¿Os acordáis cuando a principios de año os dije que me dierais tiempo si aún no os había ofendido? Pues bien, lo prometido es deuda. Aquí va la primera entrega de la temporada, con dedicatoria especial.

He recibido la friolera de 22 audios (toda una radionovela de malicia) de una «señora» que, a pesar de presumir de tablas y de cariño, parece que no se aclara con las formas en privado. Me acusa de molestarla porque mis «posts raros» le aparecen debajo de los suyos.

1. Lección de tecnología para «estrellas»
Querida, eso se llama feed. Yo no «pongo» nada debajo de tus publicaciones; es el algoritmo el que hace su trabajo. Tenías opciones mágicas como «dejar de ver» o «pausar» a esta (no) amiga. Culparme de tu torpeza digital y creer que tengo “algo en contra tuyo” cuando por no molestar paso semanas sin comunicarme, con esa soberbia es, como tú dices, una «gilipollada».
2. ¿Fantasiosa yo?
Resulta fascinante que alguien que conoce este mundo del espectáculo me llame «fantasiosa» porque le parece poco mi trayectoria, resumiéndola a ser «bailarina» con Tania Doris y los hermanos Calatrava. A mucha honra. No pude tener mejor comienzo en los 80.
Ahora también sé la suerte que tuve de no tener que trabajar contigo ni para ti, como esas bailarinas que desprecias por haber actuado con verdaderos compañeros.
- Un adjetivo precioso: Lo de «fantasiosa» me lo quedo. Yo misma me defino como «soñadora profesional». No en vano, con la imaginación he creado puestos de trabajo y he encaminado las carreras de muchos bailarines. Gracias, es un halago que no esperaba de ti.
- Ni Pavlova ni estrellatos: Que me llames «Pavlova» para pinchar en hueso e intentar ofenderme es perder el tiempo; las hay mil veces mejores que yo y, es más, hace 20 años que de bailarina no me queda nada: soy coreógrafa, en cambio, desde hace 40 años. Soy una currante, y quien me conoce «de vividas», lo sabe.
- El pasado: Ahora entiendo aquellos rumores de artistas humillados en otros tiempos… parece que la costumbre de enmarañar y crear caos en las vidas ajenas no se pierde con la edad.
3. Acoso, juicios y «la falta de micro»
No satisfecha con lo profesional, pretendes fiscalizar mi vida privada con exigencias que no tengo por qué responder. Me acribillas a preguntas juzgando mis motivos para con un amigo muy querido al que no he podido visitar durante su convalecencia. ¡Vaya autoridad moral la tuya! No mereces conocer mis razones; él, que confía en mí, no ha necesitado ni una sola explicación.
Incluso te has permitido esa sorna al inquirir: ‘¿Y tu amiga la filósofa… no viene?’. Ese comentario sobra; es una muestra más de tu condescendencia y del poco respeto que extiendes a todo lo que hago y me rodea. En cuanto a los rumores que difundes sobre el ‘Dandy’ y yo —y que además achacas a ser la comidilla de ‘la profesión’—, son tan falsos como molestos para nuestros cónyuges. Eres una liante: creas conflictos donde no los hay y alimentas alarmas, queriendo embarcar a todos por una clara necesidad de atención y un evidente complejo de salvadora.
Sabiendo que mi actividad es ahora más espaciada —tras dos prótesis de cadera en cuatro años y con una cirugía futura—, utiliza eso para despreciarme. Se olvida de que sigo funcionando, con el cerebro perfectamente en su sitio y siendo capaz de dar clases de baile moderno a mis alumnas y amigas +40, (unas señoras). En lugar de entender que «nosotras podemos» seguir disfrutando de la alegría lejos de los escenarios, utiliza mi estado para intentar rebajarme.
Grosería me parece poco. Victimismo, no gracias; pero amor propio todo el que me he ganado a pulso trabajando y evitando a este tipo de «compañeros» a lo largo de mi vida.
Llegadas a este nivel de acoso, me veo en la obligación de decir basta. Tengo una edad y una trayectoria que me eximen de la necesidad de soportarte, sea en lo profesional o en lo social. No arrastro las ‘mochilas’ que justificas, en nosotras las mujeres con sus defectos, para convertir tu supuesta y publicitada falta de hipocresía en un ataque personal; en todo caso, las mías son de plumas. Yo valoro la experiencia vital y tengo por norma no volcar mis miserias sobre los demás.
Ella sabrá por qué ha decidido tratarme así; debe ser la fiebre del retiro y la falta de micro, que a algunas les sienta peor que a otras.
El ‘post raro’ que ha desencadenado el conflicto.

En cuanto a mi libro, es mi legado personal y profesional; el retrato de una sociedad —la de los ochenta y noventa— que el gran Carlos Izquierdo definió magistralmente como ‘una crónica de la España de sotana y vedette’. No pretendí escribir el bestseller que mencionas con evidente sarcasmo, pero lo cierto es que lo fue en Amazon durante dos meses. Puestos a comparar trayectorias, y como diría José Mota: ‘No te digo que lo mejores, iguálamelo’. Me importa más la calidad de mis lectores que su número; saber que mi obra reside en casas de fans de la revista, y amigos, tanto como en bibliotecas institucionales y municipales es, para mí, motivo de un gozo legítimo y suficiente.»
Conclusión: Siempre te traté con respeto, pero tu «podcast» de odio ha conducido a esto. Hemos estado más de 30 años sin interactuar y puedo pasar otros 30 sin saber nada más de ti. Mi paz bien lo vale.
Por último: quizás no escriba ‘tan bien’ como sugerían tus pasadas adulaciones —antes de que tus propias invenciones te sobrepasaran—, pero pienso con claridad, algo que considero mucho más útil. ‘Acierta mal y pensarás’, qué lástima. Tú sabrás por qué has tomado este camino conmigo; yo no tengo interés en descifrarlo.
En el gremio nadie te tose, pero ese no es mi caso. Yo también voy de frente. Te reitero mi gratitud como hice en un audio educado y sonriente, perpleja, que en nada encaja con tu actitud actual. Esa supuesta ‘sinceridad sin filtros’ que utilizas como escudo para el desprecio me ha confirmado que esta interacción no es sana. Tu opinión no altera ni mi vida profesional ni mis firmes valores. Por el bien de ambas, bajamos el telón. Yo no soy tu problema, ni tu perseguidora de posts de Facebook , bastante tengo con mi intensa existencia, proyectos e intereses. No acepto tu desmesura.
- Estás bloqueada de todas mis comunicaciones.
- Guardo esos 22 audios de decadencia.
- No pienso encontrarte jamás.
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