carol Dansa, por donde pasaron 300 queridas familias; he creado los espectáculos de más de 30 hoteles, con ciudadanas a quienes hice profesionales y pioneras en toda Tarragona.

He sido la primera en llevar el nombre de Salou, con mis alumnas, a certámenes de danza no competitivos en Barcelona y también a mis bailarinas profesionales a RTVE con ERA Produccions y ARC y con la prestigiosa Big Band Cotton Club.

Cuento con 20 cartas de agradecimiento de Cultura, Deportes, Juventud, Ocio y Turismo, desde 1994 hasta 2004, cuando me fui a Turquía por una motivación que llenara mis inquietudes.

Colaboré siempre gratuitamente con mis alumnas y artistas en las Nits Daurades, la carroza del Patronato de Turismo en el Cos Blanc y el Parque de Navidad. Creé el Festival Dansa-lou, con varias ediciones, y colaboré en la Liga Contra el Cáncer, también durante varios años.

No pido trato de favor ni me aprovecho de influencias. Soy honesta y me siento muy querida, como yo los quiero, cuando me encuentro con tantas personas después de veinte años, por el afecto y la simpatía que quedan patentes.

Si alguien tiene algo en contra de mí, seguramente es porque no cedí a propuestas y asuntos poco claros. Lo mío es levantar la puntita de la alfombra y poner de relieve la suciedad que esconde. Eso molesta.

Finalmente, por todo lo que he expuesto, haciendo el trámite hasta conseguir este empadronamiento y con razones concretas, el Ayuntamiento me ha maltratado como persona, mujer y ciudadana catalana, porque esta normativa no es necesaria. Ni para ustedes, recién llegados inocentes, deseosos de pertenecer a una comunidad justa, ni para mí.

Todo ello ha resultado discriminatorio e ineficaz en la información y la gestión. Denota carencias importantes de atención y respeto al usuario que, con toda seguridad, perjudicarán también a otros ciudadanos ante circunstancias similares. Resta una importante credibilidad a la imagen del Ayuntamiento de Salou.

El Padrón, según la Generalitat, debe ceñirse a la ‘Resolución de 29 de abril de 2020 de la Subsecretaría por la que se publica la resolución de 17 de febrero de 2020 de la Presidencia del Instituto Nacional de Estadística y de la Dirección General de Cooperación Autonómica y Local por la que se dictan instrucciones técnicas a los Ayuntamientos sobre la gestión del Padrón Municipal’.

No a sus ordenanzas más inventadas que el alemán que hablan en los ‘sketches’ de José Mota.

Y esto no es humor. En todo caso, una tomadura de pelo que ha resultado un estrés gratuito, acompañado de una notable y peculiar diferencia entre administraciones.

Hay más, mucho más, de cómo se trata a la gente de aquí. Por hoy ya es suficiente.

Queda mi testimonio y vuelvo al filósofo José Mota: “Que no pasa nada, pero ser, eres”.

¿O sí que pasa?

Salou forma parte de mi vida productiva, solidaria, activa vecinal y culturalmente, profesional y feliz. ¡Qué más habría querido que no tener que vivir y explicar esta experiencia!

AYUNTAMIENTO DE SALOU; SE NOS ACABÓ EL AMOR.

Capítulo 2.

Nuevmente doy las gracias a Carrer del Mar Blog, por hacer público el 28 de junio de 2024, un asunto que afecta a muchas personas.

EL EXTRAÑO CASO DEL ONANISMO MUNICIPAL.

Perdón por la tortura de haceros saber de estos asuntos. Tenéis la suerte de no ser mis contactos, amigos y conocidos del Facebook.

Aquí tenéis mi correspondencia más íntima con el Ayuntamiento.

Espero que alguien se dé cuenta de que el premio Petxina Tancada, al que Salou accedía este año y que finalmente se ha llevado PortAventura, es poco. Podemos decir que no solamente se perjudica la información, sino que todavía se orientan más hacia el mutismo con las personas.

