Atracción a quemarropa en Charly Max

A los diecisiete, la inocencia era solo la reputación que mi maestra de ballet se afanaba en insistir para que se mantuviera. Era como si todo, fuera de casa y de la academia, comportara un riesgo demasiado alto. Mis compañeras del S’Condal Ballet, ya en los dieciocho, se envolvían en susurros y risas cómplices, dejándomeSigue leyendo «Atracción a quemarropa en Charly Max»

Kolodin y las cenizas de los reinos

No lo sé, se me hace extraño. No hace tanto, estábamos trabajando y compartiendo una vida en otro país. Éramos todos emigrantes, y no precisamente porque en nuestros lugares de origen no hubiera oportunidades. Descartando la alta competencia y la ley de la oferta y la demanda, quizás todo se reducía a suerte o aSigue leyendo «Kolodin y las cenizas de los reinos»

La Magia de la Idea Visceral

Hay cierta magia cuando tienes en mente un negocio visceral. Solamente sucede una vez en la vida. Hace unos años, tuve una idea de negocio. Se la conté a alguien con todo lujo de detalles. No era solo una visión, era un proyecto. Viví, visualicé y razoné, intensamente el proceso y su culminación con éxito.Sigue leyendo «La Magia de la Idea Visceral»

El Music Hall de la victoria

En la primavera de 1994, la amenaza se hizo real. Me reuní con los dueños del Galas, los señores Casals, y la abogada Mª Asunción González, en casa Soler. El tema era urgente: evitar que los últimos actuantes residentes en 1993 —el Ballet Español de Mª Carmen Fraga y mi propio Ballet Élite’s Show— seSigue leyendo «El Music Hall de la victoria»

Artistas, no escorts

Cuando llegué al mercado turístico de esta costa, la oferta de entretenimiento era escasa: Divertipark, Galas (donde trabajé varios años) y los hoteles modestos, sin infraestructuras pero con ilusión y proyección de futuro. Después llegó el parque temático, que se presentaba como salvador de la ocupación. Galas se quemó “convenientemente” y Divertipark aguantó unos añosSigue leyendo «Artistas, no escorts»