El tiempo como la mula…

El tiempo, como la mula, no recula.

El otro día iba por la calle y, de repente, algo llamó poderosamente mi atención. Por un instante creí estar contemplando el “rewind” de una filmación, pero no. Era la realidad mostrándome algo insólito, al menos para mí: un hombre caminando al revés, hacia atrás.

Lejos de ser una ilusión óptica o una imaginación pasajera, aquel hombre se movía perfectamente en sentido contrario al de su propia existencia. Y pensé en este tiempo, en ese mensaje de nuestro yo del pasado advirtiéndonos de los errores, las soledades y los desengaños de la vida, pero también de las sorpresas, los aciertos y las mágicas coincidencias que nunca lo son del todo.

Volver atrás es imposible. Pero como ya se me conoce cierta inclinación hacia cualquier indicio de viajeros en el tiempo, también pensé: ¿por qué no?

Precisamente con esta manía mía de encadenar conceptos —o lo que viene a ser mezclar churras con merinas— me llegó al WhatsApp un vídeo de una alcaldesa de la zona, explicando con entusiasmo los avances de la Vía Verde y la firme decisión de conservar el patrimonio de la antigua estación ferroviaria.

Y ahí no pude hacer otra cosa que aplaudir que este municipio honre su pasado, mientras he visto desaparecer tanto la estación de Cambrils —sin la cual ni siquiera existiría— como la de Salou, que también forma parte de este presente después de haberme recolocado aquí en los años noventa.

Y claro, cuando se trata de trenes me pongo sentimental.

Se me escapó una lágrima al comprender que un desvío, un simple cambio en el trazado de nuestras vías vitales, lo es todo.

Y ahora, si queréis, hagamos un viaje con Marty McFly y Doc, que, por más años que pasen, siguen siendo de lo más fascinantes. ¿O no recordáis a Doc regresando del Far West con Clara sobre aquella máquina de finales del siglo XIX que ya no necesitaba vías?

Imaginemos por un momento la Vía Verde y todos nuestros recuerdos ferroviarios volcados allí donde ya no queda nada. Qué maravilla recordar que revivir es, en parte, volver a abrazar aquello que tanto contribuyó a convertirnos en quienes somos ahora.

Porque quizá el gran secreto del tiempo no sea volver atrás, sino entender por qué llegamos hasta aquí. Y eso, Marty McFly, Doc y Clara ya nos lo explicaron hace muchos años: que el futuro también puede nacer de una vieja locomotora, de un amor inesperado que juega con la paradoja y de esos recuerdos que siguen silbando dentro de nosotros como un tren que nunca termina de marcharse.

Viene al caso de que, efectivamente, el tiempo, como la mula, no recula. Pero ese pasado que nos ha traído hasta aquí es tan lúcido y necesario como lo son ahora los momentos que nos ha tocado vivir.

Que no todo sean pérdidas. Y que, como aquel hombre en la esquina de la calle —quizá sujeto a algún problema neurológico o motor—, no acabemos caminando todos hacia atrás por no saber afrontar lo que tenemos delante.

Y para los amantes de los viajes en el tiempo, os recomiendo Somewhere in Time, con Christopher Reeve, Jane Seymour y la partitura magistral de John Barry.

Preparad los pañuelos.


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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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