Acreditarse profesionalmente

Acreditarse profesionalmente, sin titulación anterior y por experiencia es posible, gracias a entidades como Tarragona Impulsa y la Generalitat de Catalunya. Es un trabajo dentro de la historia de tu trabajo. Hay que presentar tal cantidad de papeles que algunas grandes empresas no documentaron, ¿qué os voy a contar?, supervivientes unidos. Hay unos plazos. Hay unos trámites. Hay falta de algo que no se certificó en su momento y existe quien, pudiendo, tampoco va a ayudarte a conseguir esos documentos. Al final con la guía impecable de Anna C. la técnica, solamente te tienes tú y recortes de prensa, videos, programas que tienen tu nombre y cartas de agradecimiento municipales o de empresas. Y sí, claro, una vida laboral ridícula contabilizada en la Tesorería General de la Seguridad Social que no es fiel a los años que te jugaste la vida en carreteras y teatros.

Los títulos tendrían que darse cuando se ha demostrado todo, a pesar de la importancia indispensable de la preparación académica. Me hace gracia la última frase que he escuchado de Juan Manuel de Prada, con quien no comparto ideología, pero ya me gustaría tener su cultura y capacidad de análisis: «Los títulos tienen el mismo valor que las etiquetas de Anís del Mono».

Parece que a los 60 no hay que reconocer nada. ¿Qué es lo que queda? Lo hago por amor propio, se lo que hice bien y no tan bien. Tenía derecho a equivocarme en esa búsqueda de realización. Cobrando y en activo tantos años con gente de la que aprendí mucho y también con gente a quien puse en el camino. Además tuve mi sitio, con un carnet legítimo profesional desde los 17 años que nunca más me pidieron. Nunca conocí que se pidiera un título a los coreógrafos y artistas que traté. El mérito es de cada uno y no se puede pasar el tiempo con nostalgias incompletas. No siento añoranza, pero tampoco estoy acabada. Más que nunca ser sénior es ofrecer esa experiencia si se sabe apreciar y cotizar. Ahora valgo más y no me puedo permitir el equivocarme.

Siento gratitud y privilegio por esta única oportunidad de hacer de un sueño, un plan. Y siempre que puedo lo devuelvo para bien social. Estoy en paz. Critico, sí, porque pienso. He pagado mi peaje profesional con los altibajos de una vida personal caótica hasta cumplir los 40 años.  No me arrepiento y no la cambio.

Presumir, no. Constatar, de vez en cuando. Que en cuanto te callas muchos días la gente se piensa que te has muerto… aunque sea en vida.

De eso nada.

Las mejores ideas bullen en mis archivos. Cajones repletos de ideas, conceptos, escenas y vestuarios fantásticos se abren y cierran al ritmo de la música que inspira mi mente, casi siempre dispuesta a crear. Solamente debo pararme a valorar si el esfuerzo emocional, físico y económico de realizar todo eso me compensa. Creo que sí, ya se verá. Y si no se va a ver, no seré yo quien más pierda, de alguna manera todo ya lo he ensayado, debutado y hecho realidad en el reino de la imaginación que no admite limitaciones.

No percibas, no reinterpretes lo que no es.

Estoy feliz de haber sido capaz. Soy capaz de haber sido feliz.


Descubre más desde Memorias de una Corista

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

Deja un comentario