Menores, engaños y silencios

Cosas que me dejé en el tintero #02

No cuento en el libro como tras una noche accidentada, traumática para mí,  que pasé en el hospital, una persona de la gerencia en el teatro Monumental de Madrid, me exigió el pago de 40.000 ptas. por el coste de la ambulancia que me llevó de urgencias. El asunto, no fue a peor porque dos médicos de un hospital en la zona de O’Donnell se hicieron cargo del asunto y me ayudaron con un derecho que era mío.

Posteriormente y en ese mismo año 1984 durante la gira de verano, trabajé en un espectáculo titulado LA PÍCARA REINA. El tema principal y marca de la casa se tenía que haber titulado “Las niñas alegres de Colsada”, puesto que aquellas compañeras menores de edad y por tanto trabajando ilegalmente en espectáculo a diario y de noche,  según  la ley española, eran exactamente eso.

Niñas a quienes se les cobraba una comisión en origen (U.K.) por parte de sus profesoras que las enviaron aquí engañadas y sufrieron otra merma de sueldo, otra comisión, que se les aplicaba por parte del manager del ballet que no era ni coreógrafo ni bailarín.

Entre todas ellas, hubo 3 que tontearon con el actor que susurraba a Colsada, un técnico y un “galán” de la compañía, todos con capacidad para discernir y a quienes poco importó la legalidad. La moral es subjetiva aunque esté tipificada en el código penal.

Esas niñas, tenían que ahorrar para enviar dinero a casa, Manchester, Leeds, Doncaster y comían muy poco pues la mayor parte del sueldo se les iba en los hoteles programados. No solamente eso, en cuanto volvimos de la gira a Barcelona, las alojaron en el Hotel Apolo, en las Ramblas, propiedad de Colsada.  Otra comisión, hasta que pudieron ahorrar y juntarse para irse a vivir a algún apartamento compartido.

Al lado del hotel, había un local donde estuvimos ensayando, luego convertido en gimnasio. Hace poco, una compañera de academia, me comentó en la presentación de mi libro que “el galán” le había tirado los tejos, siendo profesora de jazz en dicho gimnasio. Bueno, a ella y a toda mujer que pasara por delante pues era un auténtico depredador sexual, que ahora cuenta sus miserias de alcoba pasando por taquilla y es que el teatro ya no contempla el derecho de admisión, por lo menos entre los profesionales.

Leyendo un interesante capítulo del libro “De mentiras y franquistas”, cuyo autor es el catedrático en Literatura Española de la Universidad de Alicante, Juan Antonio Ríos, aparecen otros aspectos de Colsada y su camarilla, fruto de su estupenda investigación política y social, con algunos breves apuntes sobre los relatos de otros artistas con las letras más grandes en el cartel que yo, que solamente era corista y capitana de ballet.

Es cierto que cada cual cuenta la feria como le va, y parece ser que mi queja por los zapatos rotos de las bailarinas, no es un hecho aislado. En cambio, jamás escuché de boca del “actor que susurraba” (el primer interesado como escritor de libreto y cómico en que aquello funcionara) llamar a una mujer “putitiple” (por lo de vicetiple con pretensiones), me he enterado ahora. Y no me ha gustado, pero lo he puesto en el contexto de que ese mismo actor, me recibió una vez desnudo, envuelto en una toalla…. y no pasé de la puerta, con lo cual no tuvimos “conversación” sobre la nueva obra a estrenar.  Será que no daba el perfil de “putitiple”.

Tampoco es casualidad que un par de años más tarde me soltara en evidente estado de embriaguez y ya debutante como coreógrafa: “que las frutas prohibidas” no gustaban en la compañía y sin pasar … ya sabes por donde, no hay fama y volvería a “mi coro”. Sirva, puesto que no lo relato en el libro que esa misma frase: “las frutas prohibidas” (mujeres emparejadas) ya se me dejó caer muy claramente, un año antes, e hice caso omiso.

El respeto se impone, no se presupone ni se gana y eso incluye a los difuntos. Y la justicia no se espera, se imparte. Quizás entre unos y otros, los que nos jugamos la vida en carreteras y accidentes en teatros con Colsada, sin que nos cotizara a la S.S. también merecíamos una parte de la herencia de la discordia. No seríamos sus viudas ni familiares diseminados, o el gris y enjuto «hombre de los recados» (en realidad apoderado, me enteré por la prensa) que también trincó. Fuimos la carne, las emociones y el esfuerzo, unos en luces de neón en la fachada y otros en las sombras, sobre los que construyó y hundió su imperio.

Pero claro, eso sería poética, pues de humor queda bien poco y de insulto gratuito a la mujer trabajadora del espectáculo, queda mucho por parte de quienes no tienen ni idea de lo que es.

Si quieres saber más, te lo cuento todo. Todo lo que nadie ha contado. Está en mi libro.

Cada vez que recuerdo aquellas letras facilonas sobre la amistad y la felicidad… de final de primera parte y de apoteosis o finalissimo, que cantábamos en playback para un «público analógico» me entra una mezcla que podría llegar a la «agitación» no deseada por James Bond, y no por haberlo ignorado entonces, así sigue de vívido en mi mente, por la ficción que hicimos realidad.

Y aun así, casi todos fuimos felices y decentes.

La lealtad tampoco se paga, se merece.

Esta entrada se la dedico a Juan Antonio Ríos, un profesional gentil que sabe contar todo lo que no me interesó en el colegio.

1985 DESEADA – La chica de la capa azul soy yo. En esas fechas ya estaba un poco quemada y buscaba nuevos horizontes. Sonrisas vendo, menos nostalgia y más análisis.

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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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