Intervención en Espejo Público

Ayer grabamos un Zoom, mi primera experiencia con la videoconferencia. Aquí está mi intervención en Espejo Público de Antena 3 del 17/12/2024. Lo que cuento del ‘galán’ sucedió en 1984, hagan números.

Muchas gracias por la amabilidad y comprensión de Carmen, Belén y Lucía con quienes traté para realizar este clip de video testimonial. Y a todo el equipo por dar visibilidad a esta «causa perdida». Han pasado más de 30 años y como se ve, a juzgar por las denuncias que siguen produciéndose… poco ha cambiado. Por contexto desde el MINUTO 9’10.

No soy una famosa. No busco ni atención, ni dinero. Soy una mujer de sesenta y tres años, con dos prótesis de cadera pero capaz de montar y dirigir completamente un buen espectáculo o educar a jóvenes artistas en escenario y valores. No recibo prestaciones y no tengo trabajo estable. He tenido contados contratos, pero muy provechosos, a lo largo de mi vida artística. Me gané una reputación de responsable y buena trabajadora y no la voy a perder ahora. No tendré jubilación de acuerdo con mi entrega laboral, por malas empresas que nos han estafado y han escondido estos asuntos también.

En una situación de acoso sexual, estamos solas. No somos víctimas. Somos supervivientes. No te puedes fiar de nadie, una confidencia a la persona inadecuada puede ser tu ruina. Si denuncias, eres incómoda, problemática y sospechosa. En los tiempos de actividad profesional como bailarina corista, cuando me quedaba algo de buena fe y comentaba la mala jugada, otras compañeras me han llegado a decir: “Ya quisieras tú, que ese te fuera detrás” y también un escupitajo muy propio de celos laborales de ineptas cuando ya estaba en una posición superior: “A mí también me ofrecieron tu puesto… pero no quise pasar por la cama”.

Escuchen: Ser artista, sonriendo, con poca ropa y ganándote un sueldo decente, con una conducta formal y sin dar pie a estas situaciones, no incluye en el paquete, el acoso. No tiene que darse por supuesto que eso es lo que va a suceder y muchas personas creen que sí.

Jamás me avisaron de que este o aquel eran depredadores. En los camerinos escuché a compañeras relatar palizas en casa, llorando y no hacían otra cosa que aguantar un día más. Era impensable ir a la policía y además en aquellos años, era necesario el delito de sangre, una gota, para poder atraparlos.

Nunca fui testigo del acoso a otra compañera, pero sí que observe cosas raras. Actores que engatusaban a menores. Empresarios que te decían: “las frutas prohibidas no gustan en la empresa” (si tenías una pareja) Un actor cómico, el susurrador oficial del empresario, que te adelantaba: “Da igual que seas buena vedette o coreógrafa… si no pasas por la cama… no serás nada”.

Yo también defiendo a los hombres nobles y serios, pero esta colección de patanes que quedan impunes por que ha prescrito el delito o porque no tenemos cobertura legal para hacer valer nuestra palabra, no es precisamente lo que merecemos, al final. No, Macarena Gómez, no. Difamación y mala reputación es lo que consiguen ellos, después de intentar abusar hasta la náusea, quedando como unos tíos normales y dejando a las mujeres como unas histéricas que no aguantan una broma o un piropo no deseado. Las manos negras existen mucho antes que esas supuestas listas negras de acosadores. Son los telefonazos mandando y sugiriendo, revanchas de hombres despechados por el rechazo, que no te den más trabajo. A mí me sucedió, me llamó un representante después de que el productor de TV me quisiera sobar delante de dos hombres más, para decirme que había recibido esa orden. Seguí trabajando porque había mas agentes artísticos y decentes a quienes acudir.

Hablo por experiencia propia, ahora, cuando se cumplen 3 años de la publicación de mi libro ‘Memorias de una corista’, ya lo conté todo allí y estaré encantada de decirlo de palabra, en defensa de mi integridad como mujer y de la compañera que me apoye.  

Y aun así, mi profesión es maravillosa y la mayoría de los compañeros, las mejores personas que he conocido. Soy tremendamente afortunada. Ya dije un día que ser artista paga un precio muy alto y no es pasar por la cama.

En cuanto al miedo… a las críticas… a las represalias… a la injusticia: Mi madre parió una niña que no iba a nacer, según el ginecólogo, y aquí estoy. Pero sobre todo no parió una mujer destinada a someterse a rufianes de tres al cuarto ni por comer, ni por trabajar en esta profesión. Ni a renunciar a su libertad.


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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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