El arte de vivir del aire, del oficio a la extracción

La precarización del artista no es solo una falta de presupuesto externo; es, como bien señala Esfera Pública, un hábito moral interno. Hemos normalizado trabajar por «visibilidad» y aceptar pagos por debajo de la legalidad, diluyendo la frontera entre el ocio y el trabajo hasta hacerla invisible.

La trampa de la vocación.

Existe una paradoja generacional sangrienta. En los años setenta, el muro era el prejuicio: «esto no es un trabajo». Hoy, el sistema es más sibilino: el arte se enseña como excepción, nunca como oficio. Se naturaliza el voluntariado como unos «ritos iniciáticos» y se etiqueta la precariedad como «vocación». Pero debemos ser claros: es un modelo de extracción que utiliza la ilusión del artista como combustible gratuito.

La «pubertad profesional» perpetua.

El «derecho de piso» (como se dice en Argentina) debe ser una etapa, no un destino. No obstante, el mercado actual pretende que profesionales con décadas de experiencia vivan en una pubertad laboral eterna. Es vital distinguir: la beneficencia es un acto de gratitud voluntaria; el mercado comercial es un negocio. La visibilidad no es el pago, es la consecuencia de un trabajo bien remunerado.

La subasta a la baja.

Tras el telón, y desde hace años, las cifras confirman el colapso:

  • Musicales en Cataluña: 40 € diarios para bailarines que también cantan, en dos funciones.
  • Musicales en Madrid: 1.200 € mensuales para actrices cover de papeles protagonistas.

Mientras que en mercados como el Reino Unido o los EE. UU. existe Equity (sindicatos con categorías claras y unidad de acción), aquí impera el silencio de la vergüenza. Nadie comunica su salario para no admitir que está subvencionando el espectáculo de su propio bolsillo.

El límite del «menos»

El golpe final es el regateo constante: «otro me lo hace por menos». Este «menos» ha tocado fondo. El resultado es un sector en burnout, una profesión desmantelada y un relevo generacional expulsado antes de empezar. Hemos pasado del «amor al arte» a pagar por trabajar. Si no defendemos el arte como un oficio real, el sistema continuará extrayendo talento hasta dejarlo seco.


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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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