Mi admirado Oscar Wilde dijo: ‘Me gustan los hombres que tienen un futuro y las mujeres que tienen un pasado’, celebro pertenecer a este club. Empiezo con los años de la discoteca, hay que tener un pasado confesable como el haber estado subida en los altavoces de Studio 54 Barcelona, bailando reposeída con Spank de Jimmy Bo Horne, mientras caían los globos y las columnas de luz desde el techo y no importaba nada; ni lo ligoteo, ni si mañana tendría un bolo… ni las monedas que me faltaban para otro medio vodka con naranja (es que entero no me sentaba bien) y no estaba para hacer el tonto.
En la parte de arriba que conservaba los asientos del antiguo Teatro Español, sucedían cosas a más temperatura y cerca de la cabina de Raúl Orellana, siempre había un revoloteo de chicas. Buenos tiempos también en Georgia y Camelot, especialmente. Mucho baile eufórico pero también estudiado, tan influenciados por la película Saturday Night Fever. Conocí unos cuántos Travolta. No escuche nunca sobre violaciones en grupo, ¿y ustedes? Pero tampoco vi circular la coca y seguro que corría. Eso sí, tanto los churros con chocolate del Parc de la Ciutadella como la amabilidad de un taxista que esperaba a que entraras en la portería estaban garantizados. Aquellos pantalones, lilas de licra con americana blanca de satén bustier de paillette la guerra que dieron… ¿Dices tú de poder? Dices tú.

Por otro lado, por la extensa variedad de música disco y la época que nos tocó vivir, si no has cantado ‘Estoy bailando’, de las hermanas Goggi, desafinando, en medio del salón de tu casa después de haber llorado en otro taxi con un berrinche épico te has perdido esta catarsis maravillosa que solo las Drama Queen de raza, comprenden.
Finalmente y sin ánimo de remover la nostalgia de mis vecinos, tengo muy presente la discoteca OH!, en los bajos del Galas de Salou. Acabado el show, bailaba con mis bailarines y los 4 gogos afro-franceses, el tema Groove is in the heart de Dee-Lite, como si no hubiera un mañana, pasando del pódium hasta por encima de la barra sin tropezar con los chupitos puestos en fila, por invitación de Paco. La verdad, nunca necesité beber para bailar. Al escribir esto, mentalmente estoy buscando donde subirme y darlo todo, en versión sénior y por la tarde. Los locales han desaparecido ya, el lugar que nunca falla es la memoria.
Nosotros bailábamos, mirábamos concursos de disco en la TV y en cierta manera así nos hicimos adultos. Estas jóvenes generaciones tienen como referencia básica el ‘perreo’ con un reggaetón machista e insustancial y si salvan el gusto es por algún tema House con clase y las canciones de Silk Sonic que para mí no deja de ser la esperanza de la música comercial y a quienes dedico —Bruno Mars y Anderson .Paak— mi lema, como los estadounidenses escriben en sus dólares: ‘In funk and R&B we trust’. No está todo perdido.
Fuimos afortunados, por eso triunfan los revivals musicales de los setenta, de los ochenta y de los noventa. Es un legado cultural al que se denomina estándar que todavía sonará en varias versiones y remixes. No serán nunca batallitas de los futuros viejos que podrán contar que refrotaron sus partes centenares de veces sin más… pensando que eso es bailar.
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