Artistas distintos y experiencias similares.

Ayer, otro compañero de profesión volvió a decirme lo que tantos: se sienten identificados con lo que escribo o cuento.

Somos diferentes, vivimos situaciones distintas y sin embargo hay unos denominadores comunes. El sueldo; las putadas personales; las alegrías; los buenos compañeros; las estafas y las condiciones laborales, la incertidumbre y el grado de éxito. Nosotros tuvimos suerte con un trabajo a diario. Sin sufrir grandes percances o accidentes. Podíamos aspirar a mejorar nuestra calidad de vida, trabajando duro.

Creo que hay que contarlo, que en el espectáculo nada es gratuito, ni valen «enchufes» o recomendados. Que hay que acabar con mitos, prejuicios e ignorancia.

«Los oídos sordos no callan las palabras necias».

Creo, repito para no parecer imperativa que es mi modo expresivo pasional, que contar las vivencias (sean subjetivas o no) pone a todos y a todo en su sitio, más que el tiempo o cualquier ser superior imaginario que «castiga pero no premia».

A la juventud y la euforia de aquella pasión por lo que hicimos porque pudimos y hacemos cuando queremos o creemos que nos merecen, le han sucedido los cambios en la salud, el entorno laboral tan inestable y las modas. Llevarse a la tumba, la experiencia vital es respetable, aunque dejar constancia es «educativo» para estas generaciones que se basan en «cursos y cursillos», títulos (incluso inventados) y un CV, lleno de palabrería oficial y poca experiencia sobre el escenario.

Hemos visto subir y bajar. Éxitos y fracasos. Bienestar económico y carencias importantes. Hemos vivido en equilibrio sobre la ola desde su inicio hasta el choque con la orilla, la roca… o la nave. Eso de que es más importante «mantenerse que llegar» es un enunciado muy de los años ochenta. Mantenerse es para los funambulistas. Lo demás, lo nuestro ha sido sobrevivir y supervivir.

Ahora un artista de Hollywood debe, además de pasar el casting, demostrar que tiene «followers». Esto da una idea de la medida artística que se gasta.

Se me ha conocido por hacer declaraciones sorprendentes, curiosas e incómodas y por levantar la esquina de la alfombra roja para mostrar la basura con la que nadie quería comprometerse. No tengo remedio. Mi conflicto con la autoridad, me salva de ser una borrega social, trabajadora pasiva y víctima del abuso de poder.

Y aún tengo más que contar, sigo «valiendo más por lo que callo» y no, no soy esclava de lo que digo… soy dueña de mis palabras, de mi vida y de mis actos.


Descubre más desde Memorias de una Corista

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

Deja un comentario