**CITO texto respuesta Sr. Moreno:**

A-2. Consulta de carácter general resuelta por la Comisión Permanente del Consejo de Empadronamiento en la sesión de 29 de junio de 2023… “En consecuencia, aunque el solicitante del empadronamiento sea copropietario de la vivienda, si su cónyuge ya estaba empadronado previamente se necesitará su autorización”.

Veo que no han prestado atención al hecho de que el copropietario de la vivienda es mi hermano menor y que yo ya residía allí desde finales de enero; no es mi cónyuge.

**CITO texto respuesta Sr. Moreno:**

B-3. “En conclusión el solicitante del empadronamiento no puede desplazar la carga de la prueba de la residencia al Ayuntamiento”.

Otro texto en negrita, dirigiendo la atención y muy erróneamente, ya que solamente he dicho, y reitero, que el Ayuntamiento no me dio la información como primera solución de solicitar una inspección policial, tal como me aconseja la Generalitat de Catalunya, basándose en las instrucciones técnicas a todos los ayuntamientos del Estado por parte del Instituto Nacional de Estadística.

En ningún momento he desplazado la carga de la prueba al Ayuntamiento. He puesto de manifiesto su ineptitud para informar y dar soluciones antes de recurrir a la autorización de otra persona, del todo discriminatoria, como mujer mayor de edad.

Su texto, con estos enunciados que no tienen nada que ver con mi caso, denota cierta condescendencia y falta de atención, ya que me ha dado una respuesta estándar y no aplicada a mi caso.

Por otra parte, en su documento nadie pide disculpas por los juicios de valor respecto a mi personalidad —que no conducta— por parte de alguna trabajadora de las ventanillas del Padrón en la OAC, ni responde a mis tres preguntas finales del escrito de 19-3-2024, dirigidas a Alcaldía, Igualdad y Padrón, y que vuelvo a repetir:

* **A:**

¿Bajo qué criterio legal me obligaron a presentar un documento que la Generalitat y el Estado español no establecen como necesario?

* **B:**

¿Tendré que realizar otras consultas paralelas a las instituciones gubernamentales superiores en futuras gestiones de carácter municipal para garantizar mis derechos como ciudadana catalana y española?

* **C:**

Si mi hermano no hubiera firmado la autorización, ¿el Ayuntamiento de Salou habría denegado el empadronamiento?

Quiero saber cómo acaba la resolución de esta normativa con una persona que no obtiene la autorización del residente más antiguo.

Lástima que mi servicio gratuito a los vecinos y visitantes, durante ocho años, no sea suficiente para haberme ganado el respeto y la cordialidad del Ayuntamiento como «retornada a casa».

Con esto no sugiero ningún trato de favor, pero sí una respuesta digna.

A la vista de la ineficacia y la indiferencia que aplica, mediante sus representantes, considero que su ordenanza parece demasiado aleatoria e irregular.

Me ha perjudicado en una situación de estrés acumulado y en el tiempo que pierdo para defender mis derechos.

Para no menospreciarme, respondan, por favor. Es su deber.

Saludos cordiales.

**RESPUESTA DEL SEÑOR MORENO:**

En relación con vuestro escrito presentado el día 4 de junio de 2024, con registro de entrada número 14.214, en el que expone una queja por la disconformidad en la tramitación de su empadronamiento, me remito a la respuesta enviada el día 4 de abril de 2024, con registro de salida número 5.526.

¡NADA!

No se dignan a contestar.

A menos que continúe esta historia por la vía del Síndic de Greuges —y tiempo me sobra para entretenerme—, nunca sabré, por la palabra oficial de los representantes del consistorio, si tenemos derecho a empadronarnos aunque el residente más antiguo de la vivienda no lo autorice.

Según la ley, sí se puede.

Me parece desprecio, pero me da igual: es su dignidad y credibilidad como entidad la que queda mal parada, no la mía.

Todo un caso de onanismo municipal.

