Las rosas de Manuela

Hay un meme de SpainSays que dice que ‘el otro día’ define un tiempo entre tu
nacimiento y hoy. Bien, el otro día, ayer, vi Manuela, me reconoció… nos
saludamos contentas y al mirarla me cayeron encima todas las rosas de las noches de
cenas, temblor de luz de velas, seducciones en doble sentido y romanticismo de otro
tiempo.
Hablábamos y mientras las rosas, rojas, caían llenando el bazar chino de la calle
Barcelona de otro significado. Porque las rosas y los recuerdos de buena parte de los
románticos de esta costa, estarán siempre vinculados a Manuela, pero aquello que vivimos no volverá.
De repente, mientras hablábamos, recordé que cuando me había dado de baja del amor,
en Salou donde me quedé cambiando mi vida productiva y fantástica en Barcelona, para predicar danza en ese desierto cultural en 94, el amor me vino a llamar mediante internet sin buscarlo y Dios me guarde en lugares como el Tinder, nido de gonorreas y engaños, allá hacia el 2000. Entonces se funcionaba con chats casi inocentes, conservo dos archivadores de correos electrónicos y cartas de papel. Fue una larga factura de llamadas de la British Telecom que pagó mi ahora marido.

Mi rosa de Luton, año 2000.


Y recordé una última rosa, que ha sido guardada entre las páginas de un libro de Anaïs Nin, de las que vendía un hombre en un restaurante hindú al lado del aeropuerto de Luton en U.K. Aquella fue la cita final, después de unas semanas de enamorarme como nunca y que me dio el alta de nuevo en el amor.
Manuela, que hace veinte años o más que no la encontraba, tiene aquel esplendor de las
personas que hacen pequeños cambios, aunque sea con la oportunidad de una rosa en la mano, como una varilla mágica, que promete una o mil y una noches. Si un hombre te hace reír, también promete. Palabra.
Después las rosas se marchitan… las pasiones se transforman y el verdadero amor continúa. El amor con quien envejezco y todavía a veces, bailamos entre los
pasillos del súper.

Hice venir aquel amor del Norte a Salou. También traje a mi familia desde Barcelona.

Siento decir que de Salou he querido marchar con él, no morirme aquí, ni de pena ni de años, a continuar nuestro irremediable y necesario nomadismo existencial. Hoy mismo,
con más de 30 mudanzas cada uno a las espaldas, podemos decir que hemos vivido.
La vida nos ha tratado magníficamente para ser que a veces, a todos, nos gira la cara y
nos empuja al abismo. Solo nos hubiera faltado una rosa de Manuela.


Ahora me sacudo todos los pétalos que caen al suelo, mientras escribo este texto, que
marcan un camino como los que se ve en días de calma sobre el agua del mar, en un
amplio horizonte, aunque nadie sabe dónde irá a parar.
Estimo Salou pero después de unos meses de haber residido nuevamente, ni es mi lugar ni yo soy por él. ‘No vuelvas donde te costó tanto marchar’.


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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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