Misoneísmo, ahora vas y lo cuentas

El pasado mes de Enero me entrevisté con dos alcaldes que me conocen lo suficiente; Pere Granados en Salou y Oliver Klein en Cambrils. El motivo era agendar la presentación de mi libro.

Vamos por partes; soy de Barcelona, del distrito de Sant Martí, donde nací y viví 33 años, teniendo en cuenta que durante ese periodo también residí en Pza. España al otro lado de la ciudad por unos meses y en innumerables pensiones, hostales y hoteles durante las giras, incluyendo especialmente las ciudades de más larga estancia por semanas o meses a lo largo de ese deambular nacional; Zaragoza, Valencia, Alicante y Bilbao.

Cuento esto como lo que és, una anécdota, no hay tono; ni queja ni sorpresa… ni lamento ni celebración.

Puesto que no resido en Barcelona desde 1994, tengo que decir que la sede del Distrito de Sant Martí, me facilitó con gran eficacia y amabilidad, los medios adecuados para presentar “MEMORIAS DE UNA CORISTA”, contando con la dirección del «Centre Civic Sant Martí» y la entidad que me acogió para celebrar el acto, «La tela de Penélope». Perfecto, todo fue muy bien. Si alguien se planteó que yo no era miembro activo, vecina actual del barrio no lo sé a ciencia cierta aunque hubo una persona que directamente me dijo que “yo no tenía nada que ver con Sant Martí”… a saber; mi barcelonismo y “santmartinismo” es indiscutible pues así consta en los documentos de nacimiento, padrones, registros escolares, etc.

Sirva decir, de vuelta al libro, que la respuesta del Consistorio de Cambrils también ha sido muy amable y eficiente. Profesional e igualmente cálida. Y que en Salou me están haciendo el hueco a la medida de sus posibilidades que no hay prisa ni exigencia por mi parte.

Durante unos años, estuve residiendo en Salou, exactamente desde 1994 hasta 2004. En esa ciudad trabajé como artista, anteriormente (1991-93) en GALAS restaurante espectáculo y en muchos hoteles durante años posteriores. Pagué impuestos por mi actividad en ESCOLA CAROL DANSA SALOU, y colaboré gratuitamente en tantos eventos y con diversas concejalías cuando no teníamos teatro, más que entarimados de verano y carpas de invierno.  Las alumnas eran amateurs y a última hora estaban en su municipio regalando alegría a los ciudadanos, fueran o no clientes míos, puse todo mi entusiasmo y profesionalidad al servicio de Salou, más que al mío propio. Por lo tanto se puede decir que de alguna manera, soy también de Salou. Es más, traje a mi familia desde Barcelona a residir y aquí han fallecido mis padres. También sigo vinculada a Salou, donde pago otra serie de impuestos que no son de actividad profesional.

Al abandonar Salou para marchar a Turquía lo hice llena de emociones compartidas con mis alumnas, sus familias y con buena parte del consistorio, en pos de una realización personal creativa, de proporciones que ni yo misma había soñado en un pasado. Cuando volví, dos años después, me encontré con la temporada de Semana Santa y no se alquilaban pisos anualmente, todo el mundo se centraba en el tramo turístico del verano, así que decidimos probar en Cambrils. Y sí que encontramos casa.

Cambrils forma parte de mi existencia, por ser donde mis abuelos paternos se instalaron (desde La Cala y El Perelló). Donde se conocieron mis padres. Y donde tengo una familia mayoritariamente de gente de mar, que a base de extenderse ya casi no conozco. Esta es la ciudad, de mi feliz infancia veraniega; de las inquietudes adolescentes románticas y del regreso a casa para formar un hogar estable, el primero, pasados los 45 años. Lo primero que me dijeron algunas personas al darme a conocer fue: ¿tú quién eres y de qué familia, dices? y también: “Esto no es Salou”…

Nunca he necesitado tirar del arraigo para establecerme, puesto que siento que pertenezco allí donde estoy pero no soy de parte alguna, y mucho de eso tiene que ver con el misoneísmo. Así como hay personas que tienen un problema para cada solución, yo soy “esa persona” que es parte de la solución y no del problema pero provoco la duda, o desconcierto, por ser precisamente “la novedad”. Soy esa persona “que nadie está buscando”, mi rol es ese: explorar, iniciar e incitar.

