Retornada de Oz, los musicales

Mi amor por el musical, comienza con el cine en blanco y la pasión por el swing, con Fred Astaire, y el jazz con el coreógrafo Jack Cole, aunque luego fui sumando otros talentos inolvidables. A partir de la base de aquellos maestros que me cautivaron en la televisión desde una edad aproximada de diez años, me resulta más difícil reconocer y sentir ese amor apasionado de juventud por el musical en directo, teniendo en cuenta que un teatro siempre será mi lugar de culto.

Desde el camerino hasta el escenario, existe un espacio inviolable que reconecta pasado y presente, emociones y proyectos, pero no de cualquier modo. Lo digo, porque no soy público de teatro de texto y por la coincidencia de que me ha pasado con el musical como con el anuncio aquel de “le quieres, pero no tanto”.

Finalmente; retornada sana, salva, madura y consecuente desde el país de Oz hace ya tantos años, debo admitir que nunca quise trabajar en una obra musical como intérprete. Soy incapaz de afinar y no he tenido vocación de “artista viviendo en los límites de la pobreza” tal y como se define a los trabajador del gremio en un estudio nacional de 2021.

Hubiera podido coreografiar, pero para eso se necesita un director de cabecera, una productora que te respalde y no soy de bailarle el agua al poder, ni de morir de frustración por una ilusión que al final, después de hacer cuentas te quita más de lo que te da. No obstante he recreado partes de musicales populares sin imitar a nadie y disfrutando mucho. He creado una obra original aunque en el ámbito turístico, por lo tanto no parece serio aunque nos fuera el puesto, el sueldo y el bienestar en ello, aplaudida por miles de personas de 7 nacionalidades diferentes. He participado en la actualización de un musical ya estrenado en otro país hace unos años, metiéndole mano con el permiso y complicidad del autor y cuyo guion se empolva en mi estantería, por mala oportunidad, “ a buenas horas”….

El desenamoramiento me pilló cansada de todas estas pamplinas, reconocimientos, premios y reivindicaciones de un género replicado de país en país, buscando hacer de Madrid el “Broadway español” ya que el empresario Colsada se equivocó al vaticinar que eso sería el Paralelo de Barcelona en los años 80. La cartelera va reanimando viejas glorias que en realidad fueron películas y cuyo objetivo es despertar la nostalgia ochentera y noventera que llevamos dentro antes de que seamos incapaces de acordarnos. Son cantos de cisnes para la generación que vibraba cuando era joven. Me niego a ver a Francesca y Robert de «Los Puentes de Madison» porque el trabajo de Meryl Streep y Clint Eastwood, como el silencio si no se va a decir algo importante, no se puede mejorar en un teatro y menos cantando. Es mi opinión y me da igual que se desapruebe o censure.

En cambio la revista española que sí es nuestra ha ido decayendo por antigua, más lo es la ópera. De moderna, la zarzuela no tiene nada. Valiosas manifestaciones, sin duda. La revista se desfasó para estos tiempos y los otros géneros cuentan con el aprobado de un público fiel, bajo ese lema que nadie osa discutir “cultura”, con la ayuda de algunas instituciones estatales. Es que la cultura “no es igual para todos” como la justicia. No nos engañemos, como decía un maestro de oficio y vida: “Si notas que el culo se queja en el asiento, la obra es mala”.

Rara es la obra musical que soporto hasta el punto de arrepentirme de haber pagado una entrada o de apagar la pantalla si la veo en video. Me satura. Nada me sorprende o impresiona desde Moulin Rouge, el renovado West Side Story, Les miserables y le tengo aprecio a La la Land, vistas en el cine. Soy exigente como público y como trabajadora, tanto que lloro de emoción, auténtica satisfacción por apreciar el talento que se me pone delante, sin contar que a imperfecciones y fallos seguramente no me ganará nadie aunque a original pocos.

La originalidad está mal clasificada y poco valorada; hay que parecerse a algo conocido, no resultar diferente y no incomodar demasiado, para entrar al trapo bamboleante del “empleo de tus sueños” que luego resulta ser lo de siempre; envidias a gogó (no sé lo que es eso), deudas… quirúrgicos acortamientos de contrato y permanencia… lamentaciones del “mal de la incultura” que en este país es lo más escuchado junto a la cantinela del autor  “no entienden mi arte” y los sueldos. Señores y señoras, sueldos que son superados por cualquier oficio de servicios, por ejemplo los muy dignos de limpiadora de planta de hospital o cocinero de catering de colegio.

