Una Navidad, más

Con una tía Pijuán que vive en Santiago de Chile y otra Figueras en Cambrils ya no me quedan más familiares de segunda línea. Primas reconocidas y primos desconocidos. Compartimos genes, en una historia divergente que parece alejarse cada vez más.

​Es una fecha extraña donde en mi mente se amontonan recuerdos dispares. En Barcelona: las copas de champán coloreadas en casa, la fascinación por las luces de las calles a través del cristal empañado de un autobús abarrotado, el tacto del espumillón y el montaje del Belén, escuchar a los camellos beber la Noche de Reyes. En Cambrils: el caga-tió y Els pastorets.

​Otros recuerdos se entrelazan: Bocadillos con naranjas para cenar en Nochebuena en los apartamentos Aída en Zaragoza. La mamá orquestando el menú, año tras año. Pasar una velada en el teatro Monumental de Madrid conviviendo con cincuenta personas y brindando con el público.Enviar a mí ex a casa de mis padres para llorar, sola tres días. Grabar el especial de «Això és Massa» en TV3. Trabajar con los shows infantiles en el Parc de Nadal de Salou. El papa ingresado en el hospital de Sant Pau. Estar en los almacenes Migros de Antalya, Turquía, y encontrarme a madres y niños musulmanes comprando adornos para el árbol.

Mi primera felicitación escolar, antes de cumplir los seis años. Si, ya sabía leer y escribir.

​Y, un día, decir; ya basta. Ya no. 

Prometer y postergar el deseo de pasar estas fechas lejos. Por la obligada felicidad tan impuesta como deseada. Y es esta obligatoriedad la que me empuja a recordar. Y al final todos los que se han ido lo han conseguido; que no quiera recordar, pero ustedes con su obstinación comercial o cultural, me obligan a pensar en los que quise para aceptar, eso, que no están.

​Es este trance mitológico el que me hace pensar seriamente que es muy difícil ignorar algo que además de en el corazón está en el sonido machacón de los altavoces de las calles, en los escaparates y en la ilusión rota de aquella niña de ocho años que un día subió a casa, sollozando para exigir respuestas a su madre porque la más lista del barrio desbarató para siempre la inocencia de la primera y única magia de la Navidad.

​Y sigo aquí, aún no he podido hacer realidad el deseo de distraerme de la creencia común y pasar una Navidad más. Lejos de todo.

«Que seáis felices hoy y mañana, con fiestas o sin ellas».

Gracias por leerme, en este año para olvidar.


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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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