Cuando estaba en Sant Marti, la «novedad» de ser artista de variedades (revista pura y dura), me acarreó unos cuantos disgustos, que dieron en la diana de mi familia, por obra y gracia de la persona, maestra de danza, que no contenta con amargarme la vida, humillarme en público y deshacerse de mi alto sentido de lealtad y afecto en cuanto tuvo ocasión dejándome sola ante un caso de violencia machista, estuvo mareando el barrio, tienda por tienda, donde sabía que mi madre pasaba para que se enterasen todos de que la Carolina “iba para puta” por ser… (¡vaya! otro registro del padrón añadido), del Paralelo. Esa difamación no caló tanto en mí, pero sí en mis compañeras y niñas al cargo cuando solo tenia 20 años. Niñas que me querían y yo adoraba, compañeras a las que siempre ilusioné jugando a ser artistas y que para colmo de intención perniciosa, tuvieron que escuchar que “no me había enseñado a bailar para acabar en el Paralelo”. Bueno, señora, ciertamente, no me enseñó a bailar. Era entonces una profesora (de nulo prestigio) que estuvo utilizando a personas de buena voluntad (varios ejemplos me vienen a la mente), pisando cabezas, además denostando mi profesión y mis compañeras, (cultura es todo menos hablar de oídas), cuando ella misma había participado en las variedades de fiesta mayor de los pueblos. Esa era la clase de baile que podía ofrecernos.  A mucha honra, me han enseñado a bailar los profesores posteriores, los capitanes de ballet y los coreógrafos de Music hall, y sí… hay que aprender a hacer muchos “ball changes”, “pirouette” y  “high kicks” con el tempo adecuado, en clase, para atreverse a subir a un escenario.

Viene todo esto a cuento, porque sigo adaptándome a cada nuevo tejido social que conozco pero no me someto al grupúsculo. El misoneísmo también me atacó en Cambrils cuando a través del la página web de la estimada y muy agradecida “Revista Cambrils”, unos mensajes en el foro totalmente anónimos, me ponían a parir; primero por hacer cosas como formar un grupo de adultos para llevar a cabo un musical y también por promover actos de participación ciudadana, a través de las Ampas y asociaciones culturales, con el fin de popularizar la danza para niños y adolescentes que no se podían permitir pagar de 60 a 80 € al mes (+ zapatos + viajes + participación en concursos + trajes).

Anónimos despiadados o socarrones, tipo; “no me suena tu cara en Cambrils”, “a qué vienes si te han echado de Salou”…. por haber colaborado gratis con mi coreografía y vestuario de “Splash Show” en la carroza del recuperado carnaval… y por montar la Festa Associa-dansa con más de 4 entidades locales para que mis alumnas (sus legítimas ciudadanas) pudieran bailar en su ciudad y para sus vecinos. Ahí contamos con la apertura tanto de Cultura como de Participación Ciudadana, al igual que anteriormente conté en Salou con Cultura, Esports i Lleure y Turisme. Comentarios a los que, en defensa, respondieron mis exalumnas y las primeras bailarinas de espectáculo de Music hall en la Costa Daurada en 1999, desmintiendo esos intentos de derribo, que claro, anónimamente ya se puede. Críticas sin sentido por hacer cosas sin el permiso de mis feroces detractores, e incluso acusaciones de partidismo político totalmente ridículas, pues si hay alguien que ha colaborado con un Ayuntamiento, sin mirar el color, sin interés económico y para todo quien quiera valorar esa entrega, soy yo. Y no busco las “medallas ni los reconocimientos”. Muchas personas de Cambrils también sintieron ese vínculo afectivo conmigo, esa ilusión por hacer cosas y les agradezco esta penúltima experiencia educativa… Digo penúltima porque no estoy acabada, solamente me he tomado un respiro y cojo fuerzas para liarla más gorda.

