La Navidad y el espectáculo

No puedo negar que mis fiestas navideñas han sido variopintas.

Pasé de celebrar mi primer Fin de Año fuera de casa, con Lola Serra en la discoteca «Equilibrio» en el Tibidabo al próximo año en Zaragoza, trabajando en la sala Aída…y después de marcha en la discoteca «Scratch», con mis tres compañeras del ballet moderno.

Pero sería al año siguiente, ya en el teatro Apolo, cuando conocería el famoso festejo teatral, cuando se para la función, artistas y público se preparan juntos para celebrar las campanadas. Posteriormente, así sería en el Monumental de Madrid, de vuelta al Apolo por un par de años más, con escapadas a Studio 54 y también en el teatro Victoria de Barcelona. Entonces me gustaba, creo que necesitaba, empezar el año actuando, estar en el lado de los que entretienen y no de los entretenidos.

Otros eventos similares, noches de fiesta tradicional, han ocurrido de vuelta a Zaragoza en “El Jardincillo”, otro evento peculiar, pues aquella Nochebuena, cenamos un bocadillo y unas naranjas con el grupo de ballet correspondiente. También resultó especial, la actuación con los hermanos Calatrava, Ángel y Esther, en el «Palladium» de Mallorca. Y una Navidad la pasé con el circo de Ángel Cristo y el ballet Gin-Pak en el Palacio de los Deportes de Barcelona. Cené con mis padres y mi hermano. Pero ¿cuántas veces me resistí a ir a casa?, muchas.

Por Cavas Park en Sant Sadurní/Subirarts, pasaron muchos ballets, pero mientras el mío Elite’s Show, estuvo disponible, los fines de año fueron nuestros.

Más tarde, cuando estaba a la vez con mis primeras producciones propias, en Galas (Salou) y en TV3 tuve, aquel año 1991 una crisis personal. Afortunadamente no tenía que actuar en esas fechas, pero, mi estado emocional, me llevó a sugerir a mi entonces pareja que se fuera a casa de mis padres. Me quedé sola, cerré todas las ventanas y lloré hasta hartarme durante tres días.¿Qué pasó?, todavía no lo sé, llámalo «inquietudes», desengaños, éxitos… cúmulo de emociones, secretos; una mezcla explosiva.

Ya lo dijo Bob Marley: «Si ella es fácil no será maravillosa y si es maravillosa no será fácil». Tomadlo como queráis. No soy fácil ni maravillosa, pero me va el enunciado para acercarme de puntillas a lo inclasificable, por lo menos, estoy encantada de conocerme y quiero seguir aprendiendo, evolucionando. Rutina no es mi mejor estado. Sobresalto, tampoco.

En otra ocasión, acudí a la última cena del año con un amante, y unos desconocidos, me aburrí mucho, como “persona normal”, no le veía la gracia a nada y me fastidiaba la falsa alegría del festejo porque sí.

Luego… blackout. Oscuro. De repente se acabaron las uvas y el champagne en el escenario. Había cambiado la inseguridad económica y la aventura bohemia, por lo que creí un amor duradero (perecedero como casi todo en la vida) y una actividad más estable pero muy estresante; pagar para trabajar; local, impuestos… luz… abriendo mi escuela de danza. Solamente me sirvió para querer a personitas a mi cargo, y para saber que mi sitio no era aquel. No tocaba arraigarme. No tenía suficiente. Me estaba hundiendo, artísticamente insatisfecha. Me dí de baja del amor por una larga temporada y llegué a trabajar con 6 pastillas diarias para la depresión y la ansiedad…. además manteniendo 2 ballets (1o personas) para el turismo de hoteles en la temporada de verano.

A veces, a lo largo del tiempo, asistía a la cena de Nochebuena en casa de mi familia en Barcelona, pues yo ya vivía fuera. Otras, simplemente, no fui. Ya no podía más.No sé fingir y no quiero amargarle la fiesta a nadie.

Con pareja o sin ella, realizada o no con el nivel de espectáculo que creía que me correspondía, pero que me quedaba lejos de las luces de la ciudad y todos sus encantos y riesgos, empecé a inventarme otra clase de “bolos”; las actuaciones que montaba para el Parque de Navidad infantil, con mis alumnas en el Polideportivo. Es que yo era de comenzar el año trabajando, estaba más cómoda más puesta de alegría, nada de vicio. Ahí se instauró el “Christmas Show” de Escola Carol Dansa-Salou. Entonces fue mi familia quien comenzó a venir a verme para pasar juntos, puede que menos de 48 horas, esas fechas.

