El otro día un amigo me dijo que Salou es un paso fronterizo y no una ciudad. Lo encuentro muy acertado en casos como el que explicaré más abajo y por las extrañas maniobras de gente muy rica que no necesita empadronarse y se comporta sospechosamente en algunos lugares. Esto en tiempos del alcalde Esteve Ferran era casi invisible o inexistente. Se resumía a algunos discretos chalés de placer y poco más. Había, más vergüenza y menos ostentación.
En 1994, ante la estupefacción de los artistas locales y apenas antes de empezar la temporada en junio, la empresa de Galas Salou decidió arrendar la sala a la empresa de Palace Lloret. Sabed que dos gorilas de la puerta no nos dejaron entrar a ver el show ni pagando. El invento les funcionó dos años. Pena, ninguna. La mayoría eran empleados sin permiso de residencia ni trabajo.

En 1996 un tal J.S., relacionado con Pacha La Pineda, se puso al frente de Galas y una amiga, enterada de ello me avisó para una reunión. Estaba, un señor que vendía chaquetas de piel, excursiones en 4×4 y bodega variada a los turistas, captándolos en el acceso de entrada en Salou, en el mismo autocar. Este señor, que tenía la mala suerte de que cada año se le incendiara su local y con esto se perdiera su contabilidad, aconsejó que se contratara a la niña bailarina de flamenco de diez años Belén López, de Bonavista. Me tocó ir a buscarla, no sin objeciones porque está todavía prohibido por ley trabajar por la noche siendo menor, pero sus padres respondían con el permiso del juez. Belén acababa de pasar por un programa de televisión presentado por Teresa Rabal y era muy conocida.
A los turistas la idea de ver menores por la noche no les parece bien, lo consideran explotación. Las autoridades, también. Es sabido que hay hoteles y campings/resorts de Salou que han pagado multas de 6000 € por tener shows con menores y sin ningún permiso, claro. Esa autorización del juez es puntual por una noche, una tele, una gala y no de temporada. Ignoro si todavía se hace, pero, a principios de los años 2000 era corriente y algunas academias hicieron caja con la ilusión de los menores. ‘Hacer tablas’, se decía, una actividad meritoria ilegal.
Que sí, comprended el gran respeto que me produce saber que artistas de la talla de Pepa Flores, Carmen Amaya y Lita Claver, eran niñas trabajadoras, en unos tiempos que no deseamos que vuelvan. Los niños han de bailar por placer y no por esa tremenda necesidad familiar y básica, que los hace ser mayores antes de tiempo. Ninguna de estas artistas, luchando tan honradamente y tantas cosas que podrian contar, quiso esa carga para sus hijas. Les dieron una vida mejor.
Empezábamos la temporada con un magnífico ballet de español, un estupendo mago internacional y su partenaire y mi ballet moderno, todos de Barcelona, presentando el gran compañero y director de hotel, Tolo Pons. Todos ellos, menos Belén que era imposición del vendedor de chaquetas y vinos, vinieron a Salou por mi palabra, en la confianza de firmar los contratos durante la semana próxima. Todo tenía que ir bien porque el citado embaucador, como se demostró, se comprometió a llevar los autocares para cubrir la apertura de tres noches semanales y además cada guía o recepcionista ganaba 6 euros por ticket. Allí ganaba todo el mundo.
Digo, que conociendo la sala y el sistema durante tres temporadas, debutamos. Pero en la tercera semana, el tal J.S., nos dejó a todos en la calle sin explicación, sin los contratos firmados, con una deuda económica y con la temporada de contrataciones de bolos de fiesta mayor perdida. Mi reputación como directora artística que había embarcado a todos se resintió por primera vez en mi vida. La mayoría de mis compañeros en aquella nefasta experiencia, me excusaron por lo sucedido como un incidente más de malos empresarios que juegan con el pan de los artistas pero duele igual. Nos han estafado tantas veces que raro es quien puede decir que se ha librado.
Este fue el final de Galas, donde nadie dio la cara. El señor de los licores y los 4×4, que prometía los autocares diarios desapareció culpando a los pools (manejo de excursiones) locales. El trabajo de los jefes del pool era llenar autocares y no ser críticos de espectáculos, pero, aun así, y si es cierto que ellos fueron los responsables, tal como los acusaron J.S.; y el embaucador, tendrían que saber que destrozaron la confianza, la inversión en vestuario, las fianzas de los apartamentos y el trabajo tan inestable de más de 25 personas en un show que tenía tanta o más calidad que los predecesores en tiempos gloriosos.
Conclusión: Si el señor Enric Catá, abandona el barco… (en 1994) abandónalo tú también. O como se dice en Broadway sobre los musicales acabados: No quieras resucitar un muerto.
Los artistas no tenemos por qué ser empresarios. Y si lo somos, es por compañerismo y por la necesidad de confiar en quienes proporcionan los medios. Tela marinera… es una frase que le viene al dedillo al tal J.S. Todos los artistas, aprendimos aquella mala lección y la superamos en los siguientes años con menos sustos y más éxitos.

He leído que a Belén López también la engañaron siendo casi adulta. No hay que decirlo… parece que es un precio a pagar, no es país para empresarios decentes. Ahora vuelve ya adulta y triunfando a Tarragona, a su casa y con su espectáculo.
La vida artística es una carrera de fondo.
Muy bien hecho. Me alegro. ¡Enhorabuena, Belén!
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