Esta semana pasada, la periodista Judit González de La Vanguardia transformó una elaborada entrevista en un auténtico regalo. Un obsequio dirigido, en primer lugar, a mi persona, y que se consolida como un testimonio crucial que alerta sobre la realidad que muchos vivimos.
Es posible que el titular genere un debate feminista o que algunos interpreten en él la provocación, tan propia de mis frases de rebeldía, o incluso se crean legitimados a desmerecerme. No obstante, la realidad es diametralmente opuesta.
Con una trayectoria laboral iniciada a los 16 años, habiéndome jugado la vida en la carretera y superado estafas empresariales en lo relativo a la Seguridad Social, la lucha por mi derecho a la jubilación es legítima, pero hoy por hoy, insuficiente.
Mi actividad solo se vio interrumpida durante estos últimos diez años, a causa de una artrosis de cadera sumamente inhabilitante y la consecuente recuperación de cirugías en ambas piernas. Fueron, sin duda, tiempos frustrantes. Sin embargo, en medio de la adversidad, no faltó el cariño, la comprensión, el tiempo necesario para dedicarme a la escritura de mi libro y la exploración de nuevos objetivos. Incluso he contemplado aprender y hacer algo diferente. Algo en lo que no tengo experiencia, ni edad para pasar de posible candidata con desventaja. Les pasa a muchas personas y no dramatizo. Es un hecho.
Lo más complejo en esta etapa es la búsqueda de un equilibrio: compaginar la exigencia de este trabajo con la vida sentimental. Demasiado a menudo, uno de los dos se supedita al otro; raramente funcionan ambos en perfecta armonía. Es mi caso, no una máxima radical. Es que las ofertas me piden que viaje lejos.
A pesar de todo, y sabiendo que tarde o temprano deberé auto producirme, sigo creando y comprendo perfectamente el punto en el que me encuentro. He dedicado mi vida a la lucha por la independencia, y ahora, tener que adaptarme a la percepción de ser un ama de casa «motivada artísticamente» y plenamente capaz como profesional, no es una situación fácil de digerir. La clave reside en la aceptación y en la canalización efectiva de todas esas ideas y proyectos que sí son realizables.
Seguimos adelante, porque, al final, todo reside en la cabeza y el corazón. La tenacidad es un recurso que, afortunadamente, no me falta. Y dar valor a la calma, desde la perspectiva del hogar familiar, tampoco.
Mi sincero agradecimiento a Judit González, a La Vanguardia y a RAC1 por dar voz a esta realidad. Seguro que no soy la única que siente que aún puede dar mucho y que no tiene por qué retirarse de una actividad que ama y proyecta en todos los aspectos de su vida, para alegría de muchas personas.
Gracias a Pepo Argilaguet, gran artista y persona, por sus estupendas fotos de estudio.
Gracias a Jordi Blasi, «Carrer del Mar» por hacerse eco en su blog.
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