Patán, mal torero y peor actor

Una persona me cuenta que una amiga, vio mis intervenciones en’ ‘Espejo Público’ más, ‘Y lo de Sonsoles’. Rápidamente adivinó quién era haciendo una búsqueda en Google. A la pregunta ¿y porque lo cuentan ahora?, respondo: Aunque sigo en activo si el contrato me vale la pena, no necesito que esa gente me de trabajo. Ni voy a callarme ante la posibilidad de que otras empresas se planteen ofrecérmelo.

No se trata de amarillismo, ni de calumniar gratuitamente, ni de obtener ‘un minuto de gloria’, generado por la humillación que nadie quisiera haber padecido. Bastante vergüenza pasamos, antes y ahora, como para hacer de eso un musical de Broadway.

Nadie nos hizo caso y ahora se puede decir. Pasados tantos años, nuestro pan, el alquiler y la reputación como profesionales siguen supeditados al poder mafioso de la industria. Es inadmisible.

Publicar nombres y apellidos significa entrar en el bucle de los pleitos.

Atención al caso de las gimnastas Viseras y Martínez y al técnico Llorens, condenados a pagar 10.000 euros cada uno, por sus declaraciones a EL PAÍS y al programa televisivo Informe Robinson en las que acusaban a su exentrenador.

En EL MUNDO, en octubre de 2019, Viseras declaraba: Una vez que se denuncia un delito prescrito, las supervivientes nos exponemos a que nos denuncien nuestros agresores. De hecho, eso fue lo que nos pasó a mi compañera y a mí. Nos denunció nuestro agresor por supuesto daño a su honor y hemos estado seis años de juicios, incluido en nuestra contra en el que este señor pretendía que le pagáramos 10.000 euros. Afortunadamente recurrimos y conseguimos una sentencia del Tribunal Supremo que anulaba la anterior y que nos permite hablar de nuestras experiencias vividas cuando éramos niñas. Y esta es una sentencia muy importante ya que da voz a mucha gente que ha sido víctima de abusos en la infancia y que no se atreve a denunciar por posibles consecuencias judiciales. Es muy importante que la gente sepa que estas cosas hay que contarlas, que hay que alzar la voz.

En mi caso, todo ha prescrito. No hay pruebas, incluso por la denegación de socorro de los compañeros y empresarios por una agresión, nada supuesta, cierta. No necesito justificar que nunca fui una mujer pasiva y no me callé cuando sucedió.

En cuanto a la acusación de Aldo C., y la actriz Macarena G., reprobando airadamente, queriendo reprimir las ya imparables denuncias públicas que son elecciones individuales y legitimas de cada mujer y no así el ser abusadas, sobre algunos casos de suicidio, les recuerdo que en este país se quitan la vida voluntariamente una media de 10 personas al día. Es el sistema que lo engulle todo. Conocemos los casos de personas importantes del deporte y de la escena que decidieron hacerlo. No estaban señaladas por conductas reprochables. Algunos deportistas, algunas artistas cayeron en el olvido, no pudieron reengancharse con otras funciones y la vida se les complicó, eso también es desesperarse y tomar decisiones drásticas. ¿Quién defiende, tan apasionadamente, a las personas que se suicidan por desahucio de vivienda o falta de empleo digno?

No quisiera acarrear en mi conciencia la desgracia y el sufrimiento de un inocente. Aldo C., que es libre de opinar, habla desde la barrera. O, ¿sabe lo que es ser magreada, humillada, tachada de problemática, mentirosa y trabajar amenazada? Mis compañeras y yo, sí. Se lo estamos contando. No es divertido. No es agradable. Es, revelador.

Parece ser que los culpables de los abusos silenciados —a menudo por sorpresa y soportados por miedo— no conllevan ese fallo moral pero tienen a su favor la presunción de inocencia. Lo mínimo que debe suceder, es que esta oleada de denuncias haga tambalear los cimientos de la industria, anular el poder de las manos negras y obligue a reaccionar a la sociedad, por bien de todos.

