Escuché recientemente en ‘l’Altaveu’, un magazine de RTVE Cataluña a la señora Chelo García-Cortés afirmar que sin una determinada vedette el Paralelo no habría existido nunca.
Discrepo.
La grandeza del Paralelo no fue mérito de una sola vedette ni de una sola persona.
Conviene recordar que el Paralelo ya era un referente mucho antes de las figuras que hoy dominan el recuerdo popular. Su transformación como eje del espectáculo se produjo en 1894. Su prestigio no nació de un único nombre, sino del trabajo de generaciones enteras de profesionales que convirtieron aquella avenida en uno de los grandes centros escénicos de nuestro país.
Coristas, libretistas, músicos, actores, actrices que ya abanderaban sobre los escenarios una libertad alejada de los cánones dominantes, vedettes, empresarios, técnicos, figurinistas, coreógrafos y tantos otros profesionales de artes y oficios sostuvieron noche tras noche una maquinaria humana y creativa extraordinaria.
Sin ellos, el Paralelo simplemente no habría existido.

Aunque durante décadas fuese considerado un referente de diversión popular, su verdadera singularidad residió en la convivencia de estilos, sensibilidades y formas muy distintas de entender el espectáculo. Esa riqueza fue siempre mucho más importante que cualquier nombre propio.
Sobre el trabajo de cientos de artistas y trabajadores se levantaron los teatros que dieron fama al Paralelo durante generaciones. Sin embargo, con el paso de los años, el recuerdo terminó concentrándose en unos pocos nombres, mientras muchos de quienes lo hicieron posible fueron olvidados junto a los propios escenarios que ayudaron a sostener.
Por eso me resulta especialmente molesto que desde un medio público se presenten determinadas opiniones personales como si fueran una explicación histórica. Cuando una afirmación así se difunde sin contexto, puede acabar consolidando una visión parcial que poco tiene que ver con lo que realmente fue el Paralelo.
La memoria también se construye desde aquello que se cuenta y desde aquello que se omite.
Yo pasé solo tres años allí y seguí mi vida. Pero hubo quien se enterró con él. Y esas personas merecen, al menos, que no se las borre de la historia.
Porque el Paralelo no puede resumirse en una sola figura.
Lo construyeron personas cuyos nombres nunca aparecieron en los rótulos luminosos.


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