Com dije al entrañable amigo, músico y presentador Walter Mackay, en la entrevista realizada con él para Radio Info Villegas, Argentina, hace casi 2 años; Nazco, vivo y muero con Astor Piazzolla.
Mis fetiches son “Adiós Nonino” interpretado por los «Frers» en el original Llantiol.
“Oblivion” sea la versión que sea especialmente con cello y violín, quiero esta canción en mi funeral si queda alguien para acudir y no es presunción, es el sentimiento secreto, las palabras que jamás podré dedicar a quien se acuerde gratamente de mi paso en su existencia.
Y “Libertango” interpretado por Grace Jones, aunque hay otras versiones muy interesantes que atesoro al igual que los temas anteriormente citados. Como he dicho muchas veces, conocí esta maravillosa canción, gracias a «Les Ziegfeld» en la discoteca Georgia en los últimos años 70. Yo lo estrené en el restaurante y espectáculo “Cavas Park” (Subirats, Sant Sadurní) para un público popular en 1989, con uno de mis más queridos bailarines y gran cómplice.
Le dí la vuelta muchas veces como dúo y también en directo como «trio» con estupendos bailarines e intérpretes igualmente cómplices y con un ballet de 7-10 componentes en el restaurante y espectáculo Galas de Salou en 1993 (como el Lido de París y considerado la segunda sala más grande de Europa) y en el Arnau con los Hermanos Calatrava en «La Creación» con Ricardo Ardévol y Paco Pociello (D.E.P.) ERA Produccions en 1995.
En Galas teníamos un decorado de fondo bastante grande. Del teatro Arnau guardo un recuerdo especial, solamente con una cámara negra y dos muebles, estando arropados por la excelente iluminación de Gil (Sonolux) no necesitábamos nada más.
Faltaban pocos días para terminar nuestro contrato. Al salir de la función me encontré, con un señor que se presentó diciendo que había estado viendo el espectáculo con su compañía entrante y a continuación continuó: «Te felicito, eres original y arriesgada, he visto muchas versiones y como ésta ninguna”.
Yo me quedé un poco descolocada y, como no soy efusiva con desconocidos, le dí las gracias educadamente.
El señor en cuestión, argentino y purista del tango, era Nelson Ávila, el coreógrafo de la compañía entrante con la obra “Buenos Aires, Tango”. Con el tiempo, ya que me invitó cortésmente y no pude asistir a su estreno, me enteré de que estuvo nominado a un premio Tony en 1986 por una de sus obras como “Tango Argentino” y había participado en la película “Tango Bar”, así como hecho giras con sus diversos montajes.
No sé cómo describir ese sentimiento de no “ser masacrada” por un experto, al salirme de la norma, y, que además sin ningún atisbo de soberbia se dignó a esperarme para darme su opinión. Así debería ser siempre, entre los artistas y dejar lo de “muy bonito el vestuario” y “mucho trabajo” por no sincerarse… apartar ya esa forma “bien queda” de comunicación. A última hora, una crítica es un regalo inesperado, el pensamiento de quien te la dedica y más allá de la técnica y el arte afloran muchas pautas totalmente previsibles.
“Un artista inspira a otro artista” y también puede comprender mejor que otras personas menos soñadoras y apasionadas, las luchas internas de inseguridades; malabares de presupuesto; medios escénicos; poner el precio que valemos (muchos, sin representante que lo negocie) y manejar con cautela como el plutonio, las limitaciones o extraordinarios «puede ser» de los talentos disponibles incluido el propio, para ejecutar un espectáculo, digno y con la calidad humana y profesional correspondiente a todo lo que no se ve, sobre el escenario.
Tengo el vídeo de “La Lección de tango” una obra que tiene mucho de autobiográfica de la directora Sally Potter, con el magnífico artista Pablo Verón. Ahí vuelve a aparecer “Libertango” curiosamente ella bailando con 3 hombres. Soy fan de “Tango” de Saura, contando en ese caso con el mito que fue Juan Carlos Copes y el gran Julio Bocca.
También he visto el magnífico documental de German Kral, “Un tango más”, basado en la vida de Copes y Maria Nieves Rego, que logrando tanto éxito y llevando este baile a un reconocimiento internacional que incluía Broadway y Japón, al igual que Nelson Ávila, llegaron a romper y a dejar de hablarse, excepcionalmente consintiendo participar en dicho documental que retrata una Argentina real y unos inicios difíciles con todo lo que conlleva mezclar lo personal y lo profesional.
Nunca he aprendido a bailar tango. Es un gran amor perdido y no sé si estoy a tiempo de ponerme a ello, por diversas razones. De momento aquí os dejo una versión televisiva corta, aunque particularmente me gusta más la versión completa en directo, el «Libertango» con la intro de «Adiós Nonino» en el Teatro Arnau de Barcelona. Un poco borroso por la cinta de cámara de video y la «quemada del blanco apto para el ojo pero no para la lente aficionada», que da una idea de la diferencia de crear para televisión o para teatro. De lo que enseña el realizador en la edicion final y de lo que percibe el espectador, intuitivamente, fijándose en lo que le llama.
Se puede «pensar a lo grande» sobre el papel y luego aparecen los recortes. Nunca he pensado sobre el papel, he sorteado los temidos «si, pero» económicos, con tal de salirme con la mía. Tuve un equipo muy bonito tanto en TV3, como en el Galas Salou y en el teatro Arnau para hacer realidad y «producir íntegramente y saltando sin red», todo lo que imaginé y pude en ese momento realizar.
Daría algo por representarla otra vez, con lo que sé ahora y lo que he olvidado de una época sentimental convulsa (para variar). Si la gente supiera la de números musicales que he puesto en escena basados en las propias emociones, si lo supiera… como ese “palpitar”, dudar y amar en ese terreno resbaladizo sin límite de las relaciones personales, los deseos y la curiosidad, ya conocería más de lo que quiero, por ahora, contar.
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