A la artista Concha Velasco, por todos los géneros en los que ha actuado, se la sitúa en la crónica sentimental de varias generaciones de españoles. Ella publicó un libro sobre su vida titulado: “El éxito se paga”.
Creo que la frase es acertada y no hace falta añadir más, no obstante, quiero hablar “del cobrador”, no tanto de ese tributo. Más bien del simple gesto humano donde a veces, nos hemos visto obligados a disfrazarnos de lo que no éramos, ya sabéis, para que no nos hiriesen “más de lo normal” en nuestro gremio.
En esta profesión he conocido grandes momentos de solidaridad, con personas nobles, independientemente del éxito. También he conocido el lado turbio, rayando lo pueril y exacerbado totalmente innecesario. Y me centro.
Siempre digo que inicié este camino sin apoyo exceptuando el de mi madre.
Lo cierto es que hay dos personas que sin pedirles nada, se ofrecieron a echarme un cable, simplemente dándome la oportunidad de que vieran a mi ballet Elite’s Show, con los productores de turno.
En el caso del director de teatro Ricard Reguant, sucedió de forma totalmente espontánea y limpia, proponiéndome una cita/casting en Focus. Siempre se lo he agradecido aunque no trascendiera, ya que la mía era una belleza distinta, y por lo tanto no comparable, a la de las coreógrafas abonadas a dicha productora por vete a saber (y lo sé) que intereses. Coreógrafa, alguna que ha hundido un local, o a la que he tenido que sustituir en agencias de eventos, por no tener idea de montar un show comercial. Ricard, que ha descubierto a muchos talentos siempre fue, elegante y atento. Hasta ahí puedo decir que no me mandó “al cobrador” de favores.
Y ahora os voy a presentar “al cobrador”; Ya hace 30 años, de estas historias que no batallitas, y en esa misma franja de tiempo, unos meses, yo tenía previsto debutar la temporada de verano, en el Restaurante-Espectáculo “Galas” de Salou (a semejanza de Scala Barcelona o Meliá pero el doble de grande) y necesitaba anticipar dinero a la empresa que confeccionaba las plumas. Esas medias lunas blancas, que yo misma diseñé. Las empresas de plumas y pedrería, tenían un largo historial de deudas acumuladas por parte de producciones de variedades y querían garantías. Toda la ropa se hizo en casa, la confeccionó mi madre y mi hermano me ayudó a pagar textil y zapatos, por lo tanto tenía un gasto menos.
Comentando esta situación con un artista que fue por una temporada mi jefe, pues me dio una oportunidad de trabajar que me tuve que ganar salvando innumerables manías de una parte nacionalista de la producción que no apostaba, contradicción, por el talento local, él mismo se ofreció a darme el anticipo, y yo le prometí la devolución al mes del estreno.
Bueno, pues llegó “el cobrador”. En forma de amor desorbitado y no solicitado, convirtiéndose en acoso. Ante mi extrañeza y rechazo, tuvo, el señor, la cara de decirme que “no fuera yo a creer que era por el préstamo”. No, era por que estaba rozando la andropausia y necesitaba, marcar una muesca más en la pata de su cama. Nunca 300.000 ptas. resultaron más amargas e inconfesables y si se pensó que, poner por poner, ese sería “mi precio”… se equivocaba pues no tenía vocación ni madera de escort, ni de mártir de las candilejas, o juguete roto con pretensiones, volviendo derrotada a mi barrio obrero.
Lo hizo a sabiendas de que tenía pareja. De que no podía denunciarlo. Y de que solamente yo saldría perdiendo si hablaba… el trabajo, la credibilidad profesional, que me había costado ganarme en 10 años de paradas en bares de carreteras, mantas para mal dormir en autocares, deudas de artistas/productores malos pagadores, hambre, frio y sueño suficientes para haberme apeado de esta profesión, que ya antes del éxito quiso pasarme la factura.
Entonces todavía creía en que la mayoría del gremio, eran buenas personas.
Cosas que aprendí, sin ir a Broadway: “Tus amigos se alegran de que te vaya bien, pero no mejor que ellos”.
Y lo que aprendí aquí en Barcelona, es que tú puedes facilitar contactos, dar referencias para ayudar a alguien, avisar de castings e incluso dar trabajo jugándotelo todo sin ser empresaria…. Salvo contadísimas excepciones de personas extraordinarias de las que guardo buena memoria, no esperes lo mismo. Y mucho, mucho mejor si no sugieres que te hace falta. Son pocos los artistas que “no necesitan que tu fracases para que triunfen ellos”. A cuento de mi libro y repetido hasta la saciedad: No quiero hacer daño, no es que explique lo malo o pese más que lo bueno. Donde hay sombras hay una luz. En el espectáculo se magnifica el contraste, aflora la cara oculta de la luna y se gira la cruz de una moneda. No es que los muertos no se puedan defender, es la impunidad y bajeza que toca soportar cuando estando vivos, sabían que actuaban mal y lo siguieron haciendo.
Así que tú joven artista que me lees, ojalá te vaya bien, pero si se da el caso piénsate mucho de parte de quien vienen los favores, pues siempre puede llegar “el cobrador” y este como cierto cartero, “no llama dos veces”, te va a machacar hasta la náusea.
Avisado quedas. “No es contar la feria como te va, son las tripas de la feria puestas al sol”, la naturaleza humana. Nos pasa a casi todos, pero hay que tener mucha confianza para admitirlo y decirlo. Aun así, diciéndolo, lo más posible es que no cambie nada.
Gracias Ricard Reguant y gracias, Ricard Ardévol (E.R.A Produccions) lo digo en mi libro, caballeros, es justo hacerlo público. Oportunidades que me ofrecieron, empujones que no pedí.
No es solamente un trabajo, y si lo vas a tomar así no lo empieces, pues te va a exigir una parte de tu vida que jamás volverás a recuperar.

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