AYUNTAMIENTO DE SALOU SE NOS ACABÓ EL AMOR.

Capítulo 3

Nuevamente, gracias a Carrer del Mar por la difusión, el 19 de julio de 2026.

EN RESPUESTA AL PAROXISMO LEGAL DEL EXCELENTÍSIMO ALCALDE DE SALOU, SEÑOR PERE GRANADOS.

Relativa a sus páginas en prensa, dedicadas a exigir y recordar la legalidad.

Ya que se reivindica tanto la legalidad, conviene recordar que esta también obliga a la Administración. Respetar la ley no consiste únicamente en exigir su cumplimiento a los ciudadanos; consiste, ante todo, en aplicarla correctamente desde las instituciones.

La legalidad también incluye respetar el derecho al empadronamiento de una mujer de 64 años, copropietaria de una vivienda en Salou, sin exigirle la autorización firmada de su hermano menor.

Fui residente en Salou entre los años 1994 y 2006 y participé activamente en la vida cultural y social del municipio. Después de viajar y residir en Cambrils, en 2024 solicité nuevamente mi empadronamiento.

Sin embargo, la Concejalía de Estadística, Vivienda y Padrón me impuso como «obligatorio» un requisito que, de acuerdo con las consultas oficiales efectuadas a la Generalitat de Catalunya y con la normativa del ministerio competente del Gobierno de España, no era legalmente exigible.

No se me ofreció ningún fundamento jurídico que justificara esa exigencia, cuando una simple comprobación de la Policía Local habría sido suficiente para acreditar mi residencia.

Me personé en la OAC.

Las propias funcionarias me explicaron que aquella exigencia respondía a un criterio interno para evitar reclamaciones y discusiones entre los residentes de la vivienda en las oficinas municipales.

Por si esto no fuera suficiente, el propio concejal Yeray Moreno me respondió por registro con un escrito en el que se afirmaba que debía aportar la autorización de mi «cónyuge».

La realidad es que no se trataba de mi cónyuge, sino de mi hermano.

Este error consta en la respuesta oficial registrada e invita a preguntarse con qué rigor se analizó mi expediente.

Si hoy se hacen grandes proclamas sobre el cumplimiento de la ley, sería coherente que la propia Concejalía explicara públicamente por qué aplicaba criterios internos que restringían derechos de los ciudadanos por simple comodidad administrativa.

La legalidad no es un discurso que se invoca cuando conviene; es una obligación permanente que también vincula a la propia Administración.

En cuanto a la serpiente del verano sobre los manteros, ese es otro debate.

En este caso, este Ayuntamiento ha demostrado tener mucha más capacidad de flexibilidad y de consideración, sostenida durante años, con este fenómeno que conmigo, una ciudadana que ejercía un derecho reconocido por la normativa vigente.

Esa es la contradicción.

A mí se me exigió un requisito que, de acuerdo con el criterio comunicado por la Generalitat de Catalunya y con la normativa del ministerio competente del Gobierno de España, no era legalmente exigible, mientras que, ante una situación conocida desde hace años, el discurso sobre la legalidad parece aplicarse con una intensidad diferente.

Si la ley es el gran argumento, que lo sea siempre.

Sin excepciones ni dobles raseros.

No puede exigirse más rigor a los ciudadanos que a la propia Administración.

El Estado de derecho no se defiende solo con declaraciones públicas; se demuestra garantizando los derechos de todos los ciudadanos y aplicando la ley con el mismo criterio en todos los casos.

Por cierto, ha quedado bien patente la utilidad de la prensa en papel para el Ayuntamiento de Salou: en el Teatre Auditori de Salou, donde recoger el agua del suelo a causa de las inundaciones con periódicos es un método habitual.

Su palabra sobre la legalidad, señor Granados: papel mojado.

AYUNTAMIENTO DE SALOU SE NOS ACABÓ EL AMOR.

