Demasiado Alta: Un estigma reciclado

Me encuentro en la peluquería, esa intensa red social por antonomasia, donde la obligada intimidad genera confesiones que no se pueden ignorar. El comentario de una señora, en particular, me ha servido un trago amargo con una rodaja de limón.

Cuenta, con una crítica impecable, que su hija ha desertado del estudio del ballet por un «cansancio emocional» —una dolencia que, a mi modo de ver, resulta totalmente injustificable en este contexto. El motivo de la huida no es otro que la sentencia inapelable de su profesora: al preparar la coreografía, la niña es «demasiado alta y no sabe dónde ponerla en el conjunto». Eso dicho delante de las compañeras es, además, feo.

Esta frase, que creía enterrada bajo décadas de progreso, me ha resonado con una punzada que atraviesa nada más y nada menos que cincuenta años de mi vida. Pareciera que, a pesar de haber transitado de los cánones estéticos estrictos a la cacareada «normalización del cuerpo», ciertos prejuicios se mantienen a través de conductos inadecuados, tanto, como persistentes.

The Radio City Rockettes’

Mi conclusión, dictada por la experiencia propia, y expresada en un tono por encima del ruido del secador del cabello es tajante: ser «demasiado alta» jamás es una causa lícita para la discriminación en un centro educativo. Si no se respeta al alumno, difícilmente el enseñante puede considerarse respetable.

La poca calidad pedagógica de esta profesora, por muchos diplomas de concursos estériles que exhiba, moderna heredera de una mala práctica vetusta, merece ser desgranada punto por punto:

  1. La Carga de la Autoridad: La figura de autoridad posee una influencia externa que puede aupar o, sin ceremonias, destruir una vocación y, por ende, una carrera. Esto es válido sin importar la altura o el volumen del cuerpo en cuestión. ¿Es un profesor digno de tal nombre si su primera herramienta es el descarte?
  2. La Cobardía de la Uniformidad: Una diferencia física es, la mayoría de las veces, un lienzo en blanco fácilmente adaptable con creatividad. Es la oportunidad de crear una personalidad o un talento que destaque, no un problema de logística coreográfica.
  3. El Legado Olvidado de las Piernas Largas: La supuesta desventaja de encajar por altura en el escenario ha sido, históricamente, la gran ventaja en los espectáculos comerciales. Brindemos por Miss Bluebell, quien con brillantez dio a las bailarinas de ballet que sobrepasaban la talla de «menudas» una carrera beneficiosa en todo el mundo, ya fuera por su mérito o por la inteligente imitación de otros avezados productores.
  4. La Pregunta Irónica: En última instancia, es imperativo cuestionarse si alumnas —como la hija de la señora de la peluquería, mis compañeras de fatigas y yo misma—, hemos sido, en realidad, demasiado altas para mentes bajas.

Es cierto que el espectáculo comercial —y aquí incluyo los conciertos y videoclips— todavía se rige por algunas normas de imagen. Una cosa es el hobby y el Pop que buscan inclusión universal, y otra la industria del glamour al estilo de ‘The Radio City Rockettes’ donde las piernas largas y las figuras atléticas siempre jugarán con ventaja; eso es un hecho, por mucho que se normalice el resto. El artista debe encontrar su lugar de realización, independientemente del físico.

Pero cuando se trata de niños y adolescentes que practican por hobby, esa relación educativa está profundamente equivocada.

La revelación de la peluquería es clara: esta es la herencia de una mala profesora de hace cincuenta años, encarnada en una de sus exalumnas predilectas que hoy, siendo enseñante y nada barata, parece no haber aprendido que la estética del conjunto coreográfico nunca debe ser superior a la estética moral, que en este caso se basa en estupideces que nada tienen que ver con el arte, y mucho con la mediocridad. Ya saben, los hay que en su incapacidad se ven en la necesidad de recortar a los demás.

Un Consejo (Gratuito) para las vocaciones elevadas.

A las jóvenes y sus padres: No confundan la exigencia del arte con la limitación impuesta por la miopía. El talento, la pasión y, sí, incluso la altura, merecen una plataforma más grande que la que pueda ofrecerles una mente pequeña. Busquen un maestro orientador y no un capataz del centímetro. Cyd Charisse y Ann Miller, también eran ‘demasiado altas’ en comparación con sus compañeras y no les fue nada mal.


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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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