Visita a «El desplume», Antic Teatre Barcelona

Ayer antes de entrar a ver “El desplume” pude contemplar a vuelo rasante, desde el coche, y caminando, por la zona del Antic Teatre, mi ciudad. Barcelona, no importa si la Diagonal con Muntaner o Pau Claris, huele a sucio, a cloaca que no puede tragar más. Está colapsada de tráfico, de patinetes y monopatines con cuyos usuarios te juegas la vida en zonas peatonales y a quienes parece importarles poco que suceda un accidente. La gente tiene prisa. Cacos que se te acercan mucho, mientras contemplas los mosaicos del Palau de la Música Catalana. Africanos arrastrando carros del super llenos de chatarra…. Por un momento creí que estaba en otro sitio, bajo un puente de New York o San Francisco.

Tenía yo, aquello del mercado de Santa Caterina, el recuerdo de las tiendas mayoristas de ropa unas calles más arriba… tenía las ganas de llegar al Passatge de les Manufactures, donde a los 3 años, me compraron la muñeca Cachita que era negra, (eh, ojo al dato de la integración y stop racismo) como consuelo por haberme arrancado de cuajo las amígdalas.

En ese pasaje había tiendas, variadas, entre ellas en una planta superior una impresionante fábrica y tienda de abanicos, no miré en los buzones si todavía existe. También allí me compré mi primer paraguas transparente que me costó 300 pesetas cuando era adolescente.

Yo iba, ayer, caminando despacio, recuperando el olor pegado a mi memoria, de las botas para la lluvia de pequeña. Cuando mi abuela, mi madre y yo nos vestíamos con lo mejor para ir “a Barcelona” el centro. De la gloriosa goma perfumada de la Cachita… que además ponía rostro al jingle del «negrito del África Tropical del ColaCao» en la radio Marconi…. todo un mundo, no subterráneo pero sí cubierto por el propio edificio y…¡oh decepción!, una más.

La gente se muere. Las tiendas cierran y los locales se venden y «adecentan». Me encontré con espacios acristalados, tipo cocina abierta, varios…. Cerrados y pensé: esto también se ha acabado.

La “modernez” urbana, la renovación estética, va derribando lo antiguo y valioso, aunque en Ciutat Vella sobreviven locales pequeños con sabor vintage. Un garito, una tienda de sombreros… el maravilloso jardín bar de Antic Teatre; copos de nieve, sobre fango.

No quiero hablar de “El desplume” porque hay que verlo. Es el cabaret de antes, dirigido e interpretado por quien sabe lo que hace y lo recomiendo pues cada programación mensual es diferente a quien me lea de estas nuevas generaciones que nada saben ni sabrán si no se se espabilan, porque nos hacemos todos mayores y algunos especialmente interesados en conservar su ignorancia artístico-cultural.

Dignos, veteranos, profesionales en una burbuja de público acorde a la generación que comprendemos y vivimos el cabaret de los 70 y 80, público testigo de tiempos mejores (según como se mire y quien te atienda en la burocracia y la sanidad, tener 60 años es ser joven y mayor pues como unos 85) así que lo dejaremos en que era el espacio de los auténticos “viejóvenes”, no de los jóvenes que se avejentan viendo pasar la vida a través de la pantalla del móvil.

Bien. Encontrarme con algunos de los ejemplos artísticos más importantes del país y contemplar un espectáculo que defiende el territorio del cabaret y las variedades en directo, de pequeño formato una vez al mes, fue la única alegría porque me marché de Barcelona como en los últimos 15 años, diciéndome íntimamente: sé dónde está todo lo que ya no existe, recuerdo cada momento vivido durante 34 años como residente pero “esta ya no es mi ciudad”, solamente “es mi gente”.

No sé si condena o privilegio, seguiré siendo una nómada, extraña, disonante, disidente y divergente, vaya donde vaya. Quizás es momento de volver a mí misma, a la artista aparcada por un tiempo y por varias razones, a través de las experiencias de visitar a los compañeros y maestros del espectáculo que como tantos otros que ya no están con nosotros, al igual que las antiguas tiendas del Passatge de les Manufactures, permitieron a esta debutante de 15 años, hacerse profesional y vivir de esto que es de todo menos cuento.

Aplauso. Telón. Apagón.

Con Lita Claver «La Maña», Manuel Castán y Victor Guerrero, en el ANTIC TEATRE, BARCELONA 26-10-2022

Alegría, profesionales, un buen espectáculo y cariño siempre combinan y se agradecen.

Foto cortesia de Maria Tura.


Descubre más desde Memorias de una Corista

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

Deja un comentario