Mi alejamiento del teatro musical ha sido progresivo y creo que es irreversible. Aquí no hay fracaso que valga, pues no se han dado las condiciones para que hubiera podido realizarlo y soy partidaria de “pregúntame lo que puedo hacer y no lo que he hecho”.

Quizás lo que más hace revolotear la mosca detrás de mi oreja es esa exclamación compartida de “estupendo”, por parte de personas que creía que tenían cierto criterio. La opinión en redes ya no tiene borrado y sigue siendo más oportuno hablar bien de algo aunque sea mediocre o directamente malo. Halagar y gustar al precio que sea, esas son las premisas para obtener la gloria de un papel, entre quienes dominan este comercio, negocio suena demasiado importante. Nunca se sabe cuándo alguien te va a rescatar del olvido, una cosita: los amigos no. A los amigos tú les das trabajo, aunque sea un bolo de mala muerte que paga la luz y el gas de un mes, proporcionas el contacto de una productora así a lo loco por azar y buena fe, pero ellos no te darán nada jamás. Hace unos años me contactaron para «pedirme ayuda» dos veces: una era la sugerencia de una compañera de pasar contactos a un coreógrafo de los «serios» que nunca se ha dignado hablarme, y otra era una coreógrafa que quería hacer cosas conmigo para textualmente «aprovechar mi experiencia y contactos e ir juntas de la mano»: Yo voy por libre, es más seguro. Tampoco entiendo que se otorguen premios de teatro musical por internet sin ningún rigor, sin siquiera haber visto la obra, solamente porque el colega de turno te pide que le votes las veces que quieras. ¡Qué necesitados están algunos de prestigio de alquiler!, para reafirmar su trabajo y vender butacas.

No se me ocurriría jugarme el dinero de otro. No, no. Por eso me hice productora de mi ballet comercial, para trabajar y no porque me vaya el rollo empresarial. A favor tengo que cuando he sido contratada para realizar alguna obra, esta nunca ha generado pérdidas, ni calificaciones bajas, ni cierres. Claro, esto con la hoja Excel en la mano, en una oficina que no contempla el amor al arte, es más que una presunción de calidad, es un hecho.

Estoy muy contenta de haberme dedicado al espectáculo comercial o musichall. De haber conocido las canciones de Chicago; Mame; Gipsy; Sweet Charity; All that jazz; West Side Story; Hello Dolly, y tantas otras trabajando en el escenario con coreógrafos no consagrados por la eucaristía del actual postureo, que ahora son ignorados, la vieja guardia arrinconada por el coreógrafo de moda de “comercial dance”, después de haber culturizado durante más de 40 años a este país de “pandereta y barretina” en espectáculos arrevistados.

Tania Doris contó con un arreglo del tema «Yes», en la revista Deseada de 1985, que se hizo muy famoso anteriormente con el especial de televisión «Liza with a Z» . Bibiana Fernández usó «Mi ley» que en realidad es «Crunchy granola suite» de Neil Diamond en la revista «Una noche con Bibi» en 1985 y Concha Velasco hizo su plagio de «Steam Heat» (The pajama game) en «La reina de copas» con la revista «Mamá quiero ser artista» en 1986. Qué curioso, estos tres temas puestos en escena por Fosse.

«Showtune» de Jerry’s girls – Jerry Herman enTV3 1992 Ballet Elite’s Show en «Això és massa».

Yo, que solamente tenía un ballet comercial o estaba contratada en otra empresa de entretenimiento hice lo mismo… me llevé lo que más me gustó de Broadway a mi terreno; The phantom; Aplausse, The Wiz; Copacabana; Sugar Babies; Follies; Bubbling Brown Sugar; Ain’t Misbehavin mi preferido y más actuado, sin pretensiones de fama ni de éxito pero con amor y profesionalidad. Esta es la diferencia, no teníamos Instagram ni vídeo molón para fardar de “siempre lo mismo”, pero luchábamos cada día por dar espectáculo al alcance de todos y sin tantas ínfulas. Por mucho videomapping y efectos especiales, por mucha promo de impacto que luego en el directo pierde el gas del descorche, este género seguirá siendo riqueza de unos pocos que nunca dejarán pasar a quien piensa y crea diferente sin ser un iluminado o «de profesión incomprendido».

