Italia, y el mundo de la música dicen adiós a Pino D’Angiò.
Los fiesteros, discotequeros y nostálgicos se han quedado huérfanos y yo escribo con la memoria en orden y los sentimientos revueltos, sobre su influencia en mi vida y su legado personal. Ayer me comunicaba su fallecimiento el amigo Gianni y casi no podía creerlo. Desde que nos conocimos en 2015, Pino estuvo preparándome para este momento. Estuvo retando a la muerte cada día, bromeando con ella, desde que se le diagnosticara el primer tumor en la garganta. Pino no quería ser llamado cantante, era un artista. Operado y sabiendo lo que se le venía no dejó de fumar. Aprendió a usar la voz sin las cuerdas vocales.
Nuestra extraordinaria historia dio comienzo con uno de mis videos de animación en plan fan y sin pretensiones de ‘Ma quale idea’, que llegó a su conocimiento. Entonces, en una extraña confluencia de euforia, creatividad explosiva, visión de futuro y melancolía que nos permitíamos explorar, me propuso crear los cuatro videoclips de los temas para su álbum ‘Dagli italiani a Beethoven’. De todos ellos ‘Notte segreta’ fue el más difícil, emocional y satisfactorio. Venía a resumir su propia experiencia en las peores horas.
Aprovechando que tenía que grabar un programa en RTVE en Madrid, vino a casa en Miami Platja, con su mujer Teresa, conocieron los calçots y otras delicias catalanas. Lo pasamos, mi marido, ellos y yo bien, relajados y al día siguiente los llevamos al aeropuerto de El Prat.

También, fui la responsable de crear el vídeo oficial de ‘Ma quale idea ‘ remix 2016 para Dj Jamie Lewis, productor de Purple Music en Suiza. Lo propuso Pino, que estaba encantado con lo que fue el primer videoclip oficial de un artista, en la plataforma IMVU.

Entonces nos embarcamos en algo grande y muy personal, el musical ‘La notte in cui Glen Miller e George Gershwin andarono a cena’ que había realizado anteriormente a su enfermedad, para su particular gozo y con nombres de primera línea de la escena italiana, entre ellos Irene Fargo y Nino Castelnuovo.

Trabajamos muchos días con correos electrónicos, llamadas de teléfono y algunos viajes. Él decía que yo era su alter ego artístico. Alguna vez, habiendo quedado para repasar el trabajo escrito, me quedaba eperando. No había llamada. Al cabo de unos días, Pino me decía: «Perdóname, ayer fue un día complicado». Ni un lamento, ni asomo de drama. Aprendí italiano con él, traduciendo el guion y las canciones al español. Me permitió meter mano en su obra, criticar, sugerir, modificar y crear con plena libertad. Desde el estilo de escenario, los efectos mágicos, el vestuario y hasta la coreografía. A veces me decía que esto o aquello era un problema. Yo, al teléfono me reía: ‘No Pino, es solamente una dificultad, no hay problemas en esta obra, hay alicientes y riesgos pero también muchas satisfacciones’.
Todo iba bien, aunque de vez en cuando en uno de esos días complicados Pino se sumía en esa nube que le impedía funcionar. Lo teníamos todo preparado para presentarlo a algunas productoras y así comenzamos, con la anécdota de un encuentro que no llegó a suceder con una productora de Madrid aunque yo lo llamo falta de educación, ignorancia y soberbia. Yo pensaba en otras productoras y seguimos sondeando.

Yo decía que era la última cosa que pedía incluir en la obra. Y él respondía que sí, que hasta el día siguiente. Las aceptaba todas, riendo. Y yo respondía: ‘podría ser peor, pedirte apartamentos, joyas y caprichos, podría ser mala pero solamente te pido incorporar detalles diabólicos’. Si escribir un libro se abandona para poder publicarlo, ¿qué ruptura necesita una obra? No llega a rompimiento del alma, para mí una obra no es un negocio es una parte no física de uno mismo. Con la que sientes el erizar en la piel, los ojos húmedos, el pulso acelerado, todos los vaivenes emocionales que nos podemos permitir en lugar de censurar.
Cuando me dijo que el trabajo de gestación del musical se había acabado, casi dos años después, lo celebramos solos en el Maremágnum de Barcelona, después de visitar una productora y tuve el mismo sentimiento de pérdida que ahora. El artista con quien mas he conectado en este deambular de bohemios de fortuna. Por esa grandiosa, a la vez plácida, humorística y certera compañía en este camino tan extraño sentí que se acababa algo más que la obra. Me he pasado la vida perdiendo a gente que quería o me importaba. Desde la escuela de ballet. Las compañías en gira. Los lugares donde he vivido. Acogiendo y despidiéndome, comprendiendo que los caminos se separan, que el cariño no se pierde pero… Pino ha sido la única persona que ha disfrutado esa locura creativa conmigo, al 100% sin reparos y sin susceptibilidades, se reía… se emocionaba, se asombraba y nuestras sesiones eran vibrantes. Pino, decía que trabajar conmigo era una fiesta, su recreo. A mi me pasaba lo mismo, no necesitaba evadirme de la realidad y con él, las horas volaban en busca de la perfección. Siempre estábamos felices. Lo nuestro fue una colisión de energía brutal.

En un momento muy intenso de esta relación, Pino quiso ir a por el mercado hispano-americano, pero la enfermedad estaba ahí siempre amenazando y era muy difícil gestionar entrevistas. Habiéndome preparado tanto para su fallecimiento, al igual que hizo con su amada familia, me dejó la tarea —una herencia con contrato— de llevar el musical adelante con plenos poderes. Para este país que se nutre de famoseo y de protocolos de admisión como si esto fuera Broadway, yo no era nadie. Él siempre me decía: ‘Con una sonrisa, pero el contrato’. Y así lo aseguró para mí, para su familia y para que su legado no se perdiera.