Siempre digo que en el sindicato Equity en U.K. y en U.S.A., si paran los técnicos, se suman los artistas. Nadie puede trabajar sin ellos. Si paran los músicos, lo hacen los bailarines y los actores. Todos se apoyan porque se necesitan. Y ¿quién necesita a todos ellos? Sin las mujeres, no hay espectáculo, seguro. Es una cuestión de comunidad profesional y bienestar laboral. La pena es que existe la división entre nosotras.

Este trabajo, me ha permitido conocer a personas extraordinarias, soy afortunada. No se puede generalizar, he tratado con auténticos caballeros. No son todos los hombres y, oiga, si no han hecho nada no necesitan que los defiendan, y menos que ellos den las gracias por ello. En honor a la verdad, en mis desagradables experiencias siempre hubo una mujer cerca, que lo sabía y que no estuvo a la altura de una compañera adecuada, eso tan bonito de la sororidad.

Considerar a este tipo como actor es un descrédito para la profesión, un embaucador a quien incluso doblaban en las películas. Ya saben, es de muy hombre presumir de un largo historial de conquistas, incluso revelando secretos de alcoba y nombres. Nunca se supo que el priapismo fuera digno de elogio. No sé yo, llámenme antigua, si lo que aquí expongo merece un aplauso y una defensa.

Por cierto, en este texto hay un mensaje en una botella. A pesar de lo serio y dramático es una pista de quien es ese acosador cobarde capaz de estrujar las tetas en un oscuro entre las cortinas, durante la función (esas tetas a las que cantan y que enseñan las autoras reivindicativas en sus conciertos) y pegar a una mujer en público, sabiendo que va a quedar impune.

No puedo aportar testigos de la agresión sufrida en la gira: los bailarines estaban al fondo del autocar, durmiendo o con los auriculares puestos. Los actores y actrices del reparto ya fallecieron… de nada serviría ahora, no se hubieran pronunciado a mi favor, como no lo hicieron entonces. Lo normal es que quien lo sabe no se involucre, prueba de que es profundamente todo lo contrario, anormal.

Mi parte médico desapareció al entregarlo a la empresa con el firme propósito de denunciar policial y oficialmente, aunque sin sangre y sin los testigos decididos a hablar, el recorrido era inútil. El mánager del ballet me trasladó el mensaje escueto de una cúpula de cinco personas: ‘Dicen que vale más que te olvides de esto, si quieres seguir trabajando’. Se daba por entendido que no solamente en la compañía, en toda Barcelona.

Pues, seguí trabajando y, el otro quietecito. Allí mismo me estrene como coreógrafa de la empresa por mérito propio y lo hice gratis para evitar que despidieran a un ballet de 20 personas, mis compañeros. No, no, santificaciones no, y vocación de mártir menos. Me marché por voluntad propia, en el verano de 1985. Me incorporé a la gira de «Una noche con Bibi» con su compañía creada en Madrid en diciembre.

Luego, tras pasar por ballets modernos haciendo bolos de televisión en Barcelona y revistas en Zaragoza, además de acompañar a mis queridos Calatrava y a Regina do Santos, como coreógrafa, inicié el montaje de mi propio ballet de entre 7 y 9 componentes con el mejor y más serio representante, ERA Produccions. Hicimos eventos para firmas internacionales de primera línea. Muchas galas con grandes compañeros y artistas. 53 programas como ballet atracción titular, en TV3 con el màgic Andreu. 3 temporadas en el Restaurante-espectáculo Galas Salou (como Scala). Una obra en el Teatre Arnau con los hermanos Calatrava. Varias temporadas turísticas en los mejores 30 hoteles de Salou con diversos shows temáticos. Las galas de lujo con la estupenda Big Band Cotton Club. ‘Splash’, mi show de sirenas, el segundo realizado en el mundo en Aquópolis. Y después de profetizar en mi tierra, llegué a MNG Holding a su compañía de resorts de 5* ‘World of Wonders’ en Turquía, creando y dirigiendo 6 espectáculos propios producidos internamente.

Señoras y señores ¡seguí trabajando!

En cuanto a las reacciones en las redes, estas capturas de pantalla reflejan la realidad. ¡Bravo! por los buenos samaritanos digitales que deciden lo que no es importante, porque claro… no les ha sucedido a ellos ni a sus familias. Los mensajeros de la opinión a pie de calle, diciendo exactamente lo mismo que aquellos sinvergüenzas de hace 40 años manifestaban de viva voz.

