Triunfar en la imitación

En 2019 pudimos ver la miniserie titulada Verdon/Fosse (o al revés según el anunciante), sobre la vida de la artista Gwen y del coreógrafo-director Bob. Una historia realista con unos elementos dramáticos y estéticos fieles y que a muchos, conocedores, nos removieron. Nuestros padres recuerdan de su película Cabaret de 1972 y este fue mi primer contacto con su obra, en un cine, cuando fui mayor de dieciocho años. Los que nunca habían entrado en un cabaret, creyeron que aquello era igual en nuestro país, pero no. Sería en 1982, y no es una batallita, cuando siendo bailarina suplente de la compañía de Ricardo Ferrante, amigo suyo, aprendí su estilo. Y seguidamente, con el profesor y coreógrafo Máximo Hita que ha sido el único que lo ha hecho respetar. Verdon/Fosse es más que la intrahistoria de todo aquello que sucedió entre la pareja y los montajes de obras. Es una fundación dirigida por Nicole Fosse, que no fue mucho más allá como una de las bailarinas de la película A chorus line de 1986.

Bob Fosse & Gwen Verdon

La única hija de la pareja vela por su legado, no permite a cualquiera repetir su trabajo y además cobra los derechos de autor. Sin embargo, desde la reposición del musical Chicago, y posteriormente de la obra también musical que lo dice todo «Fosse», hubo una sobreexplotación de cursillos que continúa hasta hoy y ha generado millones de dólares de beneficio, más que todos los mercadillos de imitaciones de marca de España, como el que persigue la policía en el Cabo Sant Pere en Cambrils. En este sentido, en un segundo plan, la tristemente desaparecida Ann Reinking que también fue su pareja y aparece en el film «All that jazz», tuvo la enorme decencia de firmar su trabajo «al estilo de *Fosse». Bob no tenía Instagram, pero la aplicación está inundada de fans, estudiantes y también vividores que se aprovechan de su trabajo, simplemente copiando, pero no como Ferrante e Hita, a quienes respeto, por la maestría y la veracidad.

Cualquiera se pone a bailar el tema «All that jazz», que viene a decir «y toda esta mierda», del brillando musical Chicago, como si esto tuviera alguna credibilidad profesional. No la tuvo ni 1,2,3 en TVE, ni la tienen los cruceros, los festivales de fin de curso y en general nadie que no haya aprendido directamente de un heredero coreográfico de Fosse o haya sido autorizado por su hija. No, para los cuales han pagado por los derechos de su obra ni para quienes han aprendido de coreógrafos competentes. En un programa de televisión, Goldie Hawn y Liza Minnelli —otra de sus carismáticas actrices, como Shirley MacLaine y Chita Rivera— representaron un «All that jazz» que no seguía el patrón de Fosse. Y muy bien, difusión y no apropiación indebida.

Imitando una filmación, así cualquier mujer cursillos y monta espectáculos, atracando a mano armada con este amateurismo —destructor de ocupación artística verdadera— como en la animación de los hoteles en toda la costa mediterránea, donde no pagan a profesionales de escena acreditados, ni los derechos correspondientes al autor de la obra que pobremente representan.

Michelle Williams & Sam Rockwell

Lo dijo Herman Melville, el autor de Moby Dick, ‘Es mejor fracasar en la originalidad que triunfar en la imitación’.

Fosse vivió ambas situaciones y al final perduró el triunfo en la originalidad. El 1987, sufrió un ataque de corazón delante del National Theatre de Washington, D.C. la noche de un nuevo estreno de Sweet Charity y murió en los brazos de Gwen Verdon, horas después. Este artículo no será tema del momento, es mi sentido saludo al genio que iluminó días de castings e incertidumbres en una Barcelona donde había trabajo para casi todos los que nos lo tomábamos en serio.


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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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