Evidentemente, Jane Russell y Marilyn Monroe, aquellas divas fotografiadas en el set de «Los caballeros las prefieren rubias», jamás pisaron nuestro camerino. En una gira de los años 80, con cualquiera de los ballets, compañías o shows que todas conocemos, el ‘glamour’ que ellas representaban estaba, para nosotras las coristas, rigurosamente guardado bajo llave hasta el final de la función, so pena de acabar con tu nombre en la temida tablilla.

El decálogo laboral del artista rige la vida tras el telón. El vestuario de escena es sagrado y su uso para actividades mundanas está terminantemente prohibido bajo pena de multa. Se prohíbe sentarse, comer o beber, maquillarse, fumar e ir al lavabo.
En el escenario, se exige el ¡Silencio absoluto! Hablar está prohibido. El único diálogo aceptable es el que tienes con tus pensamientos (aunque algunas llegamos a jugar como crías sin que el público o la capitana lo notaran). En todo el teatro, está absolutamente prohibido silbar. Es una ofensa triple: distracción peligrosa que podría ocasionar un accidente en la tramoya, trae consigo el peor de los augurios teatrales y se considera una falta de respeto a la tradición.
Rige la ley de Error Cero. Si te equivocas en la coreografía, o si un gorro o peluca se atreve a caer al suelo sin tu permiso, el universo conspira contra ti. La consecuencia es inmediata: Amonestación y, dependiendo de la repetición de la falta, una multa que te hará replantearte si la danza es realmente tu pasión.
Finalmente, algunas costumbres teatrales de ese santuario, pues para mí siempre lo ha sido, se pegan como chicle en el zapato. Por ejemplo, la incapacidad de sentarse con normalidad en un sofá con una indumentaria cara. Es un sello invisible que llevamos con nosotras para toda la vida.
Desconozco si la letra pequeña de estas normas sigue vigente en el espectáculo actual. Sin embargo, mi intuición de veterana sigue intacta: con un rápido vistazo al material de trabajo, sé de inmediato si el rigor y el cuidado se mantienen.
Descubre más desde Memorias de una Corista
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.