Fragmento del Musical «Ain’t Misbehavin'» de Fats Waller – Ballet Elite’s Show / Carol & Co. Restaurante-espectáculo «Galas» Salou 1993.

Por cierto, y para las generaciones que tanto aprenden en escuelas especializadas; empecemos por decir que “en un teatro no se silba” por poder causar un accidente. Que los coreógrafos saben qué tela y luz corresponde a un baile, se arremangan para peinar pelucas, zurcir mallas, revisar calzados peligrosos y que no pueden ni deben desvincularse de sus bailarines y mejorar las condiciones de trabajo… no hace falta sindicarse para ello, y luego ya hablamos de teatro. Dejamos de jugar a las casitas con el pan que nos ha sido robado por rendirse a la modernidad de esa globalización que nos dirige hacia qué y quién debe gustarnos, como meros consumidores, sin tener en cuenta lo que de verdad importa. Qué y quienes somos.

No me tengáis por conservadora, soy revolucionaria y eso siempre será un impedimento para los acomodados. Estoy al pie del cañón pero no hay donde disparar ni batalla que librar… haya paz y haya vida… después del espectáculo.

Adiós teatro musical, sin acritud te lo digo, me  quedo con las joyas del cine como “Melodías de Broadway 1955”, The Band Wagon, que ví la semana pasada diciéndole a mi marido: “me sabía de memoria el dúo de Cyd Charisse con (mi) Fred Astaire”… con la escena del garito de gánsteres que fue imitada posteriormente por Michael Jackson en el videoclip de “Smooth criminal” de 1988.

El “corta y pega” del musical hasta el espectáculo comercial se resume en cuatro gerundios; cerrando los casinos, clonando los circos, desacreditando la animación turística y sobreviviendo en los cruceros. Visto uno, vistos todos.

Si hoy surgiera un coreógrafo llamado Bob Fosse, no le haría caso nadie. No tengo una especial devoción por él, es más algunos temas no me gustan nada. Su estilo no se parecía a ningún otro, y eso en el presente se paga mal. Además su baile no acentuaba con agresividad desproporcionada ni sexo obvio, conceptos absolutamente repetitivos en las coreografías actuales. Elegante sí y extravagante también. Fosse fracasó en algunos montajes y nadie se lo tiene en cuenta para hacerle homenajes que resultan, llanamente, en apropiarse de su estilo dando cursillos, montando obras y pasando por caja como nuevos o expertos creadores. Me maravilla que cada vez que se estrena «Chicago» se publicita a cual más auténtico, cuando lo genuino y verdadero murió con él.

Dicho esto; no hay nostalgia, no hay queja… no hay más que la sensación de que ha pasado una época y que no es sano, adaptarse por fuerza o necesidad a lo que no gusta ni convence.No me habléis más de teatro musical, ni de espectáculo a no ser de mi trabajo que no será perfecto, que nada tiene que envidiar a lo que contemplo, por muchas bellezas distintas que pueblen el género, y que no causará más daños colaterales a los artistas, ni estropicios económicos con expectativas que no se pueden cumplir.

Dicen en Broadway “ no quieras resucitar a un musical muerto”. Estoy de acuerdo, por eso siento que artísticamente camino entre zombis a quienes se les han acabado las ideas. Como no voy a New York, tampoco puedo opinar sobre las obras de Lin-Manuel Miranda y otros posibles innovadores de taquillazo garantizado. También se dice allí “que tu amigo se alegra de que te vaya bien pero no mejor que a él”. De verdad que os vaya bien. Me dí de baja hace años de esa exposición de “qué invento es este” que diría la Saritisima pillada, sin poder vender la exclusiva de su boda con el cubano que se enamoró de ella por el cine… como yo del musical.

Vendo mi colección de vinilos originales de musicales, a tal punto he llegado. Ya pasó.


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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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