Cosas que me dejé en el tintero #06
En 1995, estaba con mi Ballet Elite’s Show acompañando a mis queridos hermanos Calatrava y la vedette Melissa en el teatro Arnau. No lo busquéis ahora, da mucha pena contemplar tanta degradación que se podía haber evitado. Representábamos “La creación”, una obra divertida con unos temas musicales que hoy en día siguen siendo actuales.
Una tarde del mes de abril, me encontré delante de la puerta del teatro Condal a un ex compañero de la revista de Colsada en 1981, a quien proporcioné trabajo tanto en el Ballet del innombrable de la Barceloneta en 1982, como en la película de Colsada de 1983. Era lo normal, pasarse datos entre compañeros. La relación había sido amistosa y como tantas otras, se fue diluyendo con el paso del tiempo, los cambios de residencia y la pérdida de los números de teléfono.
Nos pusimos al corriente de casi una década de nuestras vidas, hablando de todo un poco. Yo sabía de su trayectoria porque era visible en Barcelona con algunas compañías notorias. Él no sabía más pues entonces ya vivía en Salou y no me prodigaba en los corrillos de la ciudad. Confiada en el recuerdo de aquellos buenos tiempos pasados, muy contenta por aquel encuentro, cometí la imprudencia (aunque a mí no me lo parecía), de contarle que los propietarios del Arnau, Jordi García y José Antonio Puente, nos habían propuesto a Ángel Amar y a mí, allí mismo en el escenario al acabar la función de tarde, hacía unos días, a un productor cuyo nombre no recuerdo, para realizar la coreografía de una obra titulada “De Montmartre al Paral.lel”, emplazándonos a una reunión formal para estudiar el proyecto. El productor tomó nuestro teléfono y quedó en llamarnos.
El compañero y yo nos despedimos efusivamente y volví al Arnau.
Pasaron los días. Se estrenó la obra entrante, “Buenos Aires, tango”. Después de esa estancia en el Arnau, teníamos los bolos de verano con Ardévol, variando un poco el repertorio y el título “Humor a primera vista”, contando con el querido Joan Gimeno en el elenco. No, la vedette que era otra distinta del Arnau, no la voy a mencionar. Yo coreografío para quien quiero, no para quien me lo exige y menos sin ningún beneficio.
Seguía viviendo en Salou, la furgoneta recogía a los bailarines en Barcelona y nos pasaban a buscar camino del bolo. Todo el verano fue bien, y tuve la suerte de montar la coreografía de la Pasarela Infantil para “Moda del Sol” en IFEMA con el gran director Egidio Ghezzi, quien llevara Estudio Buque, organizando Cibeles y Gaudí. Egidio, era y es una persona elegante, creativo, de gran cultura y tremendamente hábil con la pasarela y los eventos para crear escenas de gran impacto y belleza. Me trató muy bien y aprendí mucho de su forma de enfocar la puesta en escena, es justo decirlo, durante aquellos 4 días en Madrid. Para aquella experiencia estupenda me llevé a Lola Lloberas, una de mis bailarinas debutantes en el Arnau. Fue un éxito.
Vuelvo al teatro. De aquella propuesta que parecía tan seria nunca más se supo, hasta que ví el anuncio de “Montmartre al Paral.lel” y en la cartelera, el nombre del compañero que sabía de antemano sobre aquella propuesta que Amar y yo habíamos recibido. No pregunté, ah no…

Esta anécdota, no es tan singular si se tiene en cuenta que unos años más tarde el compañero y amigo Lamberto García coreógrafo de “El Molino, en gira”, me propuso (me llevó literalmente), como coreógrafa y productora del ballet para Scenic después del fracaso del estreno del local de “ya sabéis quien”. Al salir de la reunión con Isidro Santos, gerente de Scenic, regresé a Salou tranquilamente con el tren. Unos días después me enteré de que algunos compañeros, sabedores de esta reunión (ignoro cómo) llamaron a Scenic para proponerse como candidatos.
Vamos a dejarlo en una coincidencia.
Como bien decía Ángel Amar: “en esta profesión solamente no se sabe lo que no se piensa”.
Ignoro, si nos perdimos algo. En virtud del capricho de mis astros y de la eficacia de mis ángeles custodios, seguramente fue lo mejor que me pudo pasar. Tengo muy claro lo que no quiero, si no debo estar o si el proyecto se cae es por algo superior y no precisamente un “master plan divino”.
En esta historia de proyectos no consumados, ilusiones laborales y falsas esperanzas, reside el espíritu de mi libro “MEMORIAS DE UNA CORISTA”. Por muy feo que se ponga, por mucho que duela (querida M.N. acaba de leerlo, me importa tu opinión) por tantas cosas “malas”, según otro compañero de profesión con aprecio mutuo… la cosa, tal y como me resume mi marido va así: En la “Unternehmen Barbarossa” también pasaron cosas malas y la Historia no las cambia, es tu biografía.
En ese sentido, las experiencias que explicaba Ricard Reguant, en su blog y en su Facebook, con algunos productores ponen los pelos de punta. Selvin también contaba algunas anécdotas en su libro “De ilusión también se vive”, sobre la poca lealtad y los tejemanejes que existen en este gremio.
Las luces son facilitadas por el recibo de la electricidad y el reflejo de los trajes brillantes. Las sombras, las producen las personas. Esto sucede a todos los niveles, desde Hollywood; Broadway, el West-End y hasta el último garito de cualquier país sin tradición artística. Tampoco es cuestión de educación o de cultura.
Dicho de otra manera, cuando mi marido me preguntó hace años que si nos tocara la lotería invertiría en montar un espectáculo respondí tajantemente: “No. Si nos toca la lotería, viviremos tranquilos y haré todo lo que no pude por tener que trabajar en la cuerda floja. No pienso poner un euro en una producción para satisfacer mi creatividad. No tengo espinas que sacarme y menos aún tengo la intención de construir algo bonito para alimentar a las hienas que acostumbran a pulular en este territorio artístico”.
Es lo que hay. Sin ser millonaria ni empresaria he dado trabajo a costa del mío, de mi economía, de mis relaciones y de mi salud. No me pongas etiquetas, de todas formas te equivocarás. Tampoco te confíes, esto no es el canto del cisne, diría que más bien estoy en la casa de reposo preferida del ave Fénix.
Fin.
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