Capítulo 4

LA BILOCACIÓN DE LA DIRECTORA GENERAL DE TURISMO

‘En Salou, como en casa’.

Me llega por diversos medios la crónica sentimental del pregón de las Nits Daurades de Cristina Lagé. Además de un «¡Viva Cartagena!», que supera con creces el pregón que hizo en su día el actor Edu Soto, descubro que la autoridad que le confiere el cargo incluye el don de la bilocación. Quiero decir que se puede ser directora general de Turismo y, sin vivir en Salou, afirmar que es tu casa.

Lo digo por si alguien cae en la tentación de pensar que lo mío es una opinión de bar. Porque, a fin de cuentas, en el bar, en la peluquería o en el supermercado se cuecen conversaciones con un profundo calado ciudadano y con denominación de origen.

Yo no hablo desde la autoridad. Hablo desde la experiencia. Porque Salou sí fue mi casa. Viví allí, trabajé allí y creé felicidad, arte, cultura y espectáculos de calidad. También generé empleo para otras personas, incluidos vecinos de Salou. Aposté por la ciudad hasta el punto de trasladar allí a mis padres y a mi hermano desde Barcelona porque creía en ella, en sus ciudadanos y en un gobierno que entonces consideraba leal.

Un hogar ilusionante que, en poco más de una década, terminó convirtiéndose en un lugar donde ya no quería seguir.

Pero esa es otra historia. Terminó en 2004.

Me fui escaldada. Escaldada por mentalidades caciquiles, donde la innovación no siempre era bienvenida y cualquier forma diferente de hacer las cosas se percibía más como una amenaza que como una oportunidad. Continué viajando por trabajo y cambiando de aires para preservar mi salud emocional. Por eso, una vez más, escribo para no callar.

Para poder decir que un lugar es tu casa, primero hay que vivir en él. Y para ser su embajadora, hay que conocer su realidad.

Una realidad que empieza con una segunda parte que ya sabemos que nunca suele ser buena: residiendo allí durante diez meses del año 2024.

En una ciudad maloliente, con los contenedores desbordados bajo el sol más implacable.

Con personas que viven dentro de su coche.

Con tiendas de recuerdos que venden camisetas obscenas contra la imagen de la mujer.

Con los hijos de aquellos borrachos que conocí en los años noventa, los que saltaban desde el balcón de encima del mío para llegar antes a la calle, mucho antes de que alguien inventara el balconing.

Un Salou que yo he conocido, donde, en un hotel de una cadena que, cuanto más presumía de nombre, más impostada me parecía, se castigaba a los jubilados del Imserso dejándolos sin desayuno si se llevaban una pieza de fruta del bufé.

Lástima que en 2001 no pudiera fotografiar el cartel pegado en la puerta del comedor anunciando aquel castigo. Como si aquello fuera un reformatorio. Para mayor humillación de los mayores.

Para muestra, basta un botón.

La invito a conocer la esquina del edificio donde se encuentra la CaixaBank Store, frente al Mercado Municipal, donde el nivel de degradación urbanística hiere la vista.

Una ciudad donde dormir en verano es una lotería sometida a los fuegos artificiales del parque temático.

Una ciudad que ha destruido el trabajo de los artistas del Camp de Tarragona en favor de otros procedentes de fuera de la Unión Europea.

Una ciudad donde la música de cuatro hoteles cercanos rebota contra las viviendas de trabajadores que, curiosamente, no están de vacaciones y se ven obligados a soportar todos los inconvenientes sin obtener ningún beneficio.

Como para salir corriendo y vender la casa heredada de mis padres. Y lo digo con una profunda amargura. Porque puedo querer a sus ciudadanos, pero no a quienes los gobiernan.

Y mucho menos el cuento de que Salou es el hogar de alguien que ni está ni se la espera, salvo cuando toca recibir unos aplausos de cortesía y, eso sí, posar para la foto.

Quizá resulte más fácil hablar de un Salou idílico desde la tranquilidad de algunas urbanizaciones que desde las calles que pisan cada día quienes viven en ellas.

