De la discoteca Camelot al teatro Arnau

Fragmento del capítulo 03 Una maleta abierta sobre la cama.

En verano actuábamos en la Discoteca Camelot con aquellas apuestas de shows deJosé Luis Verísimo, Tony Guerrero y otros personajes de la radio y la noche. Trabajaba allí un DJ que parecía ‘Jesucristo Superstar’, así le llamaban, muy simpático, que me invitaba a la cabina dándome conversación y me dejaba usar el mando del láser para iluminar a mi antojo cuando descansaba de la primera parte. Él sí me había reconocido de la actuación de hacía dos años con Mein Herr. Muchos días me quedaba bailando después del espectáculo hasta cerrar la disco. ‘El Superstar’, que sabía llenar la pista, pinchaba “September”,de Earth Wind and Fire, o “Born to be alive”, de Patrick Hernández, lo que conseguía motivarme, como con “Your Love”, de Lime. Lo mismo me ocurría con aquella cadencia, tan de moda, Ma quale idea, de Pino D’Angiò —¿quién iba a decirme que 34 años después, con mucha risa, inagotable fantasía y duro trabajo, seríamos colaboradores en dos de sus últimos proyectos?—.

A veces las chicas, al salir de Camelot, nos íbamos a tomar algo a un restaurante abierto hasta la madrugada con unas preciosas vistas al mar, arriba en Montjuic. Otras, nos decidíamos por los churros con chocolate en el Parque de la Ciudadela. Durante una temporada, había tenido la fastidiosa impresión de ser objetivo de aquellos chicos que salían de caza con el peine en el bolsillo, más bien cortitos. En Camelot, sin embargo, comenzó sin buscarlo, ni me enteraba porque no prestaba atención al ligoteo, una etapa de diversión con la aparición de hombres, educados y un poco “pijos”, atraídos por la bailarina que estaba buena y seguía siendo una chica decente. Y con ellos llegaron los criterios de selección. Se les veía venir. Único patrón, sin posibilidad. Tuve muchos reparos con los pretendientes en sala. Imagina, pensaba, que te enrollas con uno con la lengua larga, que presume de haberse tirado a la bailarina. No. Y, sin embargo, aquel verano, viví un romance sin buscarlo ¿cómo no?, relacionado con las noches de Camelot, pero no con sus clientes.

Mientras con el grupo de Elsa, el Movie Music Show, íbamos y veníamos, el empresario Buira llamó a Pepe para inaugurar el nuevo Teatro Arnau. En el elenco estaban Sarima Tell, Violeta la Burra, Loles León, Saskia Giró, Rubén & Graciela y Carlos Perri. Eran aquellos días los de Silvia Marsó, descrita en algún artículo como la vedette más joven de España. Ella actuaba en la Bodega Apolo y coincidimos en algún bolo de discoteca como en Big Ben de Mollerusa, pertrechada de plumas y demás parafernalia. Era simpática y espontánea, y, como todos, buscaba su oportunidad. También me avisaron para que fuera a ver a Jimmy Ray, a su casa, en una callejuela detrás del bar Cosmos, al final de Las Ramblas, buscaba una chica para salir de viaje. Me recibió su mujer, Gaye, también bailarina. Me enseñaron muchas fotos de sus actuaciones en Grecia y Turquía. Reconocí a Poppy. Hice una prueba con ellos, pero nuestros intereses no coincidían.

Una mañana de tantas, Pepe me presentó a una chica sueca, diciéndome que la enseñara a moverse, en definitiva, a ser vedette. Era el nuevo descubrimiento de Buira, Christine. No sabía hacer nada. Mucha mujer, ningún talento. Después de desesperarme y aburrirme, le dije que no quería hacer aquello. Mi falta de interés me descabalgó inmediatamente del futuro y prometido puesto de auxiliar para montar el espectáculo del Arnau.

Supe más tarde que aquella pobre chica, Christine, a quien engañaron para ser artista se suicidó.

Lola Serra de amarillo y yo de rosa

Lo que no tiene que ser para ti, no es. Con el grupo de Elsa, nos fuimos de viaje, primero a Andorra y luego a Bilbao. La auxiliar del Pepe Huguet en el Arnau, fue mi amiga Lola Serra. Y bastante hizo, poniendo empeño y orden, pues independientemente de la calidad del elenco, Pepe era un coreógrafo mediocre. Si algo funcionó en sus shows de 1982, fue por la intervención de Máximo Hita, quien renovó el repertorio y subió el nivel de baile.


Descubre más desde Memorias de una Corista

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

Deja un comentario