Melody merecía más

Algunos colegas y yo ya comentamos en redes que, en la selección del Benidorm Fest, Melody llevaba un vestuario inadecuado: un body color piel, “nude”, y una coreografía que no estaba diseñada para ella, sino para lucimiento de los bailarines. Y eso es un error garrafal cuando se acompaña a la estrella. Yo misma escribí a “esa diva”, por simpatía y con mucho tiento, pero evidentemente no obtuve respuesta.

De todas formas, con tanto público y fans en redes criticando aquel body nude que claramente no la favorecía, no es ninguna tontería que se descartara para otras apariciones. Entonces, será por algo.

Melody merecía más puntuación. Es una voz clara, fresca y llena de personalidad que, sin embargo, fue relegada en un momento clave: la dejaron sin voz directa justo cuando más fuerza y proyección tenía. ¿Por qué? Esa pregunta queda para los misterios insondables de los técnicos que se equivocan o no.

El decorado que le pusieron a Melody fue, francamente, poco inspirado y hasta feo, especialmente si lo comparamos con el de Israel, que brillaba por su elegancia, sofisticación y riqueza visual. ¿Por qué algunos países reciben decorados y vídeos elaboradísimos, casi cinematográficos, mientras que otros tienen una simpleza que casi duele a la vista? Esta desigualdad en la producción no hace más que evidenciar la falta de estrategia y recursos detrás de ciertas candidaturas.

Melody no es Shakira, ni J.Lo, ni Rosalía, ni falta que le haga. Ella tiene su propio estilo, auténtico y natural, y su triunfo es ser ella misma. El pasado de la “gorila” y la “rumbera” es eso: pasado. Todos tenemos derecho a evolucionar, crecer y redefinirnos. La música y el arte no deberían encasillarnos ni juzgarnos por etapas anteriores. Melody lo sabe y lo demuestra en cada actuación.

Sin embargo, está claro que Melody no cuenta con un equipo a la altura: no tiene un buen asesor de imagen (como se pudo evidenciar en el Benidorm Fest), ni un director artístico que potencie su esencia, y menos aún un coreógrafo dedicado que saque lo mejor de su puesta en escena. Lo repito porque es evidente y pesa en el resultado final: la han vuelto a desproteger en la puesta en escena. El talento sin la estructura adecuada muchas veces no alcanza la dimensión que merece.

El periodista Amela criticó que Melody cante sobre sí misma, calificándolo de “sonrojante”. Este tipo de comentarios son reflejo de sesgos que aún persisten en la crítica musical. Conozco vendedoras de iTunes que han cantado sobre sus cuernos, sus facturas (no siempre pagadas a Hacienda) y hasta sobre sus hijos. ¿Por qué entonces juzgar tan duramente a alguien que simplemente habla desde su verdad personal?

Por último, merece reconocimiento el ganador, JJ, quien tiene talento, con una canción emocionalmente sincera y que se ha ganado el puesto con méritos propios. Su triunfo no resta valor a la crítica sobre el trato recibido por Melody, sino que invita a reflexionar sobre cómo se gestionan las candidaturas y el peso que tienen la producción y el equipo artístico en el éxito.

Pero no podemos olvidar que Eurovisión no es solo un festival musical, sino también una demostración geopolítica tan estratégica como las olimpiadas. Las alianzas, simpatías y rivalidades entre países juegan un papel crucial en la puntuación y el impacto mediático. Esto añade una capa más de complejidad a la competición, donde no siempre gana la mejor canción o la mejor voz, sino también quien mejor sabe navegar ese entramado diplomático y cultural.

Eurovisión es, pues, un escaparate de talento, sí, pero también de estrategia, imagen, montaje y política. Que Melody no haya brillado más es un recordatorio de que no basta con la canción, sino que hace falta un equipo completo que trabaje en el proyecto de forma mucho más profesional y lo potencie en todos los sentidos, además de entender el tablero en el que se juega.


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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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