Esto no está pagado (Territorio Comanche)

Habrá quién cuestione el por qué seguíamos en el espectáculo si tantos problemas había en los años 80. Impagos; humillaciones gratuitas en ensayos; malos compañeros con demasiados espolones; viajes ilegales en día de descanso durante la gira; sueño no reparador en el autobús; soledad a pesar de estar rodeadas de gente en camerinos destartalados, plenos de inseguridades y envidias. Pensiones de mala muerte; bocadillos en la carretera.

No importa cómo, en el escenario, y no eran ansias de grandeza, todo esto no contaba. La satisfacción de ser libre era más grande que la dificultad de sobrevivir. Compensaba. Éramos jóvenes y podíamos permitirnos equivocarnos y retomar o cambiar el camino, en la parte que quisiéramos. Machismo sí, pero también profesionalización, rentabilidad de los estudios de años, solidaridad y ternura.

Me lo dijo una vez un familiar, en lugar de percibir el mérito solo veía poco pragmatismo. ¿Por qué no cambiaste de oficio? ¿Dependienta por ejemplo? La respuesta es sencilla. ¿En qué trabajo te garantizarían que todo esto no sucedería? Y, además, ganábamos en 10 actuaciones de discoteca y de fiesta mayor de pueblo o en dos semanas de teatro, el sueldo de aquellos que tanto nos criticaban y necesitaban trabajar en todo el mes. Pero lo más importante, mi motivación era que el sacrificio económico de mi madre y el mío, jugándome la vida en la carretera desde los dieciséis años para poder pagar las clases de danza no podían acabar en la basura vital. Era tenacidad. Era compromiso, siempre que no me llevara por mal camino.

Con el tiempo, vi desaparecer de los castings, de los bares del Paralelo, de las revistas musicales y de los ballets modernos líderes de Barcelona a muchas compañeras, que sí que eligieron otras ocupaciones más sencillas y seguras, es comprensible pusieron fecha a la ilusión y no querían proyección de futuro. Estaban tan hartas como yo del lado más oscuro. Después, el matrimonio… aquello de que los hombres no querían que sus mujeres se exhibieran ante otros.

Otras chicas, en cambio, estudiaron carreras, trabajaron todavía más duramente para cumplir sus propios proyectos y nos hemos encontrado ahora, celebrando la decisión de cada cual.

Lo describo en mi libro: ‘El sonido de la cremallera al cerrar la maleta para ir a otra parte, era lo más parecida a la felicidad’. En otro momento, esta maleta abierta sobre la cama en cualquier hotel de 4 estrellas… ya no tiene el mismo efecto. La aventura y el ansia, parece que tienen unos plazos. Te lo piensas más, por los riesgos y los desengaños. La seguridad no está en un piso. Tengo un heredado, fruto del esfuerzo de mis padres, donde no soy feliz, en una ciudad que antes quise y que ahora solo deseo abandonar.

La seguridad está en tu capacidad y en tu voluntad de hacerlo todo mejor allá donde crees que tienes que estar. El espectáculo de los años ochenta es, sin duda, fueran pensiones tenebrosas o apartamentos compartidos, teatros viejos o esplendorosos, donde tenía que estar para aprender y conseguir posteriormente todo, hasta llegar a hoy.

Creo, que todas nosotras desde entonces hasta ahora, lo hemos hecho mejor independientemente de habernos dedicado a esto o no. Nos robaron las cotizaciones a la Seguridad Social, pero no nuestros sueños que, insisto, para mi se llamaban trabajo.

Éramos necesarias para mantener la industria de todos aquellos que se hicieron ricos, porque sin mujeres coristas no habría espectáculo. Teníamos siempre donde ir, mercenarias a la fuerza, y conseguir 120 € por dos o tres horas de espectáculo decente.

Hay una entidad llamada ‘Consell Esportiu Escolar del Baix Camp’ que en 2009, me ofreció 9 € por hora para dar clases en el AMPA de un colegio Cambrils. Yo no les pedí nada, me envió la presidenta del AMPA para externalizar el gasto. La entrevistadora era psicóloga infantil. Bien, yo tenía más de cuarenta años y solo iba a formalizar una factura. Cuando le dije mi precio, que no aceptaba su presupuesto, que no era una monitora sino una coreógrafa y profesora con más de veinte años de experiencia y que ganaría más limpiando oficinas, me puse en la cola de los descartados.

Salí de allí, totalmente tranquila. Seria por el Nolotil, el diclofenaco y el tramadol —vaya, que estaba encantada de no suplicar y andaba sobre una alfombra de nubes— del reciente cólico renal al acabar de salir de un ingreso hospitalario de cinco días. O, me decanto por la particularidad que viene de fábrica, no hay cosa que me motive más que me reten. Inteligencia, honestidad… amor propio, da igual. Trabajé claro que sí, no perdí nada, ya que todas las alumnas de cuatro cursos del colegio me siguieron cuando ofrecí mis clases a una Asociación Cultural, en el Centro Cívico, justo al lado. Por cierto, desde el hospital, estuve al corriente y dando instrucciones por el móvil a las alumnas mayores que debutaban en  La Nit D’Artistes de Cambrils.

No dejaría de ser una vergonzosa anécdota de como las empresas de servicios en la educación con grandes ínfulas en Tarragona acaban con nuestra profesión de la danza y cito eslogan en su web: ‘Una manera diferent d’entendre l’esport, el lleure i la formació’ Som referents a la nostra comarca en serveis esportius, educatius i de Lleure. (‘Una manera diferente de entender el deporte, el ocio y la formación’ Somos referentes en nuestra comarca en servicios deportivos, educativos y de ocio).

Son referentes, bla, bla, bla, pero cuando coincidimos en un polideportivo por las olimpiadas escolares, no sabían poner los altavoces correctamente y permitieron que todos los bailarines de las escuelas participantes del Baix Camp hicieran el ridículo, porque el sonido de retorno los hacía ir desacompasados. Cuando avisé con mucha educación del error, la encargada de la entidad me envió ya sabéis dónde.

Pero más allá de esto, la crítica, a mi derecho de no prostituirme en su ejemplar institución, me llegó (tengo la captura de pantalla) en el Messenger por parte de la pareja de una de las trabajadoras y jefas, quien frecuentaba el mismo bar que nosotros. Esto es inadmisible. Todavía espero una disculpa formal. ¿Cómo una entidad tan seria consintió que una conversación confidencial fuera tema de chafarderos de tasca? Que te quieran eliminar de un trabajo que te buscaste tú sola y avergonzar para defender un sueldo de acuerdo con tu valía. Impresentables. Es el Territorio Comanche, no busquen más lejos.

Aquellos que hablan de oídas, puede que incluso piensen que el oficio de mujer artista de aquellos años y más recientes, era para estúpidas. En realidad, este entrenamiento entrando y saliendo del escenario, de los castings, de trabajar con lesiones bajo la amenaza de perder el puesto, apartar manos largas y callar rumores infundados, nos hizo muy eficaces en cualquier aspecto de la vida.

Poderosas. Por eso, sabemos decir que no.

Somos unas privilegiadas y podemos explicarlo con orgullo. Esto señores y señoras, no está bastante pagado, lo hacemos porque podemos. No tengan ninguna duda.

Dedicado a mis buenas y excepcionales compañeras, de los años ochenta y noventa.


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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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