El 10-6-2024 El Diario, nos traía unas declaraciones del actor Roc Bernadí, cuando recibió el premio a la mejor interpretación destacada masculina de la edición número 16 de los Premios del Teatro Musical, celebrados en el Teatro Coliseum de Madrid.
Bernardí aprovechó para reclamar mejores condiciones laborales. “Si realmente ponemos el arte por delante, no tendríamos que normalizar el hecho de firmar nueve funciones en la semana, ni tampoco hacer dos dobletes seguidos semana detrás semana. No nos tendrían que descontar el día por una disfonía o una lesión, producto del show en el cual estamos”, añadió. “Somos nosotros los que ponemos el cuerpo. Sin nosotros no habría musicales”.
Leyendo esta reclamación tan necesaria, pienso que han pasado cuarenta y cinco años desde que estoy en esto del trabajo en el espectáculo, cuando no teníamos derecho a baja o nos estafaban las cotizaciones y también nos hacían viajar el día libre que por ley está prohibido. Hoy en día todavía se silencia, tanto los medios informativos como las instituciones, el grave accidente que sufrimos en la Compañía de Colsada cuando se hundió el foso del Teatro Principal de Alicante el 1 de marzo de 1984 causando heridos, aunque algunos pudimos morir.
El Diari més, se hacía eco el 12-4-2024 de que cinco actores del show Bang Bang West de Port Aventura habían sido despedidos después de pedir mejoras laborales a Fantasía Animación, la subcontrata encargada de gestionarlo. Los engañaron, diciéndoles que el stunt show no continuaría en la temporada 2024-2025… pero aquí están cinco nuevos actores cubriendo su lugar. Esto no es nuevo, puesto que el 17-7-2003 en El Mundo se daba la noticia que el parque temático había sido condenado por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña a indemnizar a once actores con una cantidad ridícula por obligarlos a realizar ocho pases diarios cuando por contrato les correspondían seis.
Como artista puedo asegurar que la calidad de un espectáculo empieza a menguar a partir del pase número tres. Honestamente, en perjuicio de los artistas que hacen todo lo que pueden, el espectáculo no puede ser ni muy bueno ni muy elaborado. Los artistas se rompen físicamente y emocionalmente. No compensan las lesiones ni la presión ni la carencia de descanso intermedio. Maquillarse, preparar el vestuario, preparar el cuerpo y ensayar también es trabajar. Pero es lo que hay, aunque algunos veteranos hagan declaraciones fabulosas en videos promocionales de nostalgia de aquellos pioneros que inauguraron el parque, aquellos que no tenían botas especiales de can-can o a quienes perseguían el día libre para que hicieran suplencias y, además, con los trajes sudados y sucios de otro compañero. Siempre pongo el ejemplo del Cirque du Soleil, que ya en tiempos lejanos ofrecía más de 3.000 euros de sueldo, alojamiento completo, comida según sus apetencias y psicólogo, terapeuta para evitar el burnout.

Esta mala gestión y poco cuidado de los artistas sucede porque no hay un sindicato que los agrupe y, por lo tanto, como sucedía en pleno Paralelo en los setenta, ochenta y noventa, ante las reivindicaciones existía una única frase: “A la calle por problemático y que pase el siguiente”. Se levantaba el teléfono para avisar a los otros empresarios que no nos contrataran. Esto no es una leyenda, lo vivimos todos los de mi generación, anteriores y posteriores. Mientras haya un ‘siguiente’ dispuesto a coger el trozo de pan por hoy y hambre para mañana, continuará habiendo esta grave precariedad. Solo Equity en USA, Inglaterra y Australia garantiza la calidad laboral, porque si se maltrata a uno solo o se incumplen los convenios de un grupo, paran todos y nadie pide trabajo en un lugar que está en la lista negra. ¡Uf!, igual que aquí, donde los nombres de los artistas también llenan listas negras.
Deseo que a estos actores valientes no los dejen sin ocupación por haber puesto de manifiesto la parte más fea y peligrosa.
Antes de deslumbraros y aplaudir, pensad en todo lo que hay detrás. Si un hijo os dice que quiere ser artista, decidle que adelante, pero que se prepare para una carrera de obstáculos y también que aprenda otro trabajo práctico, puesto que un gran porcentaje de artistas están en el umbral de la pobreza. Recordad el caso del actor Àlex Casanovas, que cuando ya era bastante famoso tuvo que ponerse a hacer de camarero la temporada de verano del año 2013. Que no es indigno, pero uno no se prepara artísticamente gastando una fortuna, con una inversión de vida propia, para tener que luchar solo o con muy pocos compañeros frente a estas miserias empresariales.
Ya nos lo decían los compañeros más mayores, cansados y decepcionados a las nuevas bailarinas en los camerinos del viejo Teatro Apolo de Barcelona: “¿No querías ser artista? ¡Pues te *jodes!”.
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