En este momento, haciendo balance, resulta que como Alejandro Sanz: “tengo el corazón partío”. Entre Salou y Cambrils, pues en ambos lugares he crecido como persona con semejantes estupendos. Entre la Barcelona de mis orígenes y esta costa, el presente lugar de residencia que no ubico ni publico. Puede que sea un poco más “cambrilenca” por raíces y un poco más “salouenca” por personas. «Corazón partío» entre el Music hall de mi raza teatral y la soledad, buscada, de una chimenea que arde en invierno, lejos de ese mundanal ruido. Seguiré siendo la «novedad» y encontrándome gente que solamente por ser yo misma sin dobleces, me detesta sin detenerse a contemplar la belleza todavía silenciosa, auténtica, que albergo. Y la contradicción, junto al sentimiento de unión y de respeto por la diferencia. Por todo eso, soy una revolucionaria, pienso antes en el bien común que en mi misma, el seguir filtrando la vida con esa cosa tan mía, emocional que tanto molesta por sincera, cuando siendo correcta resulto tremendamente sospechosa “de ser la buena” de la película, como alguien me ha dejado caer tras la lectura del libro. Eso es simplista, maniqueísmo y peligroso: no hay factores buenos o malos, hay convenientes o inconvenientes… necesarios o banales… positivos o negativos… en función de lo que percibimos y experimentamos… cuando ya al final sacamos conclusiones, las que nos otorga la lógica que no miente como tampoco lo hacen los sentimientos aunque estos están sujetos a múltiples interpretaciones subjetivas, lo único que me importa es ser mejor.

Ya está bien de callarse ante el misoneísmo… el bullying… el mobbing…. el acoso sexual, el abuso de autoridad y el poder grupuscular… el falseo continuo de la red y como los conozco muy bien, lo expongo sabiendo que pago con creces mis diferencias y “novedades”,  cada vez que saco a relucir ese entusiasmo de juventud aunque haya rebasado los sesenta años.

No soy de ninguna parte pero me integro pues soy de quienes me merecen, eso he aprendido y me basta, ya que siempre estoy dispuesta a acoger y a despedirme con esa limpieza de corazón deseando lo mejor. Lo dicho, “sospechosa” de verter en mi relato, las dosis de buena fe que me han caracterizado (y los berrinches ante la injusticia) de no haber sucumbido a la malicia que “de fábrica” no me corresponde.

“Soy así y así seguiré”… aunque sí ¡y tanto! que cambiaré, es necesario evolucionar… cualquier otro camino lleva al desfase que, como el cliché de vieja gloria, es algo que no me interesa ni como espectadora ni como protagonista de la vida que me ha tocado completar. Esta declaración termina igual que una frase lanzada en la presentación del libro en Sant Martí, mi cuna física: “Porque podía”. Sí señora maestra, si, siempre mal pensantes miembros de la “Cofradía del perpetuo desaliento”. Subí a un escenario, bailé, me puse un bikini y strass, coreografié… abrí caminos a otras personas porque podía, porque de entre todos los logros que una persona puede asumir, mucho antes que un título de máster o un ascenso profesional deseado, es el decir; “yo puedo hacer esto”, “yo valgo” y este es mi sitio. Yo quiero y lo hago.

El escenario es ese espacio donde el misoneísmo no tiene lugar. Es continuamente novedoso, se nutre y alimenta con las personas; las ideas;  las emociones y las experiencias individuales y crea un gran colectivo humano. Quizás por ello, siga siendo el refugio fantástico al que acudo (en mente o físicamente cuando puedo) si el mundo me resulta caótico, desproporcionado y cruel. Siempre encontraré allí a alguien que no se parece a mí y sin embargo, lejos de asustarme o de sucumbir a las suspicacias sin razón, tendremos mucho más en común que el mero exhibicionismo de un ego desnudo pero glamouroso.

Hay mucho de generosidad y de amor al arte en una pieza del intérprete que se entrega aunque nadie esté mirando, ese es el momento de la verdad, cuando uno tiene que demostrar que es realmente quien dice ser y hacer lo correcto. Particularmente y para despedirme, prefiero resultar incómoda que sumisa y más cuando se trata de mis sentimientos y de mis acciones que “tanto molestan” aunque a nadie perjudican. He batallado toda la vida con este asunto, lo curioso es que a fuerza de hacerlo, no es necesario volver a ello. ¿Porqué? Porque puedo y tu desconfianza o manía ya no me afecta.

¿Arraigo?, ¿pertenencia o raíces? ; estoy donando, no uno sino, tres fondos a los respectivos archivos de Sant Martí, de Cambrils y de Salou (Y al MAE del Institut del Teatre de la Diputación de Barcelona ya hace dos años), «soy de» porque quiero pertenecer a esos lugares y esas personas, la memoria de esta artista, donde amé y fui amada, donde compartí risas y lágrimas y donde la danza me dio un lugar que me gané trabajando duramente.

Ahora vas, y lo cuentas.


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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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