
Alguien me preguntó hace poco sobre qué escribo, y respondí: sobre la vida. Sobre lo que observo. Sobre las personas. Sobre situaciones.
Mientras la gente iba y venía, forzadamente alegre pero también apurada, cumpliendo a su modo con las vacaciones de Semana Santa, todo a mi alrededor me pareció absurdo. Coches y más coches cruzándose en mi camino. Esa violencia del sol, que a veces me descorazona, hoy parece tener un sentido.
He pasado mi vida profesional trabajando mientras otros se divertían. No es problema; siempre me ha gustado ir a contracorriente.
Pero esta vez escribo desde el dolor. Escribo sobre una violencia inesperada: la de una vida arrebatada sin aviso.
Aquel niño que un día me fue entregado en brazos para una foto, al nacer —mi hermano pequeño— hoy he tenido que entregarlo al horno crematorio. Hace apenas unas horas.
La tragedia nos ha golpeado otra vez, sin sentido, a mi marido y a mí.
En Salou he perdido a mi abuela materna, a mi padre, a mi madre… y ahora, a mi único familiar directo: mi hermano J. Me he quedado sola.

Quim, era un hombre bueno, sencillo, discreto, cumplidor, honesto. Amante de la belleza y capaz de captarla en todo su esplendor, en cada detalle y en cada grandeza, a través de sus fotografías.
No escribo para quejarme. Solo para constatar este dolor profundo que siento como hermana mayor, y también como hija: puedo imaginar lo que habría sentido nuestra madre, con la que él tenía un lazo tan fuerte.
Cuando una enfermedad se presenta, uno guarda esperanza, incertidumbre, pero también lucha.
Cuando la muerte llega de golpe, no hay tiempo. No hay preparación posible.
El 17 de abril, Jueves Santo, todo terminó. Pese a los esfuerzos del equipo de Emergencias.
No soy creyente. Mi consuelo no viene de otro mundo. No lo hay ni en este.
Solo queda el vacío, la incredulidad, la negación, las preguntas que nunca tendrán respuesta, las risas por compartir que han desaparecido contigo y una tristeza inmensa entre quienes te conocieron, te apreciaban y te querían. Te fuiste a los 57 años, demasiado pronto.
Que los atardeceres, los cielos inmensos, los rincones y los paisajes de Salou, alberguen para siempre tu memoria.
Descansa en paz, junto a nuestros abuelos y madre. Para siempre tan cerca del mar y del cielo, allá en lo alto de Montjuic.

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