Las contrataciones de los ballets, y de los artistas pegaron un gran bajón a finales de los 90 y además, los bailarines como los músicos no tenemos ninguna estabilidad y es muy difícil componer un grupo,  único, comprometerse para una fecha y que no falle nadie. Cada vez era más complicado trabajar cuando los demás se divertían y divertirse cuando los demás trabajaban por un sueldo digno. Me gustó en su momento y el último evento en el que participé, fue el famoso Fin de Año de 1999, el gran cambio aquel, casi apocalíptico cuando se vaticinaba que todos los aparatos se pararían. Actuando con una muy buena orquesta que no menciono, pues estaba allí un artista que no deseo identificar, la peor elección sentimental de mi azarosa vida, en el Hotel Juan Carlos I, además con Boney M. bueno… con otra generación/clon, por lo menos sus nietos, a 600€ el cubierto. A los artistas nos dieron unas tristes patatas fritas revenidas, una carne ya fría de bufet de personal y no tuvieron el detalle de darnos ni las uvas. No había nada estipulado, pero “la clase” no va de estrellas de categoría turística va de calidad personal. Cero, patatero.

¿Cenas de empresa? saraos y despiporre, no sé lo que son. No contéis conmigo, no encajo. Por lo menos lo admito. Me he pasado parte de mis propios estrenos, buscando el rincón refugio, el modo satélite en vez de la falsa apariencia estelar. He soltado discursos en inglés, he felicitado a todos y me he vuelto a la comodidad de la soledad del creador. Estreno exitoso, bien, vale pero la fiesta para los otros.

La Navidad era mi infancia, las luces de colores, los adornos… la ilusión de una familia humilde. La Navidad era mi madre y falleció el 27 de marzo de 2021. Ya no siento la Navidad. Ha desaparecido y con ella todas las personas y situaciones que me inspiraron y llevaron a gran euforia, laboralmente o emocionalmente hablando.

Tengo la suerte de no sentirme obligada con las tradiciones. Me acuerdo de muchas Navidades, se han quedado pegadas en lo más profundo de mi alma. Así que, cada año es menos fiesta y más ausencia. Estoy segura de que lo entendéis. De que añoráis a vuestros seres queridos. Y seguís caminando este sendero incierto, con la determinación tozuda del niño que esperaba a los Reyes Magos o a Papá Noel. Estoy convencida de que podéis encontrar, como sea, vuestra energía y ganas de fiesta, cuando todo parecía que iba bien.

La fiesta comienza a ser, para mí, una memoria del luto y no un mirar hacia adelante.Tengo personas de quienes ocuparme, como vosotros, tengo dudas y también ganas de vivir y seguir realizando, no sueños, trabajos que no acaben conmigo y proyectos en común con mi familia. ¿Qué pasó con aquella niña que decía un poema de Navidad en el medio del comedor? No lo sé, vive de espaldas a mí y tampoco me deja marchar.

Lejos de percibirme como sombría, os comento que estoy haciendo un video virtual al estilo de los valses vieneses de Año Nuevo. Es toda luz, la que conservo…que va muy cara. Mi instinto creativo se subleva a esa sombra del pasado…. Ya sabéis, “cuando estás rodeada de oscuridad tu única tarea es brillar”.

No solamente los payasos lloran bajo su pintura cuando nadie mira.

Mis buenos deseos, para quienes sufren y no pueden huir. Os deseo que seáis dichosos y que vuestra salud sea estupenda. Que os sintáis queridos y queráis. Os deseo los abrazos de todos los días normales y las emociones extraordinarias de los momentos especiales que ya no sabemos si volverán, pero que en caso de que así sea…. serán diferentes, pues la vida avanza y la intriga se renueva.

Os dejo mi primer «Christmas Show» con “mis niñas” queridas, mis cómplices,  que ahora ya son mujeres, madres de familia, empresarias… con carreras… Es un vídeo lleno de amor y me sobra hasta el último día de mi vida…. la que sale al final, vestida de azul y de chandal con cola de caballo, morena, soy yo.

También os dejo aquí, mi número de la «Noche más mágica del año», que hice para «Això és massa», TV3.

Con o sin show que deba o no continuar. Nunca sabemos cuándo será la ultima oportunidad de plasmar en el escenario todo lo que sentimos y regalamos, porque, os lo confirmo, se lo confirmo a mi enfermero del CAP de mi zona de residencia: lo que hacemos los artistas, que no somos números uno, estrellas…. figuras, los trabajadores del espectáculo «no está pagado».


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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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