En cualquier caso, esa no parece ser la realidad que usted conoce de primera mano.

Ni la de la calle Barcelona, donde el ruido de los bares, el incesante trasiego de los repartidores de las mochilas amarillas y la vida turística marcan el ritmo de quienes residen allí durante todo el año.

Señora Lagé, quizá Salou triunfe en FITUR, pero desde luego no gracias a la cantidad de ciudadanos indignados ante el Holding Granados, que se llena la boca de maravillas como el no menos pestilente perfume Salou Essences.

Se puede querer un lugar sin vivir en él.

Lo que no se puede hacer es convertir ese afecto en un certificado de calidad, especialmente de la gestión de su gobierno.

Porque una embajadora representa mucho más que un sentimiento: representa la realidad cotidiana de las personas que, cada día, hacen posible Salou.

Si esa es la forma en que lo ve y quiere venderlo la representante del turismo de la Generalitat, quizá exista otra miopía que también convendría revisar sobre la realidad de Salou.

Tal vez habría que distinguir entre los hechos y las percepciones. Entre la frustración y la realidad.

Pero, ya saben, oftalmóloga no soy. Y bastante tengo con el corazón herido por la pena que me ha dejado el Salou que tanto quiero.

Esta es la mirada realista de alguien que sí consideró Salou su casa. Sencillamente, porque vivía allí.

P. D.

Solo una última petición, señora Lagé: ya que parece conocer la fórmula de la bilocación, le agradecería que me la hiciera llegar. Me sería de enorme utilidad. Llevo años intentando vivir en la Costa Daurada y desarrollar, al mismo tiempo, mi actividad en Broadway. Todavía no he descubierto la fórmula.

Y si aún les quedan ganas de seguir leyendo, pueden acudir al enlace Intrusismo de calidad, donde pongo nombre a lo que conozco de primera mano sobre el trabajo turístico en la Costa Daurada.

EXPEDIENTE X, PADRÓN MUNICIPAL DE SALOU

En el bucle del padrón, HELP!

Hay asuntos administrativos que empiezan con una pregunta sencilla y terminan en otra dimensión.

El mío empezó en 2024.

Han pasado dos años y todavía tengo tres preguntas.

Tres.

No treinta ni trescientas.

A. ¿Bajo qué criterio legal me obligaron a presentar un documento que la Generalitat, en respuesta a mi consulta, indica que no es necesario?

B. ¿Tendré que realizar otras consultas paralelas a las instituciones gubernamentales superiores en futuras gestiones de carácter municipal, con el fin de garantizar mis derechos como ciudadana catalana y española?

C. Si mi hermano no hubiera firmado la autorización, ¿el Ayuntamiento de Salou habría denegado el empadronamiento?

Tres preguntas trasladadas a Padrón, Alcaldía e Igualdad.

Tres despachos. Y yo, por cierto, hasta llevé un llavero «I LOVE SALOU» que me regaló el alcalde cuando le dije que tenía el corazón partido entre Salou y Cambrils, como el de Alejandro Sanz. Qué abrazos, qué cariño… ¡Qué tiempos! Calla, que me cae una lagrimita.

Y si Padrón es Estadística, alguna razón debe de tener el nombre: soy la variable estadística imprescindible, también conocida como toca cojones. Porque en su despacho no es que haya un elefante: se les ha colado todo Jumanji.

A estas alturas ya no sé si estoy ante un fenómeno paranormal o ante un nuevo género de ciencia ficción municipal.

Porque una cosa es entrar en un trámite y otra muy distinta es no salir de un bucle.

Bienvenidos al bucle del padrón. HELP!

Lo más curioso es que yo vivo en otro municipio. Pero no considero el expediente cerrado.

En esta historia aparece mi hermano menor, de cuya autorización dependía para poder empadronarme en mi propia casa.

