Campanadas

No vi las campanadas, pero el día siguiente, me las colaron en un remix de novedades, así que es imposible permanecer indiferente. Esto de la Pedroche, tanto anunciar y crear expectativa, lejos de parecerse a los atuendos de las vedettes del desaparecido Lido de París es una especie de creación que hibrida el macramé, los atrapa sueños indios y la lencería barata. Tanto Paco Navarro como Víctor Guerrero y Daniello, compañeros de Music-hall que diseñan los trajes de grandes espectáculos internacionales lo hubieran hecho con gusto exquisito y lujo abrumador.

Que una mujer se muestre con poco material textil no es sinónimo de conducta vergonzosa, indecente o criticable. Quién luce desvestida es porque puede, quiere o se dedica a esto como las modelos en cualquier edad del arte. Lo que me parece una tontería es fabricar piedras de bisutería con seis litros de leche humana para reivindicar la maternidad. Una más, entre miles de mujeres que viven en este estado de gracia.

Ha sido inevitable, también, enterarme de la existencia de otra señora a la cual no se puede denominar ni presentadora tan poco profesional ante la cámara y vulgar como Lalachus. Otra vez, vuelvo al Music-Hall, padre de la exhibición frívola y glamurosa. Una mujer con clase sabe colocarse. Una pierna cruzada si se intuye y una pose elegante de acuerdo con la situación. Se llama vedette, aunque esté comprando en el súper.

Pero ya, esto de la estampa de la vaca… es cómo para detenerse a analizar si en este país no queda nada más para hacer hablar que una insana provocación al sentimiento religioso. Que no, la concienciación sobre el respecto a los cuerpos no normativos, no consiste a hacer de la obesidad un motivo de orgullo y satisfacción, al menos desde la perspectiva de los problemas de salud que implica y del gran beneficio para la industria de la belleza, que sostiene por la no aceptación de una misma.

En definitiva, en estas campanadas el tema ha sido la leche materna y el símbolo de la vaca de un programa bizarro que nunca miré. Sea la televisión pública o la privada me queda preguntar ¿a cómo va el minuto de sueldo de estas señoras? Y, ¿cuál es el mérito para obtener esta distinción para agotar el año con las campanadas? La fórmula televisiva está cayendo en lo cutre. Con el mando en la mano, he visto un popurrí de programas de los 80 y 90 y no se salva nadie. Todo aquello de lo que la sociedad se rió o disfrutó con el entretenimiento en casa, está ahora mal considerado en términos de educación, políticamente incorrecto y profundamente pasado de moda. Caduco. Lo mismo dirán, con tantos telepredicadores de moda y sabiondos ‘maestros de nada’ que necesitan atención y se bautizan como influencers, de esta época ridícula los futuros sociólogos, críticos y tertulianos de aquí a veinticinco años.

La memoria colectiva no perdona olvidos y la historia mentirá como siempre depende quién lo explique. Este no es país para la elegancia, ni para consolidar una mentalidad moderna que escape del concepto chabacano en la televisión.

Os dejo que vuelvo a mirar el sketch de Mota donde los padres se comunican con las hijas, mediante TikTok. Un visionario.

¡Apaga!


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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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