A la ciudad de Alicante le tengo un vínculo/afecto especial, por lo profesional, por mi debut como corista de revista en 1981, pero está claro que después de un año desde que me puse en contacto con algunos medios, a la prensa de la ciudad, (del color que sea) no le interesa por antiguo o por ocultación, el tema del gravísimo accidente sucedido en el Teatro Principal el 1 de marzo de 1984.
No solamente calló la empresa Colsada, la gestión del teatro hizo lo mismo; Ignorar las vidas de los coristas que cayeron al foso y a los que se pudieron haber matado.
No sé exactamente por estar un poco alejada de estos trámites desde hace tiempo, la vigencia legal y cronológica del seguro de responsabilidad civil para teatro y cine en España. Nosotros, los coristas, no teníamos tiempo de dedicarnos a investigar sobre nuestros derechos como trabajadores. Quienes lo hicieron, públicamente salieron mal parados, y es que “el juego del teléfono” daba para mucho en Barcelona.
Comprendo que en un momento dado, se cambien nombres franquistas de calles, se retiren estatuas que recuerdan hechos y personajes históricos, desagradables, ofensivos pero ciertos. No se trata de hacer un «tour del horror» como en otros sitios, no hay para tanto.
Hay un desinterés en contar la verdad y mi testimonio no cierra un teatro, ni fomenta leyendas negras, creo que recuerda el respeto que se le debe al corista anónimo y a las personas que ayudaron a los heridos.
Mientras Colsada permaneció cómodamente en observación en el Hospital, pues también cayó, a los coristas se nos obligó a actuar con vendajes, moratones y tiritas. Con este post, en mis redes, ha surgido de tal recuerdo compartido con los pocos que quedamos, otra víctima de aquella mala práctica empresarial. Como no lo cuento en el libro, y cuido lo que puedo la intimidad de las personas que menciono, tengo el permiso de la compañera Teresa Rodríguez, para decir que ella fue obligada a presentarse al teatro Principal, cada día y con muletas por haberse roto un pie en el accidente, sin que le permitieran regresar a Madrid.
Ya explico detalladamente en otro capítulo del libro, lo que era el tener que ir a trabajar al escenario, maquillada y vestida, con un brazo escayolado “actuando” como el caso de Cathy W. en el Monumental de Madrid y mi caso en el Apolo de Barcelona durante la filmación de la película “Las alegres chicas de Colsada” con entorsis de 2º grado de tobillo, simplemente vendado.
Sin baja. Sin indemnizaciones. Silencio total. Y con miedo.
Hay una diferencia entre remover las heridas y dejar constancia de una historia verídica de la escena española que ha pasado por puro desconocimiento y por esa cosa indigna y amarga, que les queda a quienes no tuvieron culpa alguna. En este caso como en otros, hago uso de mi manía de enfrentarme al «dragón» de cara, ya que nunca lo he hecho ni haré por la cola.
Todo prescribe, todo se difumina y olvida, en perjuicio de quienes peor lo pasaron.
De alguna forma, somos mis compañeros y yo, por tanto accidente; bajas no permitidas; viajes en gira, prohibidos pero realizados en día libre; despidos improcedentes (que yo sepa, solamente una bailarina les plantó cara en Magistratura de Trabajo y ganó en los 90) y obligación de presentarse al puesto de trabajo lesionado, los únicos que no se han llevado nada de la tan litigada y ambicionada herencia de Matias Colsada.
Pero, la merecíamos, moralmente, tanto como los que tan bien “y calentita” se la han llevado.
La prensa de Alicante no está interesada en los sucesos de la “rancia” revista española, e intuyo que sus clientes y propietarios actuales del teatro: Ayuntamiento de Alicante, Generalitat Valenciana y el Banco Sabadell, tal y como consta en su web a fecha de hoy, tampoco.
Los líderes de los medios se rasgan las vestiduras ante las noticias de accidentes laborales que son más “vendibles”. Ha quedado claro, que éramos y somos personas. Algunas se salvaron de milagro, de morir atravesadas por utilería (atrezzo) y metales del foso, más información en mi libro.
Queda este registro vergonzoso, en algunas «bibliotecas oficiales», de Teatro, de Mujeres de España y de Catalunya.

Foto Teatro Principal de Alicante, fuente Internet. En «rojo» la zona del foso hundida con parte de los 20 coristas y Matías Yánez,»Colsada», en el lado izquierdo durante el ensayo pre-función.

Foto Teatro Principal de Alicante, fuente Internet.
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Increible que os hicieran trabajar en esas condiciones y con un susto tan tremendo en el cuerpo, pero así era la Revista. Yo también viví una situación parecida, no tan grave, el escenario se hundió y un bailarín cayó en el agujero y por supuesto la función siguió adelante… Ya dicen que lo que no te mata te hace más fuerte. Saludos.
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Tú también tienes una historia que contar, como profesional que eres. Solamente que ser profesional, no incluye pasar por esos tragos mi querida compañera. Un abrazo.
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