Una misteriosa «carga» que, finalmente, se podía haber resuelto con una visita de la patrulla. Es decir, yo tenía que solicitarla. Perfecto. El pequeño detalle es que nadie me informó de que tenía ese derecho. En lugar de explicarme la solución, me hicieron pasar por el embudo de la firma. Sin necesidad, según el amparo de la Generalitat.

Aquí aparece la duda:

¿Por qué nadie me lo explicó?

También aparecen técnicos y concejales, prácticamente más herméticos que una fiambrera.

Y aquí nace otra cuestión:

¿El personal del ente cobra por hacer correctamente su trabajo? ¿O son extras de la película?

Porque cuando una ciudadana lleva desde 2024 esperando una respuesta, llega un momento en que la paciencia deja de ser una virtud y empieza a parecer un requisito obligatorio.

Y no, no voy a llamarlo silencio administrativo.

Es falta de respeto.

Porque también tengo derecho a que me respondan.

Como si alguien hubiera metido las preguntas en una cápsula del tiempo.

Así que quizá hemos descubierto una nueva dimensión municipal: existe una solución, nadie te explica que puedes utilizarla y, para mayor gloria, la propia Generalitat acaba contradiciendo el bucle del padrón de Salou.

Aquí es donde entra Iker Jiménez.

Iker, necesitamos una comisión de expertos.

Uno para estudiar el documento de la Generalitat.

Otro para interpretar esa misteriosa obligación de la autorización.

Otro especializado en «cargas».

Y quizá alguien del CNI.

Porque lo mío es un Expediente X.

Y ahora ya sé dónde nació la serie: en el Ayuntamiento de Salou.

Mulder y Scully comenzaron aquí.

Yo, por mi parte, estoy pensando seriamente en llevar el caso al Síndic de Greuges.

No porque quiera convertir esto en una epopeya administrativa, sino porque me apasiona la idea de que exista alguna dimensión en la que una administración tenga la obligación de contestar.

Al principio pensaba que todo aquello se podía resolver hablando.

Ahora solo sé una cosa:

Me caíais bien.

Y lo que es peor…

confiaba en vosotros.

Calla, otra lagrimita.

Iker, prepara la comisión.

Seguro que nos aparece una psicofonía en la que se escucha:

«Esta pesada… esta pesada…»

Después de dos años, tres preguntas y todo el Expediente X: a lo mejor alguien responde.

Aunque sea desde el más allá.

Si queréis conocer mi mirada sobre la sociedad, aquí tenéis el enlace a mi página de Facebook, Francotiradora a las once. Disparo palabras, no personas.

CARTA ABIERTA A ELENA ZHUKOVA ERC-SALOU

Señora Zhukova,

Hace unos días leí una frase suya sobre Salou que me llamó especialmente la atención. Dijo usted que, junto al «Salou de postal», existe otro Salou: «un Salou de gente que vivimos cada día y vemos cosas que no pueden pasar».

Espero que sea algo más que un eslogan.

Porque yo conozco ese otro Salou.

Cuando el actual alcalde, Pere Granados, entró en política en 1995, yo ya llevaba años trabajando y aportando a Salou. Fui la primera coreógrafa catalana en presentar, con bailarines también catalanes, tres producciones para tres temporadas en la Sala Galas. La primera y única vez en su historia. Produje espectáculos para hoteles y resorts de la zona. Dirigí la Escola Carol Dansa.

Continué vinculada a Salou durante años y colaboré gratuitamente en actos de Cultura, Turismo y Juventud. También conocí y colaboré con Pere Granados cuando fue concejal de Cultura.

Una de las realidades que conozco es la situación laboral de los artistas en el entorno hotelero. La viví profesionalmente y fui yo quien puso de manifiesto hace poco el trato que recibíamos: falta de respeto y condiciones de trabajo que difícilmente podían considerarse dignas o seguras.

Llegué a trabajar con una tarima que no reunía las condiciones necesarias y con un vestuario improvisado bajo un extractor de cocina, cubierto por una lona y compartido con gatos cuyas pulgas acabaron afectándonos.

