Llegará un día, si no lo hace ya, en que trabajar en un musical de franquicia no dé ni para un sueldo digno. Y aun así, seguiréis aceptándolo. Porque, cuando se trata de intentar recuperar a cualquier precio la inversión de años de estudio, cualquier oportunidad parece mejor que ninguna.
El nivel de las producciones y los nombres que se contratan para asegurar la taquilla se nos venden como calidad, pero deberíamos llamarlo por su nombre: falta de riesgo. Claro que el dinero es suyo, de los productores, pero lo más preocupante es la ausencia de visión de futuro.

El problema no es la existencia de las franquicias. El problema aparece cuando lo familiar desplaza sistemáticamente a lo exigente. Cuando el reconocimiento sustituye al descubrimiento. Cuando el público acude a confirmar lo que ya conoce en lugar de exponerse a aquello que todavía no conoce. La creación pierde espacio y la repetición gana terreno.
El problema no es el musical para todos los públicos. El problema es que el musical para todos los públicos está ocupando el espacio que antes reservábamos a la sorpresa, al riesgo y a la creación dirigida a espectadores adultos.
Y mientras tanto, el aparato sigue creciendo. Cada vez hay más personas explicando cómo debe hacerse el espectáculo y menos personas haciéndolo. A veces uno tiene la impresión de que hay más jefes que indios. Más estructura que visión. Más gestión que creación.
El ciclo es corto y previsible. Dará para trabajar unos años, para alimentar el espejismo, y después llegará la caída hacia el mundo de los cursillos de formación. «Yo trabajé en tal musical», dirán, mientras replican un estilo sin alma, sin criterio y sin ningún miramiento.
Ríete tú de verle las orejas al lobo. En el musical empezamos a ver las orejas de Mickey.
Y sí, algunos nos negamos a que nos infantilicen.
Lo hicimos al dejar atrás la infancia y seguimos haciéndolo como espectadores. No buscamos que nos repitan una y otra vez aquello que ya conocemos; buscamos que nos sorprendan, nos desafíen y nos obliguen a mirar de otra manera.
Esto que escribo hoy no es una crítica.
Es una premonición.
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