En TV3, con Llongueras y Joel Grey

Fragmento del capítulo 09 El camino de baldosas amarillas.

En el programa del Màgic Andreu, me encantó coincidir con muchos artistas de primer orden y, de todos, destaco a The Pendragons, George Carl, Denis Lacombe, y Les Bubb. Gratamente, me reencontré con los compañeros de aquellas correrías en Zaragoza; Carlos Torres, Pirondello y el Dúo Verushka. También deseo mencionar a un hombre arrebatador, vital y elegante: Lluis Llongueras. Al encontrarnos por primera vez en los camerinos, parecía que nos conocíamos de siempre y me sugirió una cita en su maravilloso atelier, para posar como modelo de desnudo, para las fotografías y esculturas que él realizaba. Fue una sesión maravillosa, que él dirigió, con gran tacto, ya que no me había desnudado antes para probar en ese arte que tuve el privilegio de conocer, de su mano.

Muchas personas y situaciones acuden, en mi mente, a buscar su sitio en estas líneas. No puedo plasmar ese momento de gran agitación con todos y deseo rescatar, de este baúl de los recuerdos, la situación vivida con Joel Grey, el mítico actor protagonista de la película Cabaret de Bob Fosse.

El señor Grey era el invitado especial para la mesa de entrevista, que incluía un truco de ilusionismo, en esta ocasión, Andreu, lo personalizó haciendo aparecer un billete y unas monedas, por lo de “Money, money”. No visité la meca de cine, pero, podría decirse que, Hollywood sí vino a mí. Joel Grey, no actuaba y eso me brindaba una ocasión, que no fue la única, de abordar el cine musical. Elegí una versión de Wilkomen, de la versión teatral de Londres e hice una libre versión de algunas escenas. Me parecía impropio, calcar el estilo de Bob Fosse. Y totalmente ridículo, que mi bailarín hiciera una imitación del maestro de ceremonias, personaje, que el actor hiciera famoso, teniéndolo delante como público. Finalmente, grabamos el número y al marchar al camerino, nos hicimos unas fotos con él. La única frase que me dedicó, sonriendo abiertamente, con un guiño de complicidad y levantando el pulgar fue: thank you. Dejo al entendimiento del lector sea,  o no, experto en musicales, baile o cine, la razón de que ese gesto fuera suficiente para mí que tenía una trayectoria por delante, como coreógrafa, para acertar y equivocarme. Aprecié el alivio que, el señor Grey, debió sentir por no caer en el tópico. Antes de hacer algo a medias, si bien inspiración no me faltaba, opté por dejar su personaje libre, vacío, cediendo el protagonismo a un “sombrero de copa y un bastón”, situados en el suelo, bajo el cañón de seguimiento en un momento concreto de la canción. El haber creado para un artista de su talla fue un honor. No sería el mejor “Wilkomen”, pero, mira tú…. digno y sin apropiarse de la obra de un maestro, tampoco hacía falta. Este es otro momento emotivo, intenso, si cierro los ojos y me traslado a aquel ático de Madrazo, donde Máximo Hita, Lola Serra, Vicens Suso y yo, disfrutábamos de aquellas sesiones de Fosse/Cabaret, con aquel disco rayado, dando forma a los sueños que, con tanto esfuerzo, amor al baile y a nosotros mismos, se convertirían en realidad.

Quisiera contar un sinfín de historias divertidas, y las hay, la vena cómica me aparecía, por lo general, en los momentos más inoportunos, en un cóctel peculiar con aquella tendencia a la seriedad si hay trabajo (relaciones, dinero y reputación) de por medio. Pasamos muy buenos momentos, pero ha quedado patente mi escaso interés por el mariposeo, a pesar de ser consciente de lo necesario que era para mantenerse en este medio. No son afirmaciones pasajeras. Si no te haces la encontradiza con un calculado sentido de la oportunidad, o si exhibes demasiado espíritu crítico y no te deshaces en alabanzas por las obras de quienes manejan los espectáculos, tienes menos posibilidades de trabajar. ¡Ah!, no. Suspicacias, no. Independientemente del talento o del valor personal.