Advertí de aquella situación al jefe de animación, que ignoró mi observación. Entonces fui a recepción y pedí hablar con el director. No se dignó recibirme.

Y, como esta, muchas otras escenas indignas para un profesional.

Muchos profesionales callábamos porque necesitábamos seguir trabajando. Yo no. Enfrentarme al abuso empresarial también me costó alguna fecha, teniendo entonces a mi cargo el pan de más de quince personas, algunas de ellas de Salou.

Eso también es Salou.

En un momento determinado, cuando era directora de mi escuela de danza, fui invitada a participar en ERC Salou. Dije que no porque, por circunstancias personales, no podía asumir ese compromiso. Nunca formé parte de ERC. Escribo desde lo que entonces y ahora considero honesto.

Como educadora y artista, mantuve excelentes relaciones con distintos miembros del consistorio: Jesús Barragán, Josep Maria Llorca, Benet Presas, Esteve Ferran, Pablo Otal, Maria Dolors Oliva y el propio Pere Granados. De aquellas relaciones salieron cosas buenas para la ciudadanía. Ese ha sido siempre mi criterio, más allá de la satisfacción personal por mi dedicación a la que entonces era mi ciudad.

Como directora artística y educadora, siempre me he debido a todos, sin distinción.

En 2024 yo tenía 62 años. Era copropietaria al 50 % de una vivienda en Salou junto con mi hermano, menor que yo, y residía allí de forma efectiva. Él estaba empadronado allí desde principios de los años 2000.

Cuando inicié el trámite para empadronarme, se me requirió su firma autorizando mi empadronamiento.

Me pareció una exigencia absurda. Pregunté al Padrón por qué era necesaria y no obtuve respuesta. En la OAC me confirmaron que era un sistema para evitar «broncas» entre residentes en el Ayuntamiento.

Consulté entonces directamente a la Generalitat de Catalunya. Su respuesta, por escrito y con fecha 15 de marzo de 2024, me indicó que aquella autorización no era necesaria y que, acreditada mi residencia efectiva, correspondía al Ayuntamiento realizar las comprobaciones oportunas y proceder al empadronamiento.

Sin embargo, el Ayuntamiento mantuvo su exigencia.

Finalmente presenté la firma de mi hermano y pude empadronarme.

Tuve que conseguir la autorización de otro adulto, menor que yo, de mi propia familia, para acreditar una residencia que ya era efectiva y en una vivienda de la que yo misma era copropietaria.

Eso es lo que me sigue pareciendo inaceptable.

Por eso presenté una reclamación y formulé tres preguntas:

A

¿Bajo qué criterio legal me obligaron a presentar un documento que la Generalitat y el Estado no establecen como necesario?

B

¿Tendré que realizar otras consultas paralelas a las instituciones gubernamentales superiores en futuras gestiones de carácter municipal para garantizar mis derechos como ciudadana catalana y española?

C

Si mi hermano no hubiera firmado la autorización, ¿el Ayuntamiento de Salou habría denegado el empadronamiento?

Usted es socia de gobierno. Apelo a su independencia respecto de Alcaldía y del Padrón. Para la ciudadanía, la eficiencia administrativa debe estar por encima de la política.

La Generalitat ya se pronunció expresamente sobre mi caso en 2024. La documentación está en los registros. Usted está dentro. Compruébelo.

¿Qué pasa en este Ayuntamiento cuando una Administración superior ya ha establecido lo que corresponde?

¿Dónde queda entonces el principio democrático?

Porque el mío no fue un caso aislado. Si me sucedió a mí, les está sucediendo a otros.

Como ve, señora Zhukova, la postal de Salou es como el «rasca y gana»: todavía hay mucho por descubrir y mucho por mejorar.

Carolina Figueras Pijuán

Antigua residente y contribuyente de Salou

Coreógrafa y directora de la Escola Carol Dansa

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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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