Forever young

¿Os habéis parado a pensar en aquella canción que nos hace de resorte? Nos dejamos llevar incluso en momentos comprometidos, en los que sería mejor no tener testigos. Como dice aquella frase: “baila como si nadie te estuviera mirando” o “si llega el fin del mundo, que te pille bailando”.

Entonamos esa melodía que se nos queda, machacona, en el cerebro. ¿Cuál es la vuestra? Aquel fetiche musical de hace años que es recuerdo de emociones, personas y situaciones. Pero, sobre todo, para muchos es la representación más fiel del concepto de edad. La que tuvimos, la que quizá añoramos, o incluso un himno íntimo que resume todo ello.

Y es entonces cuando aparecen esas canciones que misteriosamente arrastran multitudes enardecidas, que las corean con el móvil en alto, iluminando con esas metáforas incandescentes de otros tiempos. Las lágrimas silenciosas que resbalan mejilla abajo —perdonadme, no es cursilería— me delatan: hace unos días entré en la República de la Nostalgia, y me han retenido el pasaporte. No me dejan salir. A mí, que siempre juré que nunca me comportaría como una gloria pasada.

Yo en el lado derecho. Con mi compañera de ballet, MªT. B.

¿Qué tiene esa canción Forever Young de Alphaville? Además de ser un recurso fácil para DJs en momentos bajos, útil para llenar los vacíos de baile en las fiestas, plantea un deseo inquietante: ser joven para siempre. Si lo pensamos bien, cansa. Como un eterno “Día de la Marmota”. Seguramente inútil en términos de recorrido vital. Porque cada uno de nosotros somos muchos, a lo largo del camino. Nada permanece como creemos o queremos recordar. Aquella pasión se ha desvanecido. Aquella aventura ha dejado de interesarnos. Ese sueño tan luchado, tan defendido, quizá solo era un deseo propio… o robado a otro. Sí, los sueños de los demás también parecen nuestros.

Las promesas, los proyectos, los futuros anhelados que no salieron bien… todo eso cae en el mismo saco junto con lo que sí conseguimos. Es la vida. Es la historia de todos los que creímos estar bailando la canción de ser jóvenes para siempre. Y a medida que los amigos enferman o se van —como la familia, como uno mismo con sus circunstancias—, no sé vosotros, pero a mí ese desasosiego me invade. Nos hace repensar lo hecho, lo dicho… y también todo lo contrario.

Algunos estamos en ese momento en que no sabemos si siempre fuimos un viejoven en evolución, o un alma vieja debatiéndose en el aire como una mariposa. O un niño eterno escondido detrás de las faldas de una figura maternal que ya no está.

Y siempre hay una canción que nos recuerda algo de eso:
La persona que amamos. La que ya no está. El sueño que no vivimos. Y todos aquellos que sí disfrutamos, desafiando cada día el simple hecho de que, en cualquier momento, podemos dejar de estar aquí.

Quizá me encontréis bailando I Will Survive de Gloria Gaynor, Felicitá ta ta de Raffaella Carrà o Being Boring de The Pet Shop Boys.
Querido fantasma de los veranos juveniles en las playas de Vilafortuny… Michelle, de Gérard Lenorman, no es mi canción. Es la tuya.
No hay nada como alimentar los fetiches emocionales.

Y sin embargo, cuando consiga huir de la República de la Nostalgia, quizá sea para convertirme en una nueva gloria, ligera de una memoria pesada, siendo una mujer mayor tan vivida como fresca para continuar adelante.

Sed felices y bailad vuestra canción. Trae consigo el regalo de la mejor vida que merecéis.
Vivámosla ahora que entendemos algunos porqués, y dejemos de sufrir por lo que nunca comprenderemos. Fácil de decir… complicado de cumplir.

Siento que esto que escribo le está sucediendo a muchas más personas, y sin ningún pudor lo comparto, porque no queremos ser jóvenes para siempre… y necesitamos más de una vida para llevar a cabo todo lo que queríamos y queremos hacer.



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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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