Me encuentro en una box en una estancia de aproximadamente ocho, separadas solo por cortinas. Lo que se supone una sesión de terapia adquiere tintes sorprendentes. Solo se escucha hablar a tres mujeres, empezando por el derribo de Cristina Pedroche y su filia a mostrarse lo menos vestida posible. Por alguna regla que no está a mi alcance, ni ganas, resulta que mostrarse ligera de ropa es hipercriticable porque añaden, “y eso que va de feminista”. No está bien intervenir en conversaciones ajenas y me quedo con las ganas de hacer el inciso de que grandes mujeres, nada palurdas, han luchado y sido admiradas por otras mujeres a través del espectáculo, el semidesnudo reivindicativo de su libertad y la ruptura de las normas sociales. Cambie usted norma por prejuicio.
Después le toca a Neus Asensi, que es vapuleada por sus retoques faciales. Neus, a quién conocí como ilusionada bailarina y vedet en el teatro Arnau en 1984 y que luchó duramente en su trayectoria como actriz. Y el desprecio a Cher… ¿Está viva? y a Madonna que es catalogada de vieja con esta duda cruel de si todavía sigue, como si fuera pecado o estuviera prohibido tener tres años más que yo y salir al escenario porque puede… exactamente como esta que firma, muy bien desvestida durante más de dos décadas apoteósicas, de profesión artista (y decente).
Si he dicho sorprendente, al principio, es por los tiempos que corren. Esta no es una banal conversación de grupo de whatsapp de ‘machirulos’, es un paredón de fusilamiento organizado por señoras en la treintena, algunas madres de familia… y con una cultura, aunque se expresan ―la box me traslada en el tiempo― como mujeres ignorantes de los años 20 o los 60 que hablaban por no callar y para hacer daño… Ya saben, la reputación.
Cada época ha alimentado a acérrimas detractoras por temas tan dispares como: llevar pantalones, el hecho de fumar, conducir, ser cupletista o la inclusión en el mercado laboral por abandono del cuidado tradicional del hogar.

Que cada cual tiene una opinión, es seguro, pero que sea respetable es otro cantar porque en general el criterio se sustenta en una cosa concreta, básicamente saber de lo que se habla. Ni la Pedroche es menos feminista por desnudarse, ni Madonna está condenada al retiro al estilo japonés ―muérase usted como un acto de patriotismo y deje el país a los jóvenes― ni Asensi es, ni mucho menos, Carmen de Mairena.
Las mujeres, respecto a las elecciones vitales otras mujeres sois el peor y no me incluyo en esta cofradía de desguazadoras vocacionales. Me pasa como al humorista Berto Romero que avisa de su cleptomanía de concepto, sea donde sea: “ten cuidado si dices algo, tomo nota y lo uso”.
Gracias, señoras por haberme dado el tema de este artículo, no os querría como enemigas pero como amigas tampoco. La verborrea destructiva azota mi entendimiento. Suerte del progreso… ¡que miedo!
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