Aunque leo y escucho posts en Facebook, de un señor director que sabe más que yo de teatro, cine y artistas, no siempre me doy por enterada en su página. No es por él, es por mí, escribir en los perfiles ajenos e interactuar, me salió caro hace unos años, un par de veces con ataque de ansiedad, acoso virtual y a punto de denuncia policial, y eso no es una broma.
Así que no deseo ampliar mi red social con desconocidos y enterados que por una frase sin tono, te sentencian e insultan, ya tengo suficiente con los conocidos especialmente quienes creen que Facebook no es el sitio para profundizar ni cantar las cuarenta y además, me critican cuando tienen vía libre para contradecirme.
Decía este señor, que con “él se va a trabajar para pasarlo bien, no para sufrir”.
Y eso me encantó, más cuando en la temprana educación de danza recibida en mi barrio, se tiró mucho de “sacrificio”, humillación y sufrimiento para nada.
Por ello le debo a mi debut en la Revista, la alegría de descubrir que podía ser feliz sin ser una «prima ballerina», cobrar un sueldo profesional y capaz de hacer lo mismo que las señoritas coristas, espléndidas, cuanto más anónimas mejor, pintadas en los afiches, que actuaban en la tv y la filmografía española.
He tenido la suerte de disfrutar con auténticos profesionales, y también de captar a la primera las señales de todos esos sospechosos de aprendices de master BDSM dispuestos a amargarte la vida dentro del teatro. Los cobradores ilegales del peaje profesional.
Parece una contradicción pero, cuando te encuentras a no una, cinco, seis o diez compañeras que coinciden contigo en el paso del tiempo por aquellas experiencias traumáticas, ves el patrón y sabes que hiciste bien en largarte y buscar algo mejor.
El director de teatro, al que no etiqueto para no distraer a su audiencia de lo que verdaderamente importa, su trabajo, trabajo, trabajo…. (programa, programa, programa de Anguita) dice verdades como puños y otros cuantos que conozco también, pero en petit comité porque esta profesión es muy chunga y no perdona ni el fracaso, ni el éxito… esto es…. que ahora que comenta que le da ganas de tirar la toalla en este país…. Tengo muy claro, que terminar, desaparecer o retirarse de depende qué, siempre es un éxito.
Lo digo, con la piel húmeda y salada, con la cabecita sobresaliendo entre las olas, contemplando de lejos, la costa de Salou, aquella ciudad desde donde hice todo (Galas Dinner & Show, Escuela de danza, Hoteles, bolos, eventos, teatro Arnau, TV, parque temático y emigración a Turquía porque todo en el espectáculo, iba a peor; sueldo, respeto y condiciones laborales… pero yo quería ser mejor) un pequeño imperio llamado trabajo, vocacional, tozudo y constante por el que entregué años y energía de joven madurez, sin un solo día de vacaciones ni tiempo para ir a la playa, los 3 últimos años con 6 pastillas diarias para afrontar una depresión sin derecho a baja laboral, pero eso sí; a las 5 clase cada día y en verano a las 8’30, equipaje, maquillaje y música…..furgoneta y al lío y también dejándome 3 cadáveres sentimentales en el camino, puesto que si algo me importaba más que el amor ajeno era el propio para salir adelante, el fruto de la lucha.
Hice lo posible para que la experiencia de mis bailarines fuera segura, emocionante y divertida pero yo no me divertí, pues era esa una mochila de mucho peso, y empezaba a ser ya “gata vieja”, a saber más de lo que desearía y a calar al paisanaje, viéndolas venir.

A veces pongo fotos en mi historia, donde no soy la más guapa, ni la más reinona… ni la más alta ni la más…. son las huellas de un camino que como decía también el señor director de teatro: «dentro de 50 años nadie se acordará de nosotros». Son instantáneas emocionales, como las vuestras y si supierais lo que hay detrás; el amor, el coraje y la determinación en plantar cara a tanto abusador empresarial jugando con el miedo al hambre y perdiendo contratos de 5,7 o 10 personas por ello, quizás no le darías al “me gusta” que sigue sin importarme, pero valoraríais (quien tenga capacidad que siempre es recíproca; elegancia, talento, sensibilidad) si vosotros lo hubierais hecho: “No por un sueño, por una realidad llamada trabajo”, por el “programa, programa, programa”, vital de tu razón de continuar cuando a esa edad todas mis colegas de los 80 ya lo habían dejado y algunas bastante quemadas.
Ahora, lo que yo no dejo, es la ocasión de vivir la normalidad que esta profesión me arrebató, a sabiendas de que el precio era muy alto pero el orgullo, legítimo, también.
Me quedo un rato más viendo el atardecer en la playa….
No es cierto que tengas que sacrificar tu vida para conseguir tu propósito. Solamente dosificar las entregas y renuncias, y sí; decir hasta aquí en este sitio… pues siempre hay un lugar donde no sucede nada para que pueda construir mi reino otra vez, aunque con los años cuesta un poco más, es la desconfianza, los impagos… la soledad en la lejanía, pero nunca la comodidad, pues la balanza te inclina a no perder lo que te importa, lo que amas, tu hogar, por la realización artística.
Hace unos años me ofrecieron ser directora artística de un compañía de 5 barcos. Luego había la posibilidad de co-producir para otra compañía naviera.
Y dije que no, no era el sueldo genial, era la inviabilidad de conciliar vida sentimental, valores éticos hacia los artistas y rendimiento práctico. Era esclavizarse con las mismas estupideces de siempre.
Siempre se puede tirar una toalla si la pelea o el contrincante no vale la pena. Sobre todo cuando has abierto camino, a tantos compañeros… y por supuesto porque tienes todo el derecho a decir “basta, soy mejor que lo que me estás ofreciendo y no me mereces” aunque eso signifique apretarse el cinturón.
En mi caso, prefiero eso a la mendicidad y prostitución profesional, tampoco luché (ni mis compañeros) para llegar a este presente. Pero es lo que hay.
Algunos artistas, no tenemos un título homologado (ni falso que los venden muy bien hechos de países imposibles) para dar clases de supervivencia en el medio, para avisar de los errores de un casting… para «sonsacar» el talento emergente, pero de alguna manera lo hemos hecho y ahí está la prueba.
Además ahora, las toallas, como todo, son más baratas y tampoco sale a cuenta guardar las que hay que tirar por salud mental. A esta conclusión llegué ahora hace un año, en la cama de un hospital creyendo que no saldría.
Viejas glorias y «tontos motivados» según Maite Buenafuente, como que no.
Los polvos de las generaciones que no se han hecho respetar han traído estos lodos.
Eso sí, tampoco voy a ver musicales… me lo paso mejor y me decepciono menos con GOT TALENT AMÉRICA y UK
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