Hace unos días, tiré a la basura el último vestigio de mi vida de bailarina llena de espíritu de aventura y expectación, de 1982. Los calentadores que tejían las recepcionistas de la primera escuela al estilo ‘Fame’, el Cadaqués Center en la calle Madrazo, de Barcelona, cuando bailaba con Poppy Scott, Betty Brown y Máximo Hita. Me niego a ser presa de la nostalgia y a acumular más de lo necesario. Ya lo guardo todo en mi memoria que como el corazón siempre tiene un espacio disponible para un nuevo residente, sea persona o emoción.
A la Carolina de 1982 le digo: «lo conseguiste, tenías razón, tú sí que podías», esa Cofradía del Perpetuo Desaliento solamente me hizo más empecinada y segura, no puedo decir que les den, porque ya les dieron, solamente gracias, muchas gracias, y sin acritud.

Acabamos el año, con otro mazazo pues también he sabido, tarde, que el funeral de Poppy fue el 6 de octubre. Por lo menos, el periodista Toni Vall le ha dedicado un artículo en del Diari ARA. En cambio, me parece inconcebible que nadie de la cultura barcelonesa haya hecho un merecido comentario sobre el fallecimiento de Geraldine Thomas Buckland, ‘Tommie’. Esto va así, es una profesión ingrata y el recuerdo de las personas que ha hicieron posible, no es actualidad.
Comenzaré el año 2024 con la segunda cirugía de prótesis de cadera ―menos mal que solamente tengo dos piernas―, y una próxima mudanza con un cambio radical. Rompo mi regla de no volver allí donde fui feliz, precisamente veinte años después. Mis vinilos de obras musicales irán a otra casa donde serán más queridos y mis películas de musicales en VHS también tienen adoptantes. Necesito aligerar el equipaje, no tiene sentido que estén en un trastero cuando alguien puede disfrutarlos.
Me mudo sin expectativas, pero con algunas ilusiones que ya veremos si se pueden realizar. Estoy acostumbrada a hacer realidad lo que deseo y también lo que desean otras personas, para bien, espero no haber perdido facultades.
Muchas gracias por leerme.
Muchas gracias, Marcos Muñoz me has hecho feliz con tu versión ‘Still got the Blues’.
Feliz vida, siempre.
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