Ayer estuve en Barcelona, con las horas contadas, para gestionar los papeles de la tumba de mi familia Pijuán-Alcázar. No tenía tiempo para divertimentos. Como dice el periodista y también amigo, Carlos Izquierdo, en su libro, Hispanifornication: “El futuro, cuando llega, siempre decepciona. Ocurre como con ciertos jinetes del apocalipsis, en la Biblia parecen más altos”.
Cuando vuelvo de Barcelona, lo hago saturada, de sentimientos, mezclados pero no agitados como diría James Bond. Hay, pues, algo de decepción, en cada nueva visita a la ciudad donde nací, crecí, aprendí a ser artista con los tótems del music-hall, me fui y volví durante las giras, peleé por mi sitio sin pisar la cabeza a nadie y abandoné definitivamente en 1994 para instalarme en Salou, aunque la vida me llevaría a vivir a sitios dispares como Madrid; Zaragoza; Antalya en Turquía y Cambrils, tan queridos como la gran ciudad, pues en definitiva los lugares de residencia, y de paso, son sus gentes.
Escribo, mezclada, mi especialidad narrativa, y “abriendo carpetas” (algo más complejo que irse por las ramas) por la necesidad de plasmar, compartir y analizar.
Salgo de CBSA (Cementiris de Barcelona) habiendo firmado, como propietaria “viva” (se especifica que no puede poseer tal documento un difunto) por la titularidad de un columbario en el que creo que no reposaré, cuando todo esto acabe. Puede heredarlo mi hermano, pero el caso es que cuando él deje de respirar, y ambos sin sucesores, al cabo de 20 años de no pagar las tasas anuales, van a desahuciar a nuestros muertos.
Salgo con esa sensación irreal, que sólo a mí me pasa (parece ser), esa barbaridad sentimental que ya casi no expongo en público, para ir a comer algo con un respiro de “memoria amable” y el lugar escogido es el Bar Velódromo en Muntaner. De repente, me caen encima los 40 años de distancia, al contemplar sus columnas verdosas, las intactas letras de los ventanales… y si, las lámparas, como racimos de globos. Mis tiempos de jazz dance en el viejo “Cadaqués Center” del Pasaje Pellicer.
Aún nos queda, cruzar Barcelona rumbo al Cementerio de Montjuic y el “navegador” del coche nos lleva, por el camino más corto, desembocando en El Paralelo. Allí en menos de un minuto, pasan también 20 años de mi vida… El teatre Condal donde entré por primera vez a ver “Torna-la a tocar Sam”, el Molino… con aquella sesión revival de Studio 54 de hace unos años. El Victoria escenario de “Una noche con Bibi” en gira; Barts que sí era el verdadero Studio 54 que conocí y antes como teatro Español… lo que queda de la miseria ruinosa del Arnau donde estuve con “Siempre contigo” 1983 y “La creación” 1995. Temiendo el zarpazo melancólico, por supuesto… el Apolo, casa cuna de mis emocionantes años de corista, capitana de ballet y debutante coreógrafa, y que pisé por última vez en 1993 para ver “Taxi, al Apolo”. La fachada recrea los reclamos de “Fama”. No voy a pedir perdón por decir que para mí solamente existe una y es la película de Alan Parker. Paralelo abajo, paso, delante de la gasolinera, exactamente como describí en el libro cuando estuve accidentada en la filmación de “Las alegres chicas de Colsada” y un taxi me llevó a casa… cavilando mientras miraba esa fachada colorida… entonces siendo tan anónima como naif y hoy tan escéptica, exigente, expectante y desarraigada, (no de la revista) del mundillo teatral. Lo digo, porque antes, conocías a casi todos, te enterabas de una prueba, o llamabas directamente al coreógrafo y él a ti. Ahora, hay que pasar por la criba, de “dar el perfil”, donde nadie se moja para decir que no. Y es que todo se estandariza, hasta los sentimientos del, impredecible pero previsible, artista.
Enfilamos hacia el cementerio y subimos la montaña, para rendir unos minutos de compañía, en el casi primer aniversario del fallecimiento de mi madre. Observo estatuas dramáticas de ángeles que lloran; ornamentos grotescos, propios de una caseta de feria; nicho con oquedades y flores secas; fotografías y poemas grabados para durar, al sol, más de 100 años…. Queda, medito, esa necesidad de dejar constancia.
El columbario tiene 60 años o más. Está más que pagado, ya que es de propiedad. Nos vamos encontrando a operarios remozando muros, obras… tráfico, casi insultante, trasiego de cemento, furgones y materiales.
Teniendo en cuenta que “tengo toda una vida por detrás”…. o lo que es lo mismo, que mi visión del futuro se acorta, con más decepciones, mientras las sombras de esos jinetes del apocalipsis, pavorosos cuando se imaginan a tiernas edades, se alargan con el sol de la tarde a juego con los cipreses, no dejo de pensar que, los difuntos molestan al sistema. Uno, habiendo pagado toda la vida por un agujero humilde en la última pared, desde la cual se divisa el Palau Sant Jordi, si no tributa después de muerto, no podrá descansar en paz.
Pensando en la muerte “sostenible” me acojo a convertir mis cenizas, (fosfatos) en nido para la semilla de un nuevo árbol. Cabe suponer que en esta sociedad que no respeta nada, sea un árbol que albergue otras vidas, resista las meadas de los perros, las tormentas, rayos y vendavales… o el penúltimo momento de especulación del ladrillo ¿Quién sabe?, tal y como dicen mis conocidos: “¿qué importará ya?”.
Vuelvo a mi única “Fama” de Alan Parker con la canción final (todavía se me eriza la piel cuando la escucho) que utiliza el título de un poema de Walt Whitman, aunque el tema musical , es de Dean Pitchford y Michael Gore.
Será eso, es totalmente cierto, que al cabo de los siglos y por los siglos, amén… siendo polvo, nos reuniremos con el Sol, en una explosión cósmica, para la que no habrá tasa municipal por conservación, ni butaca en primera fila que valga.
I sing the body electric
I celebrate the me yet come
I toast to my own reunion
When I become one with the sun
And I’ll look back on Venus
I’ll look back on Mars
And I’ll burn with the fire
Of ten million stars
And in time and in time
We will all be stars
I sing the body electric
I glory in the glow of rebirth
Creating my own tomorrow
When I shall embody the Earth
And I’ll serenade Venus
I’ll serenade Mars
And I’ll burn with the fire
Of ten million stars
And in time and in time
We will all be stars
Yeah (ooh)
Ooh, yeah
Yeah, yeah
We are the emperors now
And we are Czars
And in time and in time
We will all be stars
I sing the body electric
I celebrate the me yet come
I toast to my own reunion
(My own reunion)
When I become one with the sun
And I’ll look back on Venus (back on Venus)
I’ll look back on Mars (back on Mars)
And I’ll burn with the fire (burn with the fire)
Of ten million stars
And in time and in time (and in time)
And in time and in time (and in time)
And in time and in time (and in time)
We will all be stars

Descubre más desde Memorias de una Corista
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.