Pino incluso padeciendo su enfermedad, estaba en posición de ventaja. Podía permitirse desestimar cualquier cosa, cansarse y aburrirse. Sin embargo, aunque no tenía la energía para ir de productora en productora, sacó las fuerzas que le dieron un poco más de vida; los conciertos. Esos revivals en los que ha aparecido y arrasado, la próxima fecha a cumplir y ese cariño de la gente que no conoció sus éxitos en el verdadero momento hace más de 30 años, son los que lo han mantenido vivo. Me disgusté, cuando participó en la gira de ‘Yo fui a E.G.B.’ colgando, de momento, la realización de este proyecto que había llevado más de dos años de mi vida (y de la suya) solamente dedicada a esto. Me estaba quedando sola. Era su elección y a pesar de la decepción entendí que era lo que él más necesitaba, disfrutar y ser intérprete —puede que por última vez—, en lugar de director.

Detrás del personaje, había un ser humano que conocí en profundidad por muchas confidencias y planteamientos existenciales que compartimos durante todos los estados de ánimo imaginables. Las euforias creativas también van de bajón. Las cosas cotidianas influyen en el resultado. La única cosa que le pedí al señor Chierchia, era que se despidiera cuando creyera que llegaba el momento. No podía con más incertezas precisamente por respeto y cariño. Me dijo que sí. No lo ha hecho, se ha ido, pues estaba ahí de forma latente. Siempre había una posibilidad de retomar o ilusionarse. No sabíamos, tampoco, cómo despedirnos sin romper esa unión profunda espiritualmente que pudo ser más económicamente productiva en otras circunstancias. ‘Forse’ (Quizás) es el título de uno de los temas del musical y uno de nuestros muchos guiños de complicidad cuando hablábamos.
La industria de la música italiana contiene grandes rivalidades, Pino siempre me habló correctamente sin mostrar debilidades en ese aspecto. A veces, cuando yo insistía en algo que consideraba imprescindible para la obra, y él no lo tenía tan claro, le amenazaba de una forma pueril y ni aun así: «Mira que me voy con Sandro Giacobbe, o con Jovanotti». Él se reía y al final decía: «Haz lo que quieras, pon lo que quieras, tú eres tan dueña como yo. Somos socios». Pino estaba a otro nivel y teniendo en cuenta que estaba dispuesto a litigar por cualquier detalle con las discográficas, debo considerar su compromiso un honor.
En estos momentos, al escribir siento el vacío y la pena de no haber podido compartir, todavia, mejores momentos. Nos tocaron aquellos. Aún siento la misma lealtad y gratitud. Nuestro trabajo fue la comunión mas perfecta que he conocido, y descansa entre mis archivos como el bien preciado que es. Un día de esos de medicina y ausencia, le dije por correo electrónico; «Pino, ya hemos llevado esta obra a los ensayos a cual más divertido. Ya la hemos estrenado, nos hemos reído, bailado y brindado… ha sido un éxito».
‘El pacto’ nuestro musical tal y como se titula en español, solamente será vendido como una producción importante. Sin recortes, sin regateos y sin miserias empresariales. Nos fue la vida en ello, una llena de entusiasmo; continuo conocimiento, documentación exhaustiva y fuerza. Y si no se vende, sin drama, lo hemos disfrutado como niños con un juguete muy novedoso, exclusivo y tremendamente complejo.

Es cierto que en el transcurso de una vida, somos muchas personas.. No queda nada de aquella Carol de 2015 que aceptó la invitación de un artista de su talla movida por la curiosidad y las ganas de agitar ambos universos. Nunca hubo lugar para el ego… las premisas estaban claras. Queda todo lo hecho con amor, capeando aquellos días de su dolor que a nadie interesaban. Siempre con la voluntad de mantener la felicidad y que cualquier sufrimiento solitario fuese menos.
Para la obra, le pedí una introducción con carillón, y lo hizo… no solamente eso, a medida fui creando imagenes del proyecto, también compuso más canciones que fuimos incorporando. Al ponerme a hacer un video que ilustrara mis emociones al respecto, constaté una vez más que las personas llegan por una razón o una ocasión. ‘Ultimo Carillon’ sin acentos, porque está escrito en italiano. Supe que por mucho que doliera, debíamos alejarnos para evitar el apego que nos limita y la costumbre que nos apaga. Me costó aceptarlo y lo pasé mal, porque discutiendo —que no peleando—, estábamos inmensamente vivos y nos creíamos capaces de afrontar cualquier dificultad mientras Miller, Gershwin y él, Chierchia, pusieran la música y yo, como él decía, la fantasía. Esta visión animada que dejo abajo es totalmente actual, con fragmentos de las escenas y caracteres de la obra en la que trabajamos. Refleja este presente sentimiento final.
Sin demostrar miedo y sin permitirse tragedia, Pino se mentalizó para lo peor y con ello a nosotros. Conocernos ha sido un regalo de la vida. Deja un poso de serenidad y palabras, muchas palabras que no pueden llenar ese vacío ni ocultar esa tristeza por la poca amabilidad con la que le ha tratado la vida que él tanto amaba y compartía generosa y tan elegantemente. En justicia le dedico lo que siento, como siempre. Él nunca hubiera querido lágrimas.
Arrivederci… caro amico Pino D’Angiò. Ti voglio bene.
Le mie condoglianze a Teresa R., Francesco C. alla loro famiglia e ai loro amici. Mi sento triste. Grazie per la complicità e la creatività condivisa. Grazie per tutto.
Riposa in pace.
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Es muy interesante