Tuvo mucho significado poder devolver públicamente, a la Asociación Cultural y Recreativa “La palmera”, aquel soporte mostrado. Lo hice montando y enseñando a interpretar, un tema del musical Annie, “Esta vida es criminal”, para uno de los festivales de las alumnas de Caridad Navarro. También llevé a aquellas preciosas y emocionadas niñas a un especial infantil de Això és massa. Se da la coincidencia de que, con aquella asociación vecinal que liderase la amiga Pepi del Caño, actuamos en dos teatros íntimamente relacionados con mi infancia, en el cercano Poble Nou ya que El Ballet Elite’s Show hizo su primera aparición, en el “Centre Moral i Cultural”, donde me estrené en escena, con un cuento, de mi curso, en el Centre d’estudis Montseny. Y, dos veces, en el “Casino de l’Aliança”, el inolvidable y maravilloso teatro de mi debut en el ballet clásico, con la academia de la calle Cantabria.

El Màgic Andreu, tuvo un detalle muy bonito al organizar la celebración de mi cumpleaños en el plató. Correspondí, al sincero aprecio de todo el equipo, con alegría, ánimo de colaboración y respeto, como a todos los compañeros, con los que he compartido no solo el trabajo, la vida y estaba tan emocionada que quise hacer extensiva la fiesta a dos de mis chicas que también cumplían años, dos días antes y dos días después que yo. Una de ellas, se apropió del festejo de una forma desproporcionada. Al despedirnos, Francesc Andreu me hizo unas observaciones, en privado, que entonces no acepté: «Carol, esta era tu fiesta, la de mi coreógrafa, la única persona que se arriesga y quien tira de ellos… y la merecías, no tenías por qué compartirla. Quieres demasiado a la gente, reservate. Intuyo que te esperan más chascos de los que te has llevado ya». Comenzaron a saltárseme las lágrimas cuando sentenció: «No lo pongas todo, en los trajes, en la gente y en esa entrega al trabajo de la que nadie duda. Eres una currante, una ganadora y nada te viene regalado. Y… dosifícate, no se puede superar el listón en cada nuevo programa».

No se equivocaba mucho, pero, hacerle caso sería rebelarme a mi naturaleza y ya tenía bastante con hacerlo, contra todo lo que me parecía injusto, deshonesto y cruel. 

En aquella temporada, se comenzó a vender un espectáculo de teatro con el Màgic Andreu y el Ballet Elite’s Show, titulado “Vina, mira i al. lucina”. También, hicimos varias convenciones tanto de empresa, como de política y, a destacar, el “60 Aniversario de Unió Democrática” en el Palau Sant Jordi y el III Aniversario de la restauración del Teatre Fortuny de Reus. Hicimos fechas y era genial. A mí también me tocó pasar por una lesión, al caerme por unos escalones de un cine-teatro de algun lugar que ya no recuerdo. Sufrí, una de esas endiabladas entorsis de tobillo que no se curaban más que con reposo. La empresa, lejos de aportarme el papeleo del seguro, siendo un local público, optó por desentenderse. En aquella función, con el pie que casi no entraba en el zapato, no pude bailar, pero hice los juegos de las “grandes ilusiones”. Así me encontré, de vuelta a Galas, sirviéndome de la terapia de ultrasonidos y un buen vendaje strapping deportivo, facilitado por el doctor Santiago Pérez, en Salou, dada la imposibilidad de encontrar una suplente. Cojeaba, pero en cuanto pisaba el escenario iba trampeando y lo conseguía. Estuve unas semanas en esa situación del directo y también en la televisión. No sé cómo lo hice, pues era dejar el escenario y volver a cojear. Pude también con una anemia importante. Tras marchar el médico de casa diciendo que debía permanecer una semana en cama, me levanté para ir a grabar lo que estaba ensayado y listo desde hacía dos días.

MEMORIAS DE UNA CORISTA Carolina Figueras Pijuan AUTORA

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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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