Página oficial de Espejo Público en FB: «Pero si hay quienes ya les gustaría».

Las mujeres ¿cómo no? que fiscalizan nuestra conducta, basada en una experiencia vital y señalan la obligación de «dar nombres». Dice una que nuestras declaraciones son un «atentado», ni más ni menos. ¿Juicio mediático?, será el que nos aplican a nosotras, quienes damos la cara, pues de los depredadores no se sabe nada. Ese tipo de juicios se desarrollan por lo general, paralelamente a situaciones que pasan, verdaderamente, por los juzgados. No es el caso.

No, a ‘X’ no he ido a mirar, es cuestión de profilaxis mental.

RAE definición de ‘DENUNCIAR’: NOTICIAR, AVISAR Y PUBLICAR.

DECLARAR (oficialmente) EL ESTADO ILEGAL, IRREGULAR O INCONVENIENTE DE ALGO.

En los comentarios de estas dos capturas en ‘Marca’, se refleja la urgente necesidad de concienciar una sociedad que se ha ensuciado, con tanta policía del pensamiento, la libertad y la moral. Que deje de sospechar de las mujeres ofendidas, trasladando así ‘la carga de simpatía’ y apoyo, hacia los ofensores.

Mis declaraciones, constan en mi libro publicado hace tres años e indexado, a buen recaudo, en las principales bibliotecas de museos de la escena y en instituciones de mujeres en este país.

Ser mujer y artista no incluye en el ‘pack’ el abuso sexual, ni la que considero una auténtica difamación y sin posibilidad de defensa por denunciar sin obtener ayuda, ni el arrinconamiento laboral, ni el daño al honor.

Siento hartazgo y asco, ya que todas las compañeras están y han estado tan solas como yo. Las supervivientes de esos acosos y ‘sospechosas de buscar notoriedad’ estamos identificadas, con nombres y apellidos. Denunciamos, avisamos, queriendo cambiar la situación para que otras mujeres, vuestras hijas y nietas no pasen por esto, en ningún lugar, sean artistas o no.

Cuando el movimiento #metoo comenzó a tomar fuerza, tuve un sentimiento de alivio. No por querer denunciar expresamente, era la esperanza de que la impunidad tuviera una cercana fecha de caducidad. El acoso sexual que se ha hecho visible, espontáneamente, ha creado una hermandad, pequeña pero creciente, de afectadas. Supervivientes, nunca más víctimas. Si el medio para solucionarlo es denunciarlo en la televisión, firmo. Que se lo piensen, que sean ellos los que deban sentir miedo.

Ojalá este no fuera tema actual en mis redes y en este país, pero lo es. Ojalá, sirva para concienciar, para evitar y para acabar. Ojalá, esta no sea mi primera y última intervención en la sociedad como mujer y artista.

Esto del delito prescrito que se vuelve en contra de la víctima, me suena a aquello de «a mí no me ha hecho nada», cuando alguien no quiere comprometerse a ayudar a una persona. Vale, tampoco Harvey Weinstein me lo hizo. El abandono no debe ser una opción. Una mujer, y lo sé por experiencia, abusada y humillada es una bomba de relojería emocional. En algún momento el mecanismo hará click, por desgaste, por impotencia y por saturación. El abuso deja profundas roturas, pero como no se ve, como no se arrastra una pierna rota ni cuelga un ojo de la cara… no cuenta.

De entre más de 200 contactos, conocidos, compañeras y amigos de la profesión han reaccionado a mis publicaciones de las intervenciones en televisión, no más de 20 personas. Las cifras cantan. No necesito un «me gusta», ni un golpecito en la espalda, ni tampoco aprobación, es una interpretación que hay que aceptar: ‘Seguimos estando solas’.

Argumento y documento, todo lo que firmo y digo con mi experiencia personal. Tengo una memoria privilegiada y pienso usarla, tanto como el teclado de mi portátil. Ya sabéis que colaboro actualmente en 3 medios digitales.

Se lo debo a mi yo de hace 40 años. Por dignidad y porque puedo.


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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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