Amo Barcelona, es mi ciudad de nacimiento y de realización personal. Dada mi escasa motivación de pertenencia, ya es mucho que le dedique este piropo.
Los autores del interesante blog “Barcelofília” me han hecho, sin saberlo, inmensamente feliz con su referencia al “Salón Nuevo Mundo”. Con una de sus fotografías, me han dado la oportunidad de tirar del hilo misterioso de las coincidencias.
Cuento que mi abuelo materno, Antonio Pijuán Alegret era, además de pescador de la Barceloneta, bailarín de exhibición de tango, con su pareja artística Neus, precisamente en el “Nuevo Mundo” antes de la guerra. Neus, desapareció de su vida por una regañina, para dar paso, teniendo al baile como punto de unión, a mi abuela María Alcázar Caballé, bien custodiada como era de rigor por su madre Irene.
No conocí a mi abuelo, falleció un año después de nacer yo. El abuelo Antonio, tenía planes para mí, llegó a verme dar los primeros pasos, y quería con el tiempo, llevarme al cine con la familia, aquel cine de barrio donde todos se llevaban la merienda de casa.

He buscado mucho en internet hasta encontrar una referencia al “Nuevo Mundo”. Poder situar visualmente lo que tantas veces me contaron mi madre Pilar, mi tía Antonia y mi abuela, ha sido una experiencia única.
En un momento de mi trayectoria, en 1983 trabajando en el teatro Apolo, los padres de la cantante “Ingrid”, me alquilaron un piso viejo, frente a los números 44 y 46 del Paseo de Montjuic, tocando a la misma falda de la montaña. Hoy no hay casas, sólo queda un muro. Subiendo desde la calle Cabanes, al final, daba de frente a esa edificación.
También residí en 1984 en los apartamentos Portamar cuando estuve de paso por el teatro Arnau, el de los cheques sin fondos, el día de cobro, con la revista “Siempre contigo “ coreografiada por la gran artista “Tommie”.
Pasa la vida, pasan las giras… pasan los dos años de televisión, pasa lo que quedaba de bueno del restaurante espectáculo “Galas”, y poco a poco me fui quedando a vivir en Salou, por una relación que yo creía que crecía sólida con una persona ajena a la farándula… las relaciones son cosas de dos, como mínimo, las que he conocido de tres no han acabado bien. En 1994, abrí una escuela de danza allí, a la vez que compaginaba con mi ballet de cinco componentes la temporada turística en los hoteles y los bolos de verano con ERA Produccions.
En 1995 me llamaron los hermanos Calatrava para ir con ellos al teatro Arnau, con «La Creación», como su coreógrafa con un rearmado y ampliado Ballet Elite’s Show de 10 bailarines incluyéndome a mí. Que la cabra tira al monte, pues sí. Basta con mencionarme el teatro para que una vorágine de sensaciones placenteras y un espíritu aventurero me sacuda, llevándome prácticamente en su dirección y así sucedió. Conté con una sustituta para las alumnas pequeñas y estuve, otra vez, viviendo en el Paralelo por unas semanas.
La coincidencia, se da en el bloque donde alquilé el piso, pues mirando la foto que dejo aquí debajo y que enlaza directamente con la entrada de blog de “Barcelofília”, resulta que el espacio ocupado por el Nuevo Mundo, en los años 20, estaría situado prácticamente donde yo estuve viviendo… colindando a la vez con el Bar Leonés y el cine Vistarama que menciono en mi vida de corista y también como coreógrafa. Frente a “mi viejo teatro Apolo” y muy cerca del Arnau. La de veces que anduve por aquella acera, donde existían entre otros una oficina bancaria; una gestoría donde “le arreglaban los papeles” a Colsada, nunca mejor dicho; y un par de bloques más allá, en un ático la vivienda de Tania Doris.
La de veces que me preguntaba, entre funciones, entre recados, entre mis experiencias como bailarina ¿a dónde me llevaría la vida? Pues, ya lo ven, aquí. En mi humilde familia el único baile fue el del citado salón, otros lugares como el “Ateneu de Poble Nou” y el entretenido de las verbenas populares del barrio de Sant Martí y las de Cambrils, (Tarragona) donde mi abuelo tenía unos primos a los que iban a visitar en verano y de ahí surgió el matrimonio de mis padres.
La Avinguda Paral.lel es muy larga y la oferta inmobiliaria grande, más todavía en los años 90. Me parece asombroso y, para mi manera de sentir, absolutamente mezclado entre dimensiones y la lejanía de las épocas, que de todas las posibilidades de alquilar un piso, fuera precisamente en ese espacio, donde mi abuelo Antonio Pijuán hizo del tango su pasión en grandes veladas, viviendo las noches de un Paralelo abarrotado de la alegre y sencilla clase obrera; como eran ellos y somos los descendientes de la familia. Quizás sea eso lo que más me emociona, “que el baile de uno y de otra, nos haya llevado por distintos caminos, pero curiosamente relacionados”.

Otra coincidencia fascinante es la posibilidad del aprendizaje del ballet clásico, el poder disfrutar de las películas musicales de la televisión en blanco y negro y los programas de entretenimiento de Lazarov y algunos realizadores de programas musicales con ballets modernos, que “me permitieron soñar por encima de mis posibilidades”, ampliar mis horizontes hacia el jazz dance y dirigirme sin dudar hacia el espectáculo puro y duro.
Sin esos elementos, sería otra persona y no tendría una historia personal, más que contar.
Gracias a «Barcelofília» (click en la foto para llegar a su blog) por su documentación pública que tan importante es para mi familia, especialmente para mi tía Antonia que es la única Pijuán que me queda, partícipe de mi infancia feliz.
Si, la «vida es un tango», el mío es » La cumparsita» por herencia de mi abuelo Antonio y «Libertango» por devoción a Piazzolla, de vuelta a otra entrada de mi blog.

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