Quisiera contaros cosas estupendas que me están sucediendo, pero hoy debo rendir homenaje a Gino Minetto (José María Benítez Minetto), gran coreógrafo y creador de espectáculos recientemente fallecido. Al contrario de los centenares de compañeros que han trabajado con él yo no tengo una fotografía que ilustre su paso, junto a Francisco Navarro, por mi vida, como bailarina de su ballet Gin-Pak. A ambos los conocí en el desaparecido restaurante-espectáculo Caesar’s de Torre Catalunya junto a la estación de Sants, Barcelona. Era noviembre de 1982. Recuerdo perfectamente que, aquella noche, uno de sus vestuarios, marca muy notoria de su estilo, era de animal print y a modo de anécdota, ¿qué decir del bikini de strass con una especie de zorros blancos que caían de los hombros? bailando It’s raining men, con ellos en tantos bolos con Ardévol, por toda Cataluña. No hay historia del music-hall, sin ellos, desde el teatro Victoria con Buira y Balaguer e innumerables artistas de primera línea hasta las salas de fiesta y el teatro Apolo con Tania Doris y por supuesto El molino y el Teatro Arnau con la estimada Lita Claver ‘La maña’. Televisión. Cruceros. Casinos internacionales. Grandes salas como el Palace de Lloret. Y tantos más, escenarios para una trayectoria que ha dejado huella en nuestro país y en nuestro conocimiento. Trabajar con Gin-pak ha sido una de mis mejores experiencias profesionales y sus producciones siempre han sido sinónimo de elegancia y calidad. Con su ballet, he hecho amigos eternos y cuento más anécdotas en mi libro. Como la invitación al cumpleaños de Paco, una tarde, en la pizzería ‘La nonna’, que Gino montó cerca de Sants.
La noticia del fallecimiento de Gino, me ha dejado otra vez huérfana y creo que muchos compañeros se sienten igual. Se nos fue ‘Tommie’, Geraldine Thomas, ‘Poppy’, Cornelius Scott…. Bernard Oreilly. Merche Mar. Muchos mazazos seguidos. Las auténticas estrellas del teatro de Barcelona, no tan de musical de moda, pero auténticamente imprescindibles en nuestra cultura de espectáculo se han ido apagando, unos despacio, otros rápidamente sin dejar grandes noticias pero sí enormes vacíos que nadie puede ocupar.
Con Gino, me encontré la última vez en una fiesta del Paralelo, allá por 2010. Un abrazo, una sonrisa, siempre atento y afectuoso. Como si no hubiera pasado el tiempo desde que a finales de los 80 bailara con ellos “Champagne”, “The Wiz” y “Another cha cha… Qué buenos recuerdos y que emociones tan intensas.
Tristeza si, pero ante la inevitable perdida, queda el cariño inacabable que trasciende hechos y lugares. Angel Amar, decía que Gino era un creativo excepcional y su opinión me sirve para ilustrar su talento. Todos los que hemos sufrido pinchazos en los dedos cosiendo nuestro propio vestuario, diseñándolo y haciendo realidad cada proyecto laboral, todos los compañeros de los felices 70 y 80 y 90… y desde entonces contemplando como la cultura se ha cargado el legado de estos precursores, estamos de luto.
Paco Navarro, estimado artista, coreógrafo, estilista, maestro, no estás solo. Somos cientos, miles, que así lo sentimos. Como Gino decía en cualquier época del año, Feliz Navidad. Descansa en paz, admirado y estimado artista, coreógrafo, maestro y compañero.

No hay nada más precioso, a mi entender, que el strass sobre el vestuario negro. Y así, quiero recordar, como sus bordados perfectos de lentejuelas, el brillo de Gino, como las estrellas en la noche de ayer al revisar mi móvil. Con el esplendor de su vida, maravillosamente vivida que tanto nos ha aportado a todos. Gracias por esos años de aprendizaje y de éxito profesional.
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