Algunos lo sabían

Alguien lo sabía. Muchos lo sabían. Hoy se llama Íñigo Errejón. Ayer se  llamaba Jesús Carballo. Otros pululaban, recientemente, por centros de enseñanza de arte dramático en Barcelona, Lleida y Reus. Sus comportamientos resultaban extraños, pero iban haciendo. Los pillaron, algunos se han librado y continúan, impunes, en sus nuevos reservorios de carne fresca.

Hay un mal torero y peor actor septuagenario, que se mueve por los alrededores del mal teatro, creyéndose el último dandy español, haciendo taquilla explicando sus indiscretos y viejos asuntos de cama con la folclórica oficial del país, y también se ha librado.

Las decenas de afectadas por sus magreos e intimidaciones entre bambalinas, en taxis, autocares y camerinos, lo sabemos. Cómo lo sabe la gente de la profesión, que prefiere darle una palmadita en la espaldas antes de calificarlo de cerdo y hacerle el vacío. Todas las compañeras y testigos silenciados durante cuatro décadas ganaríamos un juicio seguro… pero, ¿quien quiere meterse en este barro con tan pocas garantías de justicia? Es una lucha solitaria. Hace cuarenta años que lo observo, con la desconfianza y orgullo propios de quien sí que tuvo los arrestos para denunciarlo a la empresa. No sirvió de nada.

Habría que preguntarse si, en lugar de condenar los hechos cuando salen a la luz, no tendríamos que hacerlo cuando actúan absolutamente impunes en estas sombras que ellos mismos, y quienes callan, proyectan en una sociedad que prefiere vivir engañada, pero que es mucho de escandalizarse y señalar con el dedo a los medios o a escribir alguna sandez muy bien vista a X, eso sí, de lejos, para que la porquería no les salpique.

Son minoría quienes dan un paso adelante para que el acoso no vaya además. Defensores de causas perdidas y de penosos juicios llenos de sospechas y humillaciones hacia las víctimas. Ya saben los mantras, que no han cambiado con el tiempo: “Es mejor que te lo olvides si quieres continuar trabajando”, “Te ganarás fama de problemática”, “Sin testigos estás en peores condiciones”.

«Un reino para Tania (Doris)» 1983 Teatro Monumental, Madrid.

Ustedes hacen algo muy mal, tapando el evidente con maniobras de distracción. Entonces aparecen las frases preferidas de los enanos (sin distinción de género) mentales. Aquellos que no sienten la más mínima empatía ni tienen ningún conocimiento para poder opinar: “¡Te montas películas!”, “¡Que exagerada!”, “¡Te piensas que van por tí!», «¡Tienes manía persecutoria!” (manía sobra, la persecución existe). “¡No será para tanto!”.

Y la que define el talante de aquellos con quienes trabajamos, estudiamos o convivimos: “¡Ya querrías tú!”.

Callan porque no es asunto suyo, hasta que un día puede ser que sí que lo sea. Entonces nos encontraremos con más pantomimas de lamentaciones y condenas sobre el que todo el mundo sabía.

Sinceramente, saber que les pones… a todos estos babosos y babosas —como la santificada vedette retorcida a quién casi hay que dedicarle un monumento municipal— es más que mala suerte, casi es un insulto a la condición de ser una mujer bien parida.

¿Saben ustedes aquello de dar un golpecito a un dedo del pie roto? Cada golpecito de ignorancia manifiesta cae en el mismo lugar al alma de una persona herida y que no quiere herir. Destroza la moral, pero la hace más dura. Si de algo sirve la experiencia nefasta de antes, es para reconocer a quien tienes ante tus narices. Todavía daremos las gracias, se llama alerta. El instinto solo se aprende viviendo. De cada aprendizaje doloroso queda una cicatriz que recuerda la medida del corte de la espada.

Estamos rodeados de analfabetos emocionales, que de todo esto todavía sacan provecho. Esta es la auténtica debilidad y no la aparente de los hombrecillos que son incapaces de entender que en cada acoso no quedan víctimas sino supervivientes.

No es una fabulación de lunáticas, es una herramienta infalible. La mirada y el gesto automático de un abusador o de un cómplice no se olvidan. Conocido un abusador —de cualquier tipo—